Me rompí

No. 

No quiero escribir aquí sólo cuando estoy fuerte, ni cuando me siento exultante, ni cuando estoy centrada y pongo al mundo de cara. Tampoco quiero comunicarme con vosotras desde la perfección, como si siempre tuviera soluciones y sonrisas y verdades y coherencias prendidas del pelo. 

Yo quiero mostrar lo que hay dentro de mí para ver si desde aquí todas podemos movernos y conmovernos. Yo quiero hacer de este mundo un lugar más cálido. Yo quiero parir mi deseo y darle vida y verlo crecer. Yo quiero tantas cosas que, a veces, me duele más de lo que pueda soportar.

No es fácil darle la vuelta a todo siempre. Tampoco ser mujer- lombriz es maravilloso. Convertir tanta mierda en abono puede tragarte hacia el mismísimo corazón del hedor. Es duro pintarse sonrisas a cada segundo porque yo, como todas, tengo mucho miedo. 

A veces necesito unos brazos que me acunen, una mirada que me mantenga en pie… A veces necesito saber que el mundo que tanto me empeño en cargar, no es mío ni depende de mí. A veces me pregunto porqué sigo aquí.

Me cuesta escribir desde aquí porque nunca quiero mostrar mi vulnerabilidad. Me construí autosuficiente, yo la misma que habla de la interdependencia de todas y todo…Soy un ovillo de contradicciones, que se pierde entre las pelusas de un día cualquiera.

Me siento rota. Algo se ha roto. 

Lloro.

Me cierro porque de abrirme, los pedazos correrían el riesgo de perderse y después ¿cómo recomponerme? De aquí nacerá alguien nuevo pero ¿sabéis qué? estoy muy cansada de nacer una y otra vez. Estoy agotada. 

No soy una mujer fuerte, tampoco una sabia y mucho menos una iluminada. Soy una mujer que sabe que en esta vida toca vivir. Nada más. Y a veces, este vivir, me enreda el intestino y me anuda el alma. 

Si tan sólo pudiera ver a través de la nebulosa de estos ojos preñados de lágrimas y terror. Si tan sólo pudiera acariciar con la yema de mis dedos lo que hoy os pinta una sonrisa… Pero no puedo. Sólo hay oscuridad. Como oscuridad. Bebo oscuridad. Y en ella, anidan fantasmas, que no sé cómo tratar. 

Así soy también. Otra parte de mí. Una muy mía que merecéis conocer. Cuando vuestra noche llegue, sentid mi compañía. Yo estoy abajo, en la profundidad del pozo, alzando el cuello hacia la mínima luz del cielo. Rota. Como una muñeca antes amada, ahora abandonada en el rincón, junto con las pelusas. 

¿Qué te pasó Erika?

La vida. Eso me pasa. No tengo más respuesta que el aire que infla estos pulmones. 

No estoy feliz. Quema. Algo quema. Todo se cae. El mundo se va cayendo, fuera y dentro. No veo el modo de seguir hilando. No sé por dónde tomar esta madeja. Si pudiera apagar, lo haría pero… toca vivir. Incluso desde la sombra se puede palpitar. Es en la sombra donde el corazón se amplifica en el reflejo pese a hacerse diminuto dentro del propio pecho.

Me rompí.

Eso quería contaros hoy.

Sólo eso.

Nada más.

 

Escucho Duet de Rachael Yamagata

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