Tomboy: más allá del binomio

El miércoles vi Tomboy de Céline Sciamma (podéis verla en Filmin). Junto con Fake Orgasm de Jo Sol han sido dos películas que me han hecho cuestionarme profundamente. No repetiré que siempre me estoy cuestionando porque ya lo sabéis. Pero sin duda poder acceder a conocer cómo otras personas se viven en su cuerpo me hace salir del mío y de lo que creo que es éste. Todxs valoramos el mundo con nosotrxs en el centro. Tenemos la creencia de que todo ha de ser como es en nosotrxs. Esto no es malo. Tampoco bueno. Es una tendencia mamífera humana. Partimos de nuestro cuerpo y damos a todos los cuerpos el valor que tenemos del nuestro. La cuestión que permite evolucionar es viajar de nuestro cuerpo a otros cuerpos. Sí, como lo leéis. No es tanto turismo corporal como apertura y permeabilidad a otras realidades. Para ello es imprescindible reconocer que no somos el centro del cosmos y que lo que ocurre a nuestro alrededor nos traspasa, expande o contrae pero no se origina en nosotrxs (o no únicamente). Se trata de aprender a pensar. Algo que damos por supuesto que sabemos hacer pero que no es cierto. No sabemos pensar. Podríamos aprender a derribar conceptos, dinamitar muros de creencias y movernos entre los solares que dejan los prejuicios abatidos. Éste es el punto de partida de mi reflexión de hoy pero no es donde voy a quedarme. 

Si nos arriesgásemos a elaborar pensamiento creativo podríamos dar oxigeno a las creencias que tenemos en torno a la identidad. Tomboy me hace pensar en esto. No entraré en si es la historia de una niña lesbiana o de una niña trans. Lo que busco es pensar sobre la palabra niña y lo que esta identidad marca. Os confieso que aún no tengo las palabras que me hagan agarrar la certeza que se cruza por mi mente y me deja con cara de éxtasis. Pero sí tengo la sensación prístina de saber que nuestra cultura estrangula las libertades desde el primer instante en que nos identificamos como niña- mujer. En un post anterior os hablaba de que cada vez pienso más que ser mujer (niña) es una construcción social (lo mismo pienso en relación a los hombres). Lo que percibo más allá de las imágenes es que para ser unx mismx siempre recurrimos al binomio mujer- hombre aunque éste sea del mismo que queremos salir. Lx protagonistx (que me niego a identificar como niña o niño) viaja de su cuerpo social femenino a otro cuerpo social que va perfilando por sí mismx. Este cuerpo de destino que construye es una aproximación a lo que por cultura se entiende que es un cuerpo masculino: pantalones cortos, camisetas anchas de tirantes, pelo corto, actitud pasota… Lo que me sorprende, es este y otros ejemplos, es que se afirma la migración corporal entre géneros validando los mismos géneros puestos en cuestión. Esto es que lejos de llevar faldita con tutú y sentarse a ver jugar a los chicos, lleva pantalones cortos y escupe al suelo mientras juega al fútbol. Por haber nacido con cuerpo femenino no ha de ser mujer. Cierto. Pero viajar a otro cuerpo social e incluso viajar algún día a otro cuerpo biológico ha de ser algo más que emular los tópicos de género masculino. Tanto si estuviésemos hablando de un caso de una persona transexual o de persona transgénero (que no es el caso de lx protagonistx pues es difuso) creo que hemos de poder cuestionar el sexo o género de llegada como hemos hecho con el sexo o género de partida. Ya que en algunas prácticas ocurre que se reproducen los roles de género que se han puesto previamente en cuestión. Así que puedes encontrarte migrando al género masculino convirtiéndote en un hombre que no deja de hacer alusiones a su falo, que es chulo, desafiante y dominador. Pero ¿los biohombres son así? Muchos hombres (hablo de aquellos nacen en cuerpo masculino y se construyen socialmente con el género masculino) de mi entorno no se comportan así ni se identifican con esta construcción de hombre. Entonces ¿Por qué en la migración de géneros lo seguimos reproduciendo? ¿Por qué cuando se migra al género o sexo femenino se utilizan tacones y largas melenas si muchas nacidas y creadas mujeres no somos así?

Muchas veces reflexiono sobre qué concepto tenemos de ser mujer. Muchas viajamos al masculino para autoafirmanos porque en realidad nuestra idea sobre ser mujer es la de la sumisa, borrega, mansa, torpe, víctima, dulce, mona, cuca, santa, aburrida, …. Se revaloriza la testosterona por hormona masculina mientras que seguimos desconociendo e ignorando la potencia de las hormonas femeninas como los estrógenos y la progesterona. En la crítica de los géneros, creo, seguimos teniendo un favorito: el masculino. Siento que sigue vigente, aún de manera inconfesable, la creencia patriarcal de que es mejor la vida y cuerpo de hombre por hombre que la de mujer. Por una parte tiene sentido pues la vida del hombre en el sistema patriarcal cuenta con una serie de privilegios (innegable) pero en cuento a fisiología me parece que lo que tenemos es una idea contaminada sobre las potencias del cuerpo femenino. 

Cada vez tengo más claro que menstruar no nos hace mujeres. Sí, es una función de nuestro cuerpo femenino pero el concepto mujer atiende más a cargas y creaciones culturales que a biología. Lo que nos hace es ser personas con unos ciclos hormonales concretos. Tales ciclos hemos de conocerlos para darnos cuenta de las potencias que tenemos y poder así, reconciliarnos con el cuerpo femenino. Estoy cansada de entrever la pasión por las hormonas masculinas cuando las femeninas son tan increíbles. Me parece curioso cómo hemos llegado a competir en el terreno hormonal y cómo hemos ido fraguando la idea de que las hormonas masculinas tienen más potencia. La potencia reside en lo que la cultura exalta más o menos. Sobre nuestras fisionomía poco se sabe y de lo que  se ha sabido en esta cultura occidental siempre ha sido comparando con la supremacía masculina creada desde el patriarcado. Ojo, que no digo que nadie se chute testosterona, digo que es importante conocer el cuerpo femenino desde un enfoque amplio y que permita la (auto) crítica. 

Vale ¿Que qué tiene esto que ver con la película? Pues tiene que ver en tanto que siempre estamos criticando al binomio mujer- hombre y que, parece, que no podemos salir de él. Imaginaba, viendo la película, cómo sería la vida de lx protagonistx si viviera en un planeta en el que nacer en cuerpo femenino o masculino no supusiera una escisión. Aquel en el que pudiera moverse y sentirse como le apeteciera, sentir su fuerza y su potencia sin emular roles. Esto es que escupir en el suelo no fuera asunto de unos u otras, si no las ganas de tener la boca lo menos pastosa posible (que es el motivo principal de escupir). Que pudiera definirse como persona femenina por nacer en un cuerpo femenino pero que esta primera definición no diera por supuesto su identidad. Quizás migrar de género acá no tendría mucho sentido porque no habría un destino ni un origen limitador. Quizás migrar de sexo sería diferente porque su fisionomía no
delimitaría sus relaciones con el mundo … No sé. Sólo imagino. 

La cuestión que me encogía el corazón era ver que no hay escapatoria, no pensando en términos binomiales. Teniendo que limitarnos siempre a ser mujeres de una manera determinada o bien migrando a conceptos masculinos ya prefabricados (fuerza, poder). De nuevo me remito al primer párrafo en el que os animaba a pensar fuera de la caja (out of the box lo llaman). A dejar de lado la comodidad de creer que las mujeres nos parecemos entre nosotras por compartir hormonas. Quizás nos parecemos más por compartir cultura y con ello creencias. Lo mismo ocurre con respecto al masculino. Ser hombre no va de camisetas quitadas y peleas. Sí, aún sigo estando en pañales en esto de buscar alternativas al binomio. La clave reside en dejar de pensar en clave binomial o al menos trascender este modo de pensar. Aprender a pensar de otro modo.

Como anécdota os diré que, aquellas que respondisteis a mi pregunta del muro de FB donde preguntaba si era a la única que se le quedaba cara de boba al ver a niñas de 6 años en bikini, en la película Laure (lx protagonistx) corta su bañador de niña para dejarlo en forma de calzón de niño e ir con el pecho descubierto a nadar. Este ir sin bañador ni bikini le da la clave (junto a un cachito de plastilina …ved la peeeeli) para ser un niño. Es curioso como una parte de arriba de bañador define tanto nuestra identidad. Me hizo recordar mis 9 años en la piscina rogando a mi madre una parte de arriba para mi braguita porque me sentía menos niña que las demás. Ella me dijo que no, que ser niña no era llevar bikini ni pintarse la uñas ni ir de rosa. “Ser niña es algo más, como ser niño. Es un cuerpo, tu cuerpo. Tú eres Erika y punto”. Y sí, yo soy yo y creo que ahí reside una de las llaves maestras. Se trata de conocer y cultivar la originalidad de cada persona en su propio cuerpo pero eso sí ¿Cómo hacerlo con la necesidad de ser amada por el grupo y las condiciones que pone el grupo para amarte? Esto, señoras, vendrá en otro capítulo 😉

Día 7: fase preovulatoria

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