¡No quiero salir de mi cueva! ¡No me lleves a cenar esta Navidad!

No somos animalillas que viven aisladas del mundo y de sus cambios. Sí, lo sé. Es una obviedad, pero las obviedades las obviamos fácilmente. Esto lo digo con un sentido, ¿eh?. Y es que el otoño- invierno nos permite ver cómo nuestro cuerpo se vuelve más blandito, más lento, más acuoso. Que no me lo invento. Que seguro que todas lo estáis notando. La hipersensibilidad no sólo en la fase premenstrual ni menstrual. Es como si fuera un estado perpetuo el de estar con ganas de sofá y manta. Ganas locas por desconectar del mundo y sumergirse en una gran bañera con una taza de chocolate recién hecha. Así que, tranquilas, todas. No estáis al borde de una depresión. Se trata del invierno. Porque otoño hemos tenido muuuuuy poco. Apenas se ha olido. 

Las fases hormonales se ven afectadas por el entorno, como éste se ve alterado por nuestros comportamientos, los cuales están activados por las diferentes hormonas que se mueven en nuestro cuerpecillo. Somos sistemas abiertos  y permeables. Suena a clase de Ciencias Naturales, pero es que se nos olvida. Como animalillas de este planeta, sus cambios nos afectan, nos alteran, nos dan la vuelta. La luna llena puede llegar a volvernos locas perdías. Los niveles de melatonina descienden en la luna llena, estemos o no expuestas a ella. La glándula pineal es la que se encarga de segregar esta hormona, la cual se encarga del sueño reparador y de los ciclos biológicos de vigilia y sueño. Así que nuestra alteración en días de luna llena es palpable. Vale, que sé que muchas no necesitáis una explicaicón científica para saber que algo pasa. Pero éste es un ejemplo de cómo nuestro cuerpo (nosotras) somos animalillas de este planeta. En invierno las horas de luz son menores y esto nos afecta hormonalmente. Si nos lo permitíesemos estaríamos en una cueva. Al menos yo estaría todo el día tejiendo, comiendo chocolate, viendo a las amigas (sólo las íntimas), saliendo a dar paseos y corriendo cual gacela, cuando la preovulatoria me lo pidiera. 

Lo sé. Sé que es un rollo no poder hacerlo porque el día a día no lo permite pero cuanto menos, saber que no estamos enfermas ni estamos perdiendo el Norte (está bien irse al Sur), alivia. A veces, lo másevidente, lo más obvio lo ignoramos (soy muy cansina diciendo esto, lo sé). Las actividades de invierno siempre han tenido un corte más… más… intimista. Y esto es por algo. Si pensamos en lo que nos apetece hacer en verano, podemos comprobar que son actividades más propias de la fase preovulatoria y la fase ovulatoria: terracitas, piscina, acampadas, cenas con lxs colegas al aire libre. Casi lo opuesto de lo que nos pide, ahora, el cuerpo. Así que la fase premenstrual y menstrual en otoño- invierno molan mucho más. Dan más gustito. Porque, no nos engañemos, tener la regla el 15 de agosto (Cono Norte) suele resultar incómodo y apetece poco, aun para adoradoras de esta fase (me incluyo). Con lo que ¡buena nueva! estamos en el mejor momento del año para estar premenstruales y menstruales. ¿Qué pensabais?¿Que nunca tendríamos un buen momento para estar introspectivas, sensibles, creativas y, porqué no, rabiosas, con ganas de cambio?

Pues sí, este otoño- invierno se lleva la potencia de la premenstrual y el ritmo pausado de la menstrual. Alguna me dirá: ¿Y cómo soporto la cena con el cuñado bobo estando de este humor? Bueeeeno, esto ya son temas gruesos. La cosa está en que en Navidad se nos pide, por decreto ley, que estemos extrovertidas, simpáticas, animadas (más de la temporada de primavera- verano) con lo que tendemos a tragarnos nuestros deseos y a estar de una mala leche que ni os cuento (por habernos comido, entre turrón y turrón, las ganas de estar en casa sin tanto perifollo). Mi propuesta es la negociación activa:

con una misma, sabiendo bien, bien, en qué fase esta una para saber si esa Noooooche de Paaaaz no acabe siendo una Noooche de Teeeerror. Si estás a un día de menstruar, asegúrate de que tienes la opción de no ir o de acortar la estancia. O de encontrar un búnker en la habitación de tu sobrina. La historia es que cada una pueda reconocer en qué momento está de su ciclo y en qué momento está en la relación con su familia (propia y política)

con la pareja (si es que se tiene) o persona con la que pasemos la Navidad. Pues a veces a unx le apetece una cosa y otra, otra. Así que con mimo y buenas dosis de realismo una puede saber dónde se puede sentir más o menos cómoda. 

con la familia. Que sí, que una puede decir alto y claro que “no tiene el chocho pa’ farolillos” con todo el amor del mundo. Entre villancico y villancico lo puede ir tarareando. La actitud es importante porque estar más sensible hace que gestos normales (gestos que hemos aceptado anteriormente) nos alteren. Es momento para hacer una limpieza. Una puede ser limpia con sus emociones y educada ¿eh! Lo digo apra aquellas que tengáis miedo a romper la “armonía” de estos días. 

La cosa es respetarse a una misma, ponerse la primera de la lista en esto del mimo y atención, y ser creativa con las relaciones. Yo siempre me recuerdo que, mi familia, por mucho que me llegue a alterar el orden natural (soy una gata son sus rutinas), es lo que me da 3 dimensiones. Mi familia nativa y la política están compuestas por personas que, como yo, tienen sus rutinas, sus filias y fobias y he de reconcoer que yo también les altero la vida. Se trata de ser honesta con una misma y, después, con tus familiares. El cuentito éste que nos hemos comido con patatas de Navidades armónicas y felices nos hace mucho daño. En Navidad se acostumbra a estar triste. Se echa en falta a lxs que ya no están, se hace recuento del año: de lo perdido, de lo deseado, de lo soñado y no cumplido. Creo que hemos de dejar que la Navidad muestre su premenstrualidad. De hecho si fuera un ciclo, simbólicamente, serían los últimos días antes de la menstruación. Así que dejémonos guiar por el flujo simbólico de la Navidad, así sin tapujos. Navidad premenstrual, sensible y creativa, ¿por qué no?. A mí me cae en ovulatoria para premenstrual, entraré en la treintena de la mano de mi Señora Premen y la verdad, ya me va bien. Una manera sabia de decir adiós a la veintena.

A disfrutar del rollito premenstrual y menstrual del año. Ho, Ho, Ho 😉

Día 13: ovulando

Pic de Desingspiration

 

 

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