Hetera ovulando (aten a sus perros)

Me gustan los tíos. Me ponen mucho. No todos, por supuesto. Pero mi deseo sexual está orientado a ellos y disfruto mucho con que así sea. Ahora ya no me siento culpable por ello ni me creo una feminista con tara. Esto no siempre ha sido así. 

Hoy me he levantado con un calentón indomable. Cuando estoy a puntito de ovular, ardo. Hay días en los que ando como la gata de mi vecina. Loca perdida. Tengo pareja, es un hombre. Me pone muchísimo. Demasiado. Pero evidentemente, como humano que es, no tiene ganas siempre que yo quiero. La gente no funciona así. Así que hoy se ha despedido de mí con largo beso (maldito cabronazo) y una risa perversa. Esa misma que le pongo yo cuando el anda como yo y no tengo tiempo/ ganas. Me gusta que me haga eso. Soy un poquitín masoca, lo reconozco. La cosa es que he estado dando vueltas en la cama. Finalmente he bajado al salón a por pilas para mi Toyfriend (vibrador dicho de manera fina y moderna) y me he puesto a jugar. Pero me da igual. Mi cuerpo necesita un cuerpo, otro que no sea el mío. Soy una auténtica amante del autoamor. Confieso que soy la mejor amante que he tenido nunca pero cuando estoy en esta fase, puedo tener las yemas borradas de los dedos de tanta fricción, pero no me satisfago. En estos días mis deseos de hombres más femme (que es la tónica habitual de mi vida, me encandilan los hombres con características que, culturalmente, llamaríamos femeninas) se desvanece y aparece un deseo cavernícola que no puedo frenar. El típico machito alfa se refleja en mi pupila como la solución a mi erupción. Sé que hay una explicación bioquímica a todo esto pero, realmente, me da igual. Me cuento la historia de la bioquímica para no mortificarme por desear a hombres recios, incluso algo chulescos, eso sí no para tener una conversación (si lo intentas, tu cerebro morirá y te hará entrar en razón y no querrás llegar a donde deseaste llegar) sino para tener sexo con penetración. 

Sexo con penetración. Lo he dicho. Que esto no es follar, ¿eh? Que follar son más cosas. Porque resulta que en nuestra sociedad hemos aprendido que follar y hacer el amor es meter y sacar. Falocentrismo a tutiplén. Si no se mete ni se saca, no es sexo. Naaaaaa. Esta práctica y creencia hemos de deconstruirla. Las amantes de los tíos las primeras. Que digo esto, porque aun pensando esta mañana en que hablaría de sexo para transmutar mi calentón, el artículo de Beatriz Gimeno para píKara me ha motivado un montón. Pues por mucho que haya tratado de tener algo o sentir algo sexual por una mujer, yo sigo volviéndome loca con los hombres. Así que como practicante y disfrutante del sexo hetero, sé que es fundamental que revisemos nuestras prácticas y que podamos abrirlas, cuestionarlas, deconstruirlas y tejer nuevos espacios. Uno de ellos es éste, el deseo de ser penetrada cuando una está ovulando. Que sí, que no soy la única. En otras fases de mi ciclo me apetece tener otro tipo de prácticas (soy hiper fan de un buen cunnilingus) pero llegando a ésta… como diría un camionero machirulo: tengo hambre de carne en barra. Es lo que hay. Sin vergüenza ni miedo. Sé que hablo por muchas (por mí y por todas mis compañeras). 

Reconocer esto, así en alto, cuando una ha decidido mantener una relación con un hombre de manera exclusiva (soy monógama  por decisión libremente tomada, no por naturaleza) tiene su puntito de valentía. Sé que mi deseo no sólo se dirige a mi compañero. Por supuesto que él tiene todo lo que a mí me gusta, pero en esta fase mi deseo se amplía y extiende como largos y húmedos tentáculos. Como decía en el anterior paréntesis nuestra relación es monógama por decisión. Ambos, durante un tiempo, revisamos nuestro deseo de abrir- cerrar nuestros encuentros sexuales y, finalmente, acordamos dejarla en nosotros dos, en nuestra intimidad. Nos contamos todo. A mí me flipa coquetear y si lo hago, se lo cuento como el mejor colega del mundo. Porque sí, aunque suene a topicazo, él y yo somos los mejores colegas. Eso sí, esto no me exime de sentirme un poquito limitada cuando, en esta fase, no me vale con un sólo amante. Asumo que cada uno de mis actos trae consigo sus consecuencias y, como soy una mujer que cuida mucho las relaciones, se me hace impensable abrirme a otras personas y lo que esto supondría. Acepto, como cuando fui vegetariana, que el rico y delicioso menú es el que es, pese a que mi naturaleza de hembra humana ovulando (prima de bonoba) me pida otros … platillos.

Sinceramente, atravesando los miedos culturales, no creo que haya nada de malo en desear ser penetrada. El tema es que nuestra sexualidad se ha desarrollado teniendo esta práctica (de otras tantas) como meta, como único punto de llegada. Viendo la peli de La vie d’Adèle, viendo y disfrutando como una loca de la escena de sexo tórrido, me vino esta idea a la cabeza: las mujeres sí que saben valorar un coño. Les gusta. En cambio a los tíos sólo les gusta su polla. Dónde ponerla, dónde encajarla. Y me dio pena, esta limitación que está en la cabeza del gran público. Algo que hasta hace unos años rondaba en mí y que, confieso, a veces sigue apoderándose de mi imaginario. Quiero disfrutar de la penetración sin culpa pero también con creatividad. Ser penetrada ha de ser resignificado pero antes ha de ser cuestionado. No podemos pasar directas a la resignificación si no hacemos (auto)crítica. Durante mi vida sexual (que viene desde la infancia, incentivada y malograda por abusos en la infancia)siempre tuve la idea de que dominar era mejor, me dejaba margen para no ser utilizada sino para utilizar (los abusos marcan patrones de comportamiento sexual). Aprendí a que no podía ser sumisa, que no podía perderme, dejarme hacer, porque me rompería. Ahora, que hemos tejido una confianza exquisita, he aprendido a no culpabilizarme por dejarme hacer, por perderme. Y me encanta. 

A mi Poderosa Afrodita (así llamo a mi fase ovulatoria) le gustan mucho los tíos y le encanta (ya sabéis que, venga va lo repito) ser penetrada. Superada la vergüenza inicial que da ser tan explícita os diré que merece la pena. Creo que el primer paso es hablar claramente de ello, con nuestras luces y nuestras sombras. Así que, aunque el calentón no se ha templado, me siento bien por haber puesto palabras a mi deseo de mujer-amante.

Nota: en la Colección 2012 de Cartas desde mi cuarto propio tenéis un completo texto sobre sexo y cómo dar rienda suelta a nuestra fierecilla indomable. En la Colección 2013, hay otro artículo inédito sobre autoamor- masturbarse sin turbarse. 

Día 13: ovulando

Pic de Lorenzo Ceccotti

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