Reflexion del día

Abajo del todo, desde lo más profundo del pozo. Desde ahí escribo hoy. Ocurre una vez en el ciclo. Como reflejo de la propia vida yo me adentro en mi invierno. Por supuesto que el invierno en estos días cobra más potencia porque se suma el paisaje de ramas quebradizas de mi mundo interno con el del mundo de allá afuera. 

Me cuesta sobremanera teclear. Me emociono y angustio a la vez. Pero yo confío. Gracias a esta oscuridad tan tan densa puedo sentir a flor de piel aquello que me hace daño, aquello que ya no me vale, aquello en lo que me equivoco. Gracias a este súper poder esta noche caí en la cuenta de que estaba dejando de ser libre. Sí, estaba ocurriendo de una manera muy particular y sutil (como ocurre lo que de verdad importa). Día a día, segundo a segundo mi capacidad de decisión se está evaporando de mis manos a las manos de mi pareja. No porque él me conjure para que así sea, sino porque el miedo a hacer frente a los resultados que derivan de ella me ha vuelto cómoda. Lleva días advirtiéndomelo pero yo no he dejado de gritar y de llorar para evitar darme cuenta de que me estoy transformando en una mujer muy diferente a la que soy. Resulta que uno de los rasgos más fáciles de reconocer en mí es la capacidad para hacer lo que me dé la gana, por encima del “bien” y del “mal” (lo heredé de mi abuela materna), es mi capacidad de ser libre ante mí y ante todxs. Pues bien, ahora que me siento en un lugar cómodo, temo perderlo y por ello entrego mi libertad mi capacidad de decidir y asumir las consecuencias. Temo equivocarme (siempre ha ocurrido) pero ahora este temor me paraliza y me vuelve una marioneta. Tengo la increíble suerte de contar con un hombre a mi lado que se niega a moverme a su antojo por más que le entregue mis tornillos e hilos. Lo que comenzó por un “ayúdame a ver cómo pongo esto” se ha transformado en “dime qué ceno”. Detesto esta sensación pero agradezco haberme dado cuenta. 

Pienso que puede ser esta la causa por la que nunca pido ayuda, porque no conozco el término medio. Con lo que si no lo hago por mí, me dejo hacer por quien me ayude. Es un asunto de equilibrio que como en todo requiere un viaje a los extremos y a las consecuencias que ambas ofrecen (suelen coincidir).

Lo cierto es que no me siento mejor al saber que lo sé pero sin duda es algo. Gracias a mis sombras he visto un atisbo de luz. Para eso están. Ahora toca la acción, el cambio. Porque no me puedo engañar: saberlo es un paso pero no es el camino, para ello toca andar. 

Por hoy me quedo aquí. Jugando con mis muñecas rotas. Mirando la pantalla. Escuchando mil y dos veces la misma canción. Habitando mi Inframundo como su reina y señora. Ya no es el tiempo de las cerezas…

 

Día  26: en mi Hades (premenstrual)

 

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