Mis 29 inviernos

Unas horas quedan ya. 29 inviernos. Cierto es que desde que parí el libro me he quedado vacía de palabra. Necesito llenarme de ideas y sobretodo de silencios. Hace un año escribí esto por mi 28 cumpleaños. Hoy escribo con ganas pero sin saber qué es lo que quiero compartir realmente. No pienso en buenos propósitos ni tonterías ya gastadas. Este año paso a una nueva habitación y me está costando. Dejo atrás mis últimos años de adolescencia y el comienzo de mi juventud. Ahora sé y siento que abro una nueva puerta y, aunque me lleve algunos recuerdos como totems, confirmo que el paso es diferente. No es ni mejor ni peor. Es otro.

Este año he podido conocer a fondo a Ikkä, mi alter ego. He vuelto a mi oscuridad natal y he conseguido disfrutar de ella. Soy más dura de lo que aparento y más blandita de lo que quisiera. Estoy preñada de contrastes y ya no me avergüenzo de ello. Me siento más mayor y me gusta. Me cuesta creer que crezco. Mi complejo de Campanilla a lo James Dean no me deja ver que los árboles a mi paso ya miden algunos palmos. 

Descubro que no soy feliz. A ratos sí. A ratos no. Nada permanece. Creo que por fin doy con la clave que me enseña a saber que soy jodidamente humana. Algo que en los primeros años a una se la olvida o que quizás una no se atreve a aceptar. Hoy estoy satisfecha. La felicidad me parece demasiado enorme para amarrarla en un trazo. Lloro. Siempre lloro en mi cumpleaños. Es un día memorable. Es un día cualquiera. Sea como sea hoy hago balance. Y me gusta el resultado… No sé bien si es porque he aprendido a aceptar o porque realmente merece una sonrisa. La cosa es que siento que mi tiempo aquí está siendo fructífero para mí y para alguna y alguno más. No soy una flor de plástico. Mi presencia provoca algo (bueno o malo, eso no importa) y eso da sentido al “pum, pum” de mi pecho.

Como os digo, no estoy muy expresiva. No sé si escribo con claridad. Tengo emociones vacías y sonrisas llenas, contradicciones completas que se columpian en esta enorme luna. Si he encendido el portátil y me he sentado en la cama a escribir es porque quería decir algo, pero no sé lo que es ni cómo hacerlo. Así que supongo que esto es lo que quiero, mostrar mi hueco vital. Respirar por la herida y dejarme bañar por la luz de vuestras pupilas fijas en la pantalla. 

Tengo curiosidad por saber qué será de mí en este camino a la treintena. La cosa es que el día a día (y la noche a noche) me darán la respuesta sin apenas enterarme del todo (como siempre). Me he prometido dedicar todo este año a la escritura. El camino llevo preparándolo desde hace una eternidad y creo que las capacidades ya están lo suficientemente maduras como para poder brotar. Mi oscuridad ya es fértil y mi luz ya es natural. Sí, creo que entro en esta nueva habitación con la certeza de la incertidumbre. Piso fuerte pero con cautela. Muerdo con ganas, asumiendo que voy a perder para ganar. Si lo pienso creo que entro sabiendo que en cualquier momento puedo salir, dejar de jugar. Soy consciente de mi mortalidad. Esto me asusta un poco pero en realidad, lo que hace es provocarme, mostrarme un camino por el que he de andar a MI paso. Pero todo esto no es más que teoría. Tendré que dar espacio y tiempo a la práctica. Así que aquí termino para comenzar.

Abro la puerta y entro. Ya no hay vuelta atrás.

Foto de hoy en Jerez de la Frontera

Día 18:camino a la fase premenstrual

 

 

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