Porqué profundizo en la relación con nuestras madres

Llevo tiempo pensando en cómo expresarme. Me pasa más veces de lo que me gustaría admitir. Llevo un tiempo reflexionando sobre el taller que facilito para mujeres-hijas (es decir, para todas las mujeres del mundo mundial). Es un taller que nació hace tiempo y que ha vivido más cambios que ningún otro. 

Es un encuentro que me pide mucho amor y mucha claridad. A veces me cuesta porque he de conectar con mi niña, mi adolescente, mi adulta y, por su puesto, esta tríada ha de conectar con la mujer que es mi madre. Según mis fases del ciclo el taller se pinta de diversos colores, según cómo esté en ese momento con mi madre y cómo me sienta como hija,  tomo una dirección u otra. No puedo compartir con otras mujeres-hijas si no vibro con lo que digo, hago y callo. 

Creé este taller hace mucho tiempo. La idea simiente fue la de sanar mi relación, mi enfoque hacia la mujer que es mi madre para poder habitar mi cuerpo, vivir mi vida, sin depender de mis aversiones y expectativas hacia lo que ella, en su día, decidió por y para mí. Comprendí que posicionarme en contra de ella no era ubicarme libremente. Ubicarme desde mi libertad era estar donde yo deseaba no donde nuestra historia, sin revisar, determinaba para nosotras. 

La relación con la madre es la relación primaria, la primera relación de amor de nuestra vida. Es la que nos da el mundo y al mundo, sin embargo es la que más duele, la que más puede rompernos y por supuesto, la que puede remendarnos por encima de cualquier cosa. Sé mucho, sin embargo la práctica de amar lo que es, ha sido y es, muchas veces, complicada de gestionar. La relación está viva y por mucho que una crea que “lo tiene superado”, la propia vida muestra que una pasa etapas con ella misma, con su madre y ¡con la vecina!. 

Escribo todo esto porque deseo explicar porqué hago lo que hago, porqué se me ocurre a mí trabajar con las hijas de todas las edades en algo tan profundo e inmenso como la relación con la madre. Sobre este taller siempre hay dudas, miedos, expectativas. Las recojo todas con ternura porque las mujeres que deciden levantarse un sábado y venir a caminar hacia el origen de sus vidas, son unas valientes y así se lo recuerdo en todo momento. Hay que ser muy valiente para mirar a los ojos de tu madre y reconocer la mujer que fue y es. Una ha de tener la capacidad de comprender que aún viniendo de ella, ella es una que viene de otra, y así hasta infinito. Por eso las mujeres valientes deciden bucear en las mujeres de su familia para sacar los tesoros y abandonar el lastre que no les es propio. 

Sí, hay muchos motivos por los que sigo compartiendo este espacio para mujeres. Sigo sintiendo que si no resolvemos el nudo con la madre, las mujeres no podremos habitar nuestro cuerpo (ni nuestra vida) desde el deseo, el goce y la desinhibición. Nuestro cuerpo se gestó en el cuerpo de esa mujer que a su vez se gestó en el de su madre y seguimos, como siempre, en espirales infinitas. Lo que hay impreso en mi cuerpo es su huella de mujer- hija. Si no atiendo a estas señales en mi cuerpo, si no las acojo y doy su espacio (y salida) no me habitaré al completo, habrá puntos negros, agujeros oscuros que amenzarán con engullir mis sueños, mis propias ideas…

Según voy escribiendo siento el calor de mi madre en mí, corre por mis venas. Veo también su expresión cuando no entiende las mil locuras que hago y, también, su gesto cómplice cuando me comprende más de lo que yo hubiera podido imaginar. Mi camino con mi madre es infinito, tenemos días y baches pero ya no me muevo desde los contrarios ni las expectativas, la amo tal y como es porque ella siempre me ha amado sin condiciones aunque a veces no lo pareciera. En los momentos en los que no quedó nadie para caminar, ella estuvo allí, acariciándome el pelo. Una, siempre, por mucho que le duela reconocerlo, va a estar unida a esa mujer y, como mínimo, merece la pena vivir este vínculo desde la paz con una misma. 

Mis palabras se quedan aquí, palpitando sobre la pantalla. Comparto con vosotras la videoconferencia sobre porqué es necesario sanar la relación con nuestras madres. 

http://www.youtube.com/watch?v=CpfC4zB5aZo

“La salud de la mujer es el terreno sobre el que crece toda la humanidad. Mejorar la salud de una mujer fertiliza y aprovisiona el terreno para todos, hombres, mujeres, niños, animales, plantas y el propio planeta. El vínculo madre- hija, en toda su belleza, dolor y complejidad, forma el cimiento mismo del estado de salud de una mujer. Esta relación primordial deja su huella en todas y cada una de nuestras células para toda la vida”
“Madres e hijas” de la Dra. Christiane Northrup

Mi madre cuando no era mi madre. Una joven de 16 años.

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