Día 8 de marzo: El día de la mujer menstruante

Hoy se supone que todas las mujeres 10 hemos de decir algo. Todas las gururesas del coño hemos de articular palabra, formar discurso y prender la bandera.

Pues ni soy una de esas mujeres 10 (a veces soy 11 y otras 3,5) ni soy una gurú liberadora (ni otro tipo de gurú). El día 8 de marzo nunca sé qué decir ni qué hacer. No me siento ni un poquito feliz. No miento si digo que lo que tengo es muchas ganas de guerra, de aullar y mostrar que todo esto (para mí) es un día usurpado. Un día de esos de poner en el calendario para que “las fieras no salten”. Que como feminista yo reivindico este día por su origen histórico pero que como Erika Irusta Rodríguez, hija de su madre,de su padre y de la sacro santa cultura Patriarcalcapitalista, no me sale irme de merendola con las amigas y ponerme una chapita en la solapa. Es cierto que tampoco soy mujer de eventos ni de galas, soy una rancia ratilla de biblioteca, pero que bueno que aún teniendo ganas de juerga (que las tengo) el cuerpo me pide mostrar mis vergüenzas. Evidenciar que vivimos situaciones vejatorias asumidas por nuestra alienación como “normales” y que a esta normalidad le ponemos el cartelito de “feminidad”. Una de estas situaciones es la de vivir la menstruación como algo más, un trámite biológico más que hace que pueda irme a montar a caballo “esos días del mes” ¿Quién narices desea montar a caballo el primer día de regla, enfundada en unos ceñidísimos pantalones blancos? ¿Quién quiere levantarse después de esas contracciones intensas, ponerse los vaqueros e irse a trabajar? Las que lo hemos hecho durante años (lo del caballo, no) lo hemos hecho con ese orgullo de sufridoras que heredamos de nuestras abuelas (“jodida pero contenta”) Disimulando nuestra diferencia hemos creído demostrar que somos igual o más válidas que ellos. En esta competición estúpida en la que siempre salimos perdiendo (en su orden nosotras seremos siempre de segunda) nos hemos liado y condenado.

Yo reivindico tomar un descanso (o dos o tres o cuatro) cuando nuestro cuerpo (nosotras) lo pida. Apoyarnos entre nosotras y reformular el calendario y sus horarios. No descansamos porque estemos enfermas (la menstruación es síntoma de salud) sino porque nuestro cuerpo así lo dicta. Nosotras si descuidamos el descanso en esta fase estamos atentando contra nuestra salud física, emocional y mental. Esto que muchas reclamamos no es una utopía, en la China Popular por ley se marcaban 2 días de descanso para cada mujer en cada ciclo. Hasta los años 80 ha estado vigente, con la llegada del capitalismo esto ya ha cambiado. No podemos hablar de acabar con el patriarcado si seguimos sacrificando nuestro cuerpo cíclico. El sistema laboral nos pide que anulemos nuestros ciclos sexuales (ciclo menstrual- menopausia y maternidad) para que nos entreguemos a la producción de bienes y servicios. Por supuesto también nos pide que no enfermemos y que mantengamos hábitos saludables. Esto es un chiste. Peor aún, una broma macabra. Si no cuidamos y atendemos nuestras necesidades físicas, emocionales y mentales acabamos como estamos ahora con un alarmante índice de endometriosis, ovarios poliquísticos, miomas, depresiones, desórdenes alimenticios y un enorme etcétera que muchas, posiblemente, estemos viviendo ya desde hace tiempo. Se lo crean o no la salud de una mujer (de un cuerpo de mujer) comienza por el equilibrio hormonal de su ciclo ovulatorio/ menstrual. Es un equilibrio muy sensible y requiere del autoconocimiento y del autorespeto para poder mantenerse.

Pues ¡qué quieren que les diga mis señoras! Yo no le veo motivo de celebración eso de tener pseudo derechos laborales igualitarios (que no los tenemos) porque yo quiero que hagamos respetar nuestra diferencia. Yo sangro mínimo una vez al mes. Yo tengo subidones y bajones hormonales que permiten que sea todo lo creativa, productiva y cabal que soy. Pero, es más, gracias a que nosotras sangramos (y ovulamos) existen las personas. Nuestra sangre es vida y si esto no lo reconocemos, visibilizamos, reivindicamos y practicamos con coherencia nos quedamos igual, yendo a currar el día 8 de marzo mientras tu cuerpo te pide sofá, mantita y caldo.

La liberación no va de ponerse un tóxico tampón, atiborrarse a pastillas y ponerse a producir sin parar. La liberación pasa por la autocrítica, la curiosidad y el compromiso de acción, primero con una misma, y con las demás. Vivimos en un mundo diseñado sin nosotras, sobre nosotras y contra nosotras, es nuestra acción-reflexión la que permitirá el giro de tuerca. Conozcámonos con placer y urgencia. Está en nuestra mano. Es asequible. Es una acción de diario. Excusas hay muchas ahora entre todas decidimos dar el paso. Ahora nosotras decimos alto y claro:

Pic: Mi primer meme

Nota: El artículo se titula “Día 8 de marzo: el día de la mujer menstruante” señalando así la obviedad de que como mujer (biomujer) una menstrúa al igual que como mujer una trabaja. Remarco así el absurdo de celebrar el día de la Mujer Trabajadora, como si hubiera mujeres que no trabajasen (nunca conocí a ninguna)

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