Cómo es eso de no ser madre (para quien ha querido serlo)

Empieza la semana- maratón del día del Corte Inglés para mujeres o el edulcorado Día de la Madre. Esta efeméride ocurre en mayo porque mayo es el mes de las flores y el de la Virgen María. El origen original (que no el robado) es Beltane, fiesta pagana en la que las orgías y los ritos de amantes (con su Palo de Mayo) fertilizaban la tierra. Las flores son símbolo de fertilidad, así que virgen…virgen… pues no mucho. Peeeero hoy no voy por aquí, aunque estoy con un tremendo subidón de hormonas que puede hacer que empiece hablando del tema de hoy y acabe babeando por Tony Krupicka (Que quién es???? ve a Google ya!).

Lo dicho. Hoy quiero escribir sobre un tema que una de vosotras me pidió hace tiempo:

Cómo se lleva el no poder tener hijxs

Primero de todo yo no sé si yo o mi compañero podemos tener hijxs biológicos. Hace más de 4 años me quedé embarazada tras un tremendo deseo de ser madre. Un mes después de decidirlo el Clear Blue (no fue el Predictor como en las canciones) dio positivo. Recuerdo que en mi vida había tenido tanto miedo. Eso de que los deseos se hagan realidad se gestiona raro. Bueno, la cuestión es que casi 3 días después estaba retorciéndome de dolor en la cama y sangrando. La historia, como sabéis, acabó en un aborto espontáneo. Desde ahí hasta pasados casi 2 años mi vida fue un infierno. Un infierno que fui gestionando como supe, es decir disimulando. Fue doloroso por muchos motivos pero especialmente porque no volvía a quedarme embarazada. El asunto es que probé de todo. A mi compañero no le dejé probar casi nada porque estaba segura de que el problema era mío (típica conducta de creerse una misma defectuosa). Fui a terapias energéticas, cambié la alimentación, medité, tomé Flores de Bach, homeopatía,busqué resolver mi nudo con mi madre, creé el camino rubí para ver si entendía lo que me pasaba, investigué y el bebé no llegaba. Durante todo este proceso Alex me decía que era importante que él pudiera hacerse pruebas, que pensaba que lo estaba enfocando mal, que yo no era el problema, si es que había problema, cosa que él no veía. Fuimos a médicos y todos me miraban con carita jocosa y me decían: ay cielo! si eres muy joven. Quítate el estrés y listo. Yo me cabreaba muchísimo porque mi edad  era “motivo para no preocuparse” (A lo que una piensa: si con 25 años tengo problemas de quedarme preñada, es para preocuparse de verdad, no?) Y claro está el estrés es como un chubasquero, entras a casa y te lo quitas!. Recibía mensajes bienintencionados de mujeres diciéndome que ellas sí que estaban mal porque tenían 48 años y que a mí, por entonces, me quedaba mucho. La verdad es que más que un mal de muchas era un consuelo que no me daba espacio para reflexionar ni actuar desde mí misma, sino por la odiosa comparación. 

Mientras ocurría todo esto, mis amigas y familiares se iban preñando. Con la anunciación (así de mesiánico) de mi sobrino decidí hacerme las malditas pruebas. Le dije a Alex: Quiero que nos hagamos pruebas, porque algo no funciona en nosotros (aquí ya di un paso). Alex tuvo que hacerse una inofensiva paja y a mí me sacaron sangre. Ambos resultados pasaron la prueba. Yo, convencida de que lo mío se debía a que al nacer yo mi madre perdió el útero y que en mi inconsciente yo no quería ser madre por miedo a perderlo también (movidas mentales que una con alma de terapeuta le da por recrear en sus horas más bajas), pregunté: Hemos de hacer algo más? y la ginecóloga de bucles dorados me dijo: Sí, Erika has de hacerte una ecografía y una histerosalpingografía. A la primera dije que perfecto y todo salió genial, pero a la segunda prueba, le puse mis peros. Sabía que la prueba era dolorosa, por ello el calmante y sabía que podía derivar en una infección, por ello los antibióticos como prevención. Mi cara se descompuso y la enfermera, una mujer mayor y rolliza que nos miraba con cara de pena, nos dijo: Cielo, una vez superado esto ya podéis pasar a lista de espera- ¿Lista de espera?- Sí, para el tratamiento de fertilidad -Ya, pero nosotros sólo queríamos pruebas para conocer nuestro estado de salud no que nos tratasen- La cara de ambas fue un poema. La enfermera nos dijo con urgencia: os puedo apuntar ya, porque tarda más de un año y así ya vais adelantados. Yo seguía knockeada y Alex ahí fue el sabio. Él aclaró que no queríamos hacerlo así y cuestionó que fuera sano que me hiciera la prueba de las trompas de falopio si para comprobar mi buen estado tenía que correr el riesgo de enfermarme. A la salida fui posando mis pies en la tierra y, como si fuera un globo, me fui deshinchando. Rotundamente, me negaba  a hacerme la histerosalpingografía. Me negaba a ser tratada y con ello, hormonada como un pollo. Por mi trabajo como doula sabía lo doloroso y, a veces, humillante, que había resultado para muchas mujeres el someterse a tales pruebas. Sabía cómo se quedaba el cuerpo de abatido y no, no pensaba hacer nada de eso para ser madre de manera biológica. Se lo expuse a Alex y suspiró aliviado. 

Las pruebas y tratamientos de la medicina alopática no me convencieron. Así que fui a la MTC (Medicina Tradicional China). Estuve semanas y semanas en tratamiento. En sí el médico acordó que yo no tenía nada, que era como mucho un a mujer con el vientre frío por ser muy intelectual (en efecto querido Watson) y que necesitaba calor en “la zona”. Al final, nada. Nada porque no seguí y porque bien planteado, por aquel entonces, yo no quería ser madre. Al principio cuando pensé que quizás yo no quería ser madre sentí que debía ser porque sino consigo lo que quiero me encabrono y me niego a poner más voluntad. Revisé esta costumbre mía tan “caprichosa” y en un momento de sensatez brutal con mi ombligo afirmé que: no quería ser madre. Que la maternidad como yo la entendía (más a lo John Lennon con Sean, dejando la carrera para dedicarme al 100% de disfrutar de mi cachorro) no la podía tener porque yo aún tenía que conquistar mi mundo. A mí me quedaba mucho por hacer como mujer y realmente, tras acompañar a varias mujeres a convertirse en madre, sé que es recomendable sentirse completa para dar espacio a otro ser. No quería ni quiero ser madre desde la carencia. No quiero que nadie rellene mi agujero emocional. Unx hijx no puede y es muy cruel traerlos al mundo para ver si ellxs nos llenan.

Dí otro paso más, no sólo acepté que por ahora no quería ser madre sino que acepté no poder ser madre biológica. Esto dolió más. Es cierto que no hay pruebas que digan lo contrario pero he hecho un trabajo profundo de aceptación. Es posible que no me quede embarazada. Jodió en su momento pero es una realidad si nos atenemos a la experiencia (ciencia). Sé que alguna querrá abrazarme y decirme a media voz: cielo, eso no lo sabes. Pero en serio, lo asumo y vivo mejor así. Creo que de todas las historias que he hecho ninguna me ha beneficiado tanto como la aceptación, que viene por el cuestionamiento y crítica de lo que nos ofrecieron. Yo no quiero ahogarme en los tratamientos hormonales ni en los de las dietas macrobióticas. No era feliz así. No disfrutaba nada. Mi relación con Alex era mecánica, insípida y con un regustillo utilitarista demoledor. En ocasiones pensaba en todo lo que odiaba a ese bebé, en todo lo que teníamos que pasar para que decidiera venir. Y luego, claro está, me sentía culpable por pensar eso de él y creía que si no le pedía perdón con razón no iba a venir. Como veis es un asunto de locos que conduce a un bucle de locura y absurdo. Para cualqu
iera de vosotras que haya vivido o esté viviendo esto sabe que es una angustia sostenida en el tiempo. Yo dejé de acompañar partos y crianzas. No podía seguir más tiempo acompañando lo que me era prohibido. Me sentí imbécil por ello pero fue la solución mas liberadora que tomé porque me dio otra perspectiva. 

Hace unos días, ni una semana, le dije a Alex que seguía sin querer ser madre por ahora pero que dentro de un tiempo (2- 3 años) me gustaría ser madre. Pero no de manera biológica. Pues mi deseo entonces pasaba más por estar embarazada que no por ser madre (gran diferencia ésta!). Ahora, por primera vez, me he planteado la maternidad como crianza y no como fase bucólica e irreal de preñez, con lo que deseo algún día ser madre sin tener porqué haber un nexo biológico. Sí, me gustaría acoger a una criatura que quiera una madre porque yo querré unx hijx. No me importa dónde nazca. Me duele que su madre biológica no pueda/ quiera criarlo pero sé que estaré ahí para el/ellx si llega el momento. Si se trata de ser madre la biología poco tiene que decirme. Y lo digo convencida hasta el tuétano porque en mi vida he amado tanto a una persona como amo a Bruna, mi ahijada, que si no fuera porque tiene una madre y un padre espectaculares, me la traía a casa para el resto de nuestras vidas. 

Que ¿Cómo llevo esto de no poder tener hijxs?

Pues bien, muy bien.  Vivo con mis historias mentales, mis agobios, mis elucubraciones, me ocupo de mí, de Alex, de Lola y Taisen, de mi familia, salgo de bares, me escapo de fiesta, voy a presentaciones, escribo,  viajo por la península, cruzo el charco… Hago muchas cosas que necesito hacer y sentir para ser cómo quiero ser. No envidio a mis amigas que son madres ni un poquito. Las admiro, eso sí. Me ha supuesto todo un trabajo y andar un camino oscuro pero en mi vida he aprendido tanto da mí, de Alex, de las mujeres y del mundo. Sin este caminar no habría nacido El Camino Rubí, ni habría conocido el feminismo, ni tendría esta relación tan intensa con mi madre, ni habría cambiado mi enfoque hacía mi propio cuerpo. Lo único que me pesa de no haber sido madre aquella vez es que la abuela no haya podido acompañarme en este proceso. Por lo demás me alegro y celebro no ser madre ahora y si no puedo (quiero) serlo nunca, saber que mi vida es mucho más que todo eso. Es fundamental aceptar lo que se nos da y lo que no. Hay cosas que no puedo controlar y la vida humana es una de ellas. Sí, ha sido un aterrizaje a la realidad pero soy feliz así. Al menos estoy completa.

Podéis leer más aquellas aventuras con la maternidad en el blog almadedoula y en el libro.


Día 12: ovulando

 

De Nidi Chanani

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