Hoy ¿Qué deseas?

“No se si lo sabes pero como siga a este ritmo voy a petar” Ésta es la cantinela que me tarareo desde que volví de Bilbao el lunes 21 de enero. Y yo me sigo haciendo la sueca. Esta noche me he despertado con un nudo gigante en el pecho a eso de las 3 de la mañana. No sé qué narices pasa a las 3 de la mañana que, desde que se fue la abuela, me despierto a esas horas y me lleno de vacío. Hoy no he podido suspirar y retomar el sueño. Hoy he terminado gimiendo y llorando sin consuelo. Me sentía traicionada por mí y eso me ha asustado. Porque desde que ella se fue yo no he dejado de cuidar a los demás. He estado mimando a mi madre por encima de lo que podría mimarme a mí. En el vacío abismal que deja mi abuela yo me he centrado en ser la fuerte y la que acoja, tal y como ella hacía. Alex lleva teniendo accidentes caseros que le impiden mimarme como necesito así que en casa también cuido. Como estuve 3 semanas sin estar al 100% para vosotras, también me he forzado y esforzado en cuidar el Camino y estar abierta a vosotras. Pero hoy no puedo más y no creo que pueda apretar más la máquina. Hoy me pregunto lo que tantas veces os pido que hagáis vosotras que es:

¿Qué deseo?

y sólo puedo llorar. No sé bien qué deseo. O quizás si lo sepa pero mi mente me dice que no es conveniente. No ahora. Y me enfado porque he vuelto a caer en esa ruleta que disocia mente-deseo, pensamiento-acción. Hoy deseo desaparecer. Deseo que alguien me mime, me haga trenzas en el pelo, que me den un masaje en esta espalda llena de contracturas. Hoy deseo verlo todo con cierta claridad porque camino encorvada, llena de angustia sorda que me empeño en tragar. 

Sé que este post no es uno de esos ses(x)udos a los que os tengo acostumbradas. El silencio no me parecía una manera de mostrarme al desnudo. Me duele la cabeza, me duele el pecho. Estoy enfadada, dolida y tengo miedo. Así que por hoy, por ahora sólo tengo esto que ofrecer: una pedacito de mi angustia hecha palabra a las 5 de la mañana. 

LO IMPOSIBLE EN LA PUNTA DE MIS DEDOS

Me arranco una postilla. Mis dedos se sumergen en la orilla de mi pelo y allí cavan. Buscan y rebuscan una salida o quizás una entrada a mi cerebro. Una escapatoria hacia mis adentros. Pronto la sangre y un suero transparente comienzan a brotar. En otra ocasión será.

Mi garganta te busca. Exactamente no sabe qué es ni cómo se nombra pero siento el cuerpo entero convulsionarse, afanoso, entregado, a la empresa de dar con pedazos de tu recuerdo. Apenas estás pudriéndote allá , al fondo de la fosa, y yo te siento eterna, inalcanzable. Alejada de mí, en mi cuerpo sepultada. Entre mi sangre y mis venas, algún fósil de tus caricias podré encontrar. Eso quiero creer, pero pronto la sangre y un suero transparente comienzan a brotar. En otra ocasión, ¿será?

Lloro. Derramo la desdicha de no licuar tu ausencia. A trompicones, salpico mis pestañas. Mojo la almohada, mientras aúllo enmudecida tu nombre. Me ahogo en mis intrincados y destartalados agujeros negros. Pido ayuda en arrogante silencio. A veces te imagino acariciando mi nostalgia. Tu voz aún no la ha sepultado la hermética lápida de mármol gris. Sigues hablando en mí. Son frases de la infancia, grabadas en mis labios, proyectadas en la parte de atrás de mi cerebro reptiliano. Como un eco psico-afónico retumbas en mis manos, mientras torpes, mis dedos buscan en la orilla de mi pelo una entrada a mi cerebro. Así, pienso, llegaré a cogerte de la mano de nuevo. Si huyo hacia dentro, te encontraré en la cama, hecha un ovillito, sonriéndome. Esperándome. Latiendo. Pero, pronto, la sangre y un suero transparente comienzan a brotar. Ahora, la certeza se clava en mi pecho y sé, sé que otra vez ya no será. 

Día 4: fase menstrual

Tumbada en la yerba. Así quiero estar

 

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