El cuento del conflicto con la feminidad.

“Tus problemas con la menstruación vienen porque tienes un conflicto con tu ser mujer

“Tu enfermedad vulvar/ vaginal/ uterina/ de mama tiene como origen un conflicto con tu feminidad

“Todos estos problemas, enfermedades y alteraciones se solucionan aceptando tu feminidad pero para ello la terapia X durante Y tiempo será tu mejor aliada”

Que levante la mano la que no haya leído, oído e incluso recibido tales mensajes. Que vuelva a levantar la mano la que no se haya dicho “¡coño! pues será verdad!”. Que levante la mano la que ha ido dispuesta, con las bragas bien puestas y el casco bien ajustado, a bucear en su feminidad y se haya topado con un ¿feminidad? esto… pero ¿qué feminidad?”. Pues sí, somos muchas, un montón. Yo también estuve ahí y estuve en calidad de paciente-cliente y en calidad de incipiente profesional. Como doula (especialmente) nunca le dije a ninguna mujer “oye, te cuesta dilatar porque tienes un problema con tu feminidad” (esta frase la podéis usar para todo aquello conflictivo en una mujer y quedas como una persona muy sabia, muy sabia) pero en mi foro interno, tal y como había aprendido, sospechaba que algún conflicto debía tener con aquello “propio de las mujeres”. Ahora, lo pienso y me pongo roja de la vergüenza por haberme quedado ahí, tan pichi, creyendo que existía el factor único “conflicto con la feminidad” y que éste explicaba todas las importantes enfermedades y frustraciones de las mujeres. Así que, antes de seguir, si hay alguna afectada de la época, entono el mea culpa más humilde que sé.

Sigo.

Diariamente me escribís con consultas y preguntas tan personales que no puedo daros una respuesta única a todas las que sois por cuestiones de tiempo y calidad en las respuestas (muchas lo sabéis porque mi respuesta de email lo explica así) pero siempre os digo que me lo llevaré al blog para poder reflexionar en abierto. Hoy reflexiono sobre la  frase: “padezco X y mi terapeuta me dice que es porque tengo un conflicto con mi feminidad”. Después de tanto leer, investigar, escuchar, cuestionar y desmontar para montar de nuevo afirmo que esta frase es un fácil comodín que muestra la falta de conocimiento en materia biopsicosocial de cualquier profesional que trabaje con, por y para mujeres.

Me explico:

1. No hay ninguna duda y no hay nada mágico en afirmar que somos un sistema abierto y que todo lo que acontece en nuestro exterior nos afecta a nivel físico, psíquico y emocional (además de que lo que ocurre en nuestro interior incide en el entorno y en nuestra percepción de éste). Y que estos niveles están interrelacionados entre sí. Lo físico toca lo psíquico pero también lo emocional deja huella en el plano físico. No estamos divididas en 3 planos ni somos pedacitos independientes. Para comprender de manera intelectual necesitamos dividir el cuerpo en categorías pero en la realidad material esto no es así. Con lo que, sin duda, las emociones que nos provoque una situación X afectarán en nuestro físico. Un buen ejemplo de esto es la ausencia de ciclo menstrual cuando nuestra madre acaba de morir. 

Esto significa que por supuesto cualquier situación de estrés sufrido cualquier situación de máxima alegría vivida deja su huella en nuestro cuerpo y activa un mecanismo de respuesta. Con lo que ser mujer en una situación de estrés puede preparar nuestro cuerpo para padecer ciertas enfermedades debido a un sistema inmune deprimido pero únicamente es un factor de los cientos que llevan a padecer una enfermedad o desajuste. 

 2. Feminidad ¿Qué narices es la feminidad? (puedes ver el video aquí)

Si tú le preguntas a unx de estxs terapeutas te soltarán bonitas frases como:

“La feminidad es la capacidad de las mujeres de amar, de darse completamente, de nutrir, de acoger. La feminidad es el amor universal y las mujeres son sus guardianas” entre otras descripciones que van por el mismo camino.

Bien ¿Realmente la feminidad es amar incondicionalmente? ¿Es cierto que las cualidades de mujer son las de nutrir y darse completamente? ¿De verdad que vamos a mantener esta visión sesgada y limitante sobre qué es la feminidad? Por supuesto que nutrir es una cualidad brutal y acoger y mimar y dar pero no es lo que compone a una mujer ni “al lado femenino de ésta” (para aquellas culturas en las que siguen los patrones de lado femenino y masculino). La feminidad no tiene una definición y menos una universal. Cada mujer ha de destruir la que conserva y crear aquella que, en ese momento de su vida, la defina y le ayude a sentirse plena en su pellejo. 

Cuando un terapeuta hombre me dice que tengo un conflcto con mi sentir femenino no sé si reír o llorar. Pienso en él y en sus clases con el gurú de turno que aprendió de otro gurú y que jamás en la vida les dio por revisar su trabajo desde una perspectiva de género cuestionando, por ejemplo, el por qué los hombres (terapeutas, curas, maestros y demás) han de decirle a las mujeres lo que han de ser para mejorar como mujeres. Sin base científica en la que ambxs podamos contrastar e investigar (él por su trabajo y yo por elcompromiso con mi salud) he de aceptar lo que me dice porque lo leyó o aprendió de su maestro que aprendió de las escrituras de no sé quién señor milenario. Además ¿Qué concepto de feminidad se tenía en la India del 2 mil a.c? ¿Es extrapolable este concepto a la mujer occidental del siglo XXI? y lo más interesante ¿Los problemas de salud de los hombres se resuelven con este simpático comodín?

 3. ¿Alguien escuchó a un terapeuta decirle a un hombre que su problema de eyaculación precoz se origina en su conflicto con ser hombre? Y no es porque los hombres no tengan conflictos con su masculinidad (¿Qué es la m
asculindad? ¿Cómo la definen?) pero claro, ante un problema o una enfermedad de hombres nadie se queda ahí, con la frasecilla rebotando en la cabeza y visitando mil consultas para ver si puede hacer algo con ello. De hecho, es muy posible que a algunos hombres (y mujeres) esta frase les suene ridícula, como fuera de lugar, en plan: “tío, te han timado”. Es curioso lo que nosotras aceptamos que nos digan y lo ridículo que nos parece decirle esto a un hombre. Quizás esta comparación de situaciones (lo que es un trato profesional para mí ha de resultarme profesional para un hombre y viceversa) nos puede ayudar a darnos cuenta sobre cuándo no nos prestan la atención que merecemos.

 4. Hablar de la feminidad es mantener la idea limitadora y estéril de que existe una única manera de ser mujer. Cuando unx profesional te señala tu “conflicto con lo femenino” te está enseñando que hay un femenino al que aspirar. Por supuesto esta feminidad pura (100% de calidad) tiene unas directrices creadas por el maestro tal o la prima de éste. De nuevo tú y tu sentir como mujer queda invalidada porque no llega a ese estándar y, por supuesto, otro tipo de cuerpos y sentires femeninos serían considerados perversiones de la norma. Lo bueno de esto es que tal profesional podrá citarnos muchas veces y cobrar muchas consultas y material para que por fin podamos ser la mujer reconciliada con su feminidad que deberíamos ser. Ahora, igual el mioma no se te cura pero seguramente será porque “no te  estás haciendo responsable del proceso” o porque guardas mucha rabia hacia aquel padre abusador de tu infancia (al cual, por supuesto has de amar y perdonar). 

5. Sí, ser mujer en esta sociedad es un factor importante a considerar a la hora de valorar las variables que pueden deprimir nuestro sistema. Por supuesto que sentirse ajena, vulnerable, loca, falible, inadecuada, infravalorada en un mundo creado por y para un tipo de hombre (no para todos y sin duda para ninguna de nosotras) afecta a nivel biospicosocial a todas las mujeres. Cada una lo manifestaremos de una u otra manera, desde los diferentes niveles en los que estudiamos nuestro cuerpo. Sin duda la cultura deja una huella y crea surcos en nuestra piel que nos hace vivirnos y entendernos de X maneras más o menos perjudiciales. Y esto es lo que, desde las diferentes familias del feminismo, llevamos años investigando, tratando, denunciando, reformulando y demás acciones y reflexiones. 

Si unx de estxs terapeutas, en lugar de aseverar desde su sofá de piel vegana que “sufres X por tu relación con la feminidad” nos dijese: “de entre las variables para padecer X una de ellas, nada desdeñable y que es importante que investigues sobre ella, es el papel de ser el segundo sexo en esta sociedad. Esto, aunque no lo creas, te afecta en tanto cómo tu madre te ha educado con respecto a tu cuerpo a cómo has aprendido de las mujeres de tu entorno a vivirte de X manera. Que tu padre no te dejara salir de noche y a tu hermano sí puede hacerte sentir insegura con tu sexualidad. Es normal porque vuestro deseo ha sido mutilado y…” todo sería diferente. Primero porque no nos iríamos a casa sintiéndonos culpables por no ser lo femenina que se supone que se ha de ser, ya que nadie ha nombrado la mágica palabra “feminidad”. Segundo porque han reconocido una realidad que pocas veces se visibiliza. Y tercero porque tendríamos pistas para rascar la herida de qué supone ser mujer en este sistema.

Pero aun así esto no puede ser todo. Porque la historia está en que las enfermedades de las mujeres han de tomarse por una santa vez en serio. Y es aquí a donde yo deseaba llegar. Cada vez más mujeres, desde bien jóvenes, sufren endometriosis. Es una enfermedad tremendamente dolorosa e incapacitante pero aún queda mucho por investigar porque el diagnóstico tarda en darse, ya que pocos profesionales se toman en serio a las mujeres que llegan con los primeros síntomas. Esta reacción no es un hecho aislado sino que es muy común. ¿Cuántas de nosotras hemos ido al médico por X dolores y nos ha dicho que eso era normal y que no había nada, y años más tarde hemos acabado padeciendo una enfermedad que tenía como primeros signos los síntomas que ya habíamos señalado? 

Cuando una mujer padece la enfermedad o los signos previos a ésta que sean, todo profesional ha de escuchar, investigar, reconocer dónde puede ayudar y derivar para trabajar complementariamente con otras personas que puedan acompañar a esta mujer a vivir con salud y autonomía. Decirle a una mujer que su cáncer de cuello de útero se ha originado por “un conflicto con su ser mujer” y mantenerle la mirada, de verdad, con la mano en el corazón, es lo más miserable que se puede hacer. Además la situación suele a ser más dolorosa si cabe, ya que es altamente probable que esta mujer haya salido del sistema sanitario escaldada por no encontrar respuestas ni soluciones que la puedan ayudar (y haber oído en temas como el de este tipo de cáncer frases del tipo “tienes esto por haber sido muy ligerita de cascos” de boca de su doctorx) y acaba confiando en otro tipo de terapias donde, de nuevo, ella es la boba que no se da cuenta que toda su angustia viene de no acercarse a su lado femenino

Como profesional de la educación y de la prevención, pido rigor, compromiso y horas y horas de escucha activa y un enfoque de género. Y como mujer exijo respeto, atención y seguridad en el trato e investigación de nuestras dolencias. Por supuesto, la última palabra la tenemos nosotras, reuniendo la información y, especialmente, haciendo caso a esa intuición que nos grita “esto no es verdad” para acabar saliendo por la puerta, denunciando la mala praxis y por supuesto haciéndonos responsables de nuestro cuerpo, nuestras decisiones y a quiénes elegimos para que nos acompañe en tremendo camino.

NOTA: Aunque es una obviedad, que alguien se dedique a las terapias alternativas no lleva con tal práctica, la revisión y el enfoque de género, entre otros valores que favorecen que seamos tomadas en serio y tratadas con el mimo y celo que merecemos. 

Si quieres conocer tu cuerpo al dedillo, con rigor y deslenguadamente tenemos una cita cada viernes en tu buzón.

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