Reflexionando sobre ayer y los fantasmas de sábanas rotas

Recién me levanto. Ayer fue un día de vértigo. Un millón de dudas se arremolinaban en mi cabeza. Es fácil dedicarte una vida a escribir y a imaginar que algún día publicarás algo tuyo, algo íntegramente tuyo de cabo a rabo. Imaginar para mí siempre es sencillo, ahora la realidad es otro asunto. Antes de dar a conocer al mundo a mi criatura libro estaba realmente nerviosa. Estos días y estas noches he estado sin dormir, sin comer y casi sin reír y ya no sólo por el trabajo que lleva parirlo (co- paririrlo) sino por cómo los fantasmas de la cuna y las burbujeantes expectativas (esas que detesto tener) se han ido congregando a mi alrededor. Aguantarme no ha sido fácil. De verdad que no. En este caso, como soy un tantito cobarde sólo he cargado contra mi persona de máxima confianza: Alex. A él le pido disculpas, de las de verdad de la buena (las otras no las pido nunca). No me atrevo a hacer propósito de enmienda porque sé que cuando creo me meto tan dentro de mí que me transformo en una loca huraña, que sólo ve una luz al túnel y que se obsesiona hasta que la alcanza y entonces se relaja. Pero sí que me atrevo a aprender de esta experiencia, que está siendo diferente a como imaginaba. Estoy muy contenta y satisfecha aunque es cierto que tengo cierto gusto amargo. Creo que éste se debe a haber terminado esta etapa, la de creación. Es un duelo al fin y al cabo. Ahora me toca el período de “crianza” el de acompañar al pequeño por el mundo para que se haga autónomo en las pupilas de quien así lo desee. 

No voy a negar que también tengo una sensación curiosa. No sé describirla aún. Es la que se produce al haberme desnudado íntegramente en cada página (¿pudor?) Hay un capítulo en concreto (el número 4 para las que ya lo tengan) que me inquieta. Cuando escribí este boletín (como me ocurre con todos) lo hice sin pensar. Lo creé desde las entrañas y me autoricé sin tapujos para que viera la luz. Hoy, maquetado con tanta belleza, me conmueve y en cierto modo me incomoda porque hablo de algo de lo que nunca quise hablar y de lo que poco he podido escribir (De hecho es la primera vez que le puse letra): los abusos sexuales vividos en mi niñez (recién escribo esto y me angustio de nuevo). Creo que si ahora lo escribo aquí, que si ahora lo visibilizo más si cabe es porque quiero sentirme a gusto de una vez por todas con todo lo que el libro contiene. De toda la vida funciono así: digo todo lo que siento para no crearme lugares falsos dentro de la mentira (por eso os digo a muchas que no soy honesta por bondad sino por mera necesidad). 

Así pues, para desnudar a este fantasma que tanto me incordia, va este extracto del capítulo cuatro titulado “La fuerza de nuestras cicatrices“:

Cuando era una niña, muy pequeña, hubo un hombre de mi familia que abusó de mí. Durante muchos años viví con un oscuro fantasma, jamás dormí hasta que no se lo conté a mis padres. Esto fue a los 11 años. Imaginaos cuántos años sin dormir, si este hombre fue rompiéndome desde los 2 a los  9 años. Recuerdo la primera noche de haber confesado “mis pecados” (pues me sentía muy culpable) Fue la primera noche en la que dormí del tirón en toda mi vida. A partir de aquella noche la oscuridad se extendió de dentro hacia a fuera. Todo se fue rompiendo. Mi mundo y el mundo de mi familia debía cambiar así que, la ruptura fue el único medio. Mi mayor miedo era que mis padres no me creyeran y, en especial, que siguieran hablando con esta persona. Por este miedo a no ser creída u obligada a vivir en su compañía, tardé tanto tiempo en hablar.
 
[…]
 
Entre todas podemos mecer a nuestras niñas rotas. Es, en el amor incondicional de la manada de mujeres salvajes, donde las heridas pueden ser curadas y las cicatrices expuestas como un triunfo al mal oscuro. Yo soy una mujer fuerte porque me rompí y pedí ayuda. Desde aquí, os apremio a que cada una conecte con esta oscuridad y le de salida, desde la rabia, el amor, el poderío y la vulnerabilidad. Hay conversaciones pendientes con nuestras madres, hermanas, abuelas, hijas, amigas, sobrinas, nietas… Hagámoslas palabra para que vuelen libres y nosotras vivamos ligeras, sin equipajes malolientes y raídos que carcoman nuestros sueños. 

 

 

Ilustración de Gema Rubio

Ahora ya no hay sábana cubriendo al fantasma. Ahora me veis en completa desnudez y así, sólo así, estoy en paz.

Día  8:  fase pre ovulatoria

 

Posted in: