Un claro en el bosque de lo cotidiano

Ni me imaginaba que hoy estaría aquí, escribiendo…

A veces, todas, las palabras vienen y me piden nacer, me mueven y revuelven y yo … me dejo hacer.

Después de comer, he encendido la televisión para ver una película. Esta mañana buscaba películas ” de mujeres” películas que narran desde un sentir único y de las que, de más joven, renegaba. Ha sido una búsqueda difícil. He recordado la película de Barbara Streisand que mi amiga Amparo me recomendó, aquella en la que ella es profesora de literatura… el torrent -no os voy a engañar- tardaba años en bajarse así que he buscado, mientras, otra. He encontrado Steel Magnolias -Magnolias de acero- de 1989 con unas jovencísimas Julia Roberts y Daryl Hannah. En 30 minutos estaba lista y me he tumbado en el sofá con Lola -mi bulldog francés- 

Es un placer sentirme tan conectada a las emociones cuando estoy menstruando. Viendo la película he sentido esa complicidad entre mujeres, esa sensación de estar en relación con personas que te comprenden, que te hacen reír cuando menos quieres y llorar cuando más lo necesitas. Acariciando la barriguita de Lola, distraída con el mando del volumen, me he sentido feliz. Allí en mi sofá, a las 4 de la tarde, sintiéndome plena con todo lo que hay y no hay en mi vida. Son esos momentos de epifanía que, en mi menstruación, ocurren más veces de lo imaginado. Podría inquietarme pensando en que algunas mujeres y muchos hombres pueden no comprender de lo que hablo… sin embargo ahora, hoy, no me ocupa. 

Sentirme plena en mi cuerpo es algo que no me ocurre cada día. Algo que jamás pensé que ocurriría. Y algo que no he de justificar. Cuando menstruo no me preocupo de nada. Apenas sí me ocupo. Es el trato que me insto a respetar cada ciclo. Éste me ha costado porque estaba fuera de mí, lejos de esta calma profunda. Ahora, mientras tecleo, me paro, respiro, siento. Mi útero palpita suave si me dejo llevar, en cambio si me obceco comienza a agitares y duele. Me rindo. Aprendo a ser humilde y confiada con la vida. Al fin y al cabo ella es la que me rodea y atraviesa… y si me dejo, puedo saborearla en toda su intensidad.

Me siento feliz. Quería compartirlo con vosotras desde éste, mi cuarto propio. 

Vuelvo a mi cueva a comer fresas con azúcar moreno y ver Pride and Prejudice.

día 2: fase menstrual

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