Conocer tu ciclo no te salvará

No te va a salvar la vida.

Conocer tu ciclo menstrual no te salvará de nada.

Punto pelota. 

Si alguna vez os hice creer esto, mandadme a la mierda. Literal y simbólicamente hablando.

No existe nada que nos salve de nosotras mismas ni de lo aprehendido. Conocer nuestro cuerpo es una puerta, para mí valiosa, pero una puerta por la que pasar. Puerta, no Valhalla. No es el paraíso con 72 virgenes menstruantes. No hay salvación porque no hay pecado. Sí, escribo rotunda y premenstrual porque me agoto de sólo pensar que pueda estar alimentando una rueda de dependencia y buenismo barroco propios de estos días. 

Que sepas que estás llenita de estrógenos en el día en el que acabas en la calle después de un ERE ayuda, sí, pero no salva. Ayuda saber que se te presupone una mayor capacidad para negociar o una mayor locuacidad para cagarte en lo más grande. Pero no salva. Esto de conocer cómo funcionamos cada una y cada cual es una herramienta que depende de su uso y depende de otros bagajes más. No es algo simple ni simplista. No somos unas diosas, no somos unas guerreras de la luz. Somos mujeres. Humanoides ¿Por qué no podemos asumir esto? Y como mujeres hemos de conocer cómo palpitan nuestras ideas, cómo la química nos conmueve. Pero esto, conocer nuestra naturaleza, no nos hará invencibles, ni millonarias, ni ninguna historieta de éstas de los libros de autoayuda. Conocer nuestro mecanismo de mujer menstruante no puede entrar en el apéndice de la autoayuda o del crecimiento personal o de a dónde nos quieran marginar. Es un asunto de primera necesidad. Algo curricular. No es una opción.

Haciendo (auto)crítica creo que se nos está yendo de las manos. Leo frases sobre la menstruación que me hacen bajar la cabeza y suspirar pro-fun-da-men-te. Por supuesto que todo está abierto a todas, pero un poco de prudencia (la misma que me exijo a mí). Sí, es cierto que conocer el propio mecanismo da un subidón mortal que te cambia la vida (a algunas nos pasa a otras no, y no hay problema por ello) pero una ha de saber frenarse y valorar. Valorar. Repito: valorar. La mente es necesaria y además se necesita fría para templar pasiones si es que una quiere generar conocimiento válido para otras personas. Cuando una tiene dolores constantes puede necesitar que alguien le diga que si hace A y después B y luego C, las aguas del Mar Rojo se abrirán y bla, bla, bla; pero una, una profesional, no puede caer en esto. Ni siquiera insinuarlo. (Y no, nooo estoy señalando a nadie que sé que a alguna que otra le molaría que le dejara un huequito en el blog ni que fuera para la crítica). Pero esto de hablar de la menstruación como la salvación de todos los males induce al error y, pasado el tiempo de efervescencia, a la frustración.

Yo conozco muchas cosas del ciclo menstrual. A fuerza de miles de historias me especialicé en algo inespecializable. Conseguí ganarme la vida y he creado mi trabajo desde y para el ciclo menstrual. Vivo de la menstruación ¡Toma ya! Y por ello, porque hay mujeres que me pagan y confían en mi criterio, he de escribir lo que escribo. Porque a veces el mercado de la feminidad (sí, lo hay) me parece un circo. Plagado de buenas intenciones, de esto no hay duda, pero  no quita que el resultado no sea de la calidad merecida. Copia- pegas. Muchos copia- pegas y escasa revisión. Esto no nos beneficia a ninguna. A las que nos dedicamos a ello nos limita el aprender entre colegas y enriquecer/ cuestionar el conocimiento que vamos recogiendo y creando. Y a las mujeres beneficiarias les perjudica en lo que a creación de expectativas se refiere. (Pero de éstas últimas no hablaré porque cada mujer es libre de elegir y hacer lo que quiera). El tema es que en el panorama internacional se plantean proyectos curiosos en relación al ciclo menstrual. No demasiados pero hay enfoques más variados. La tesis de Josefin Persdotter para la Universidad de Göteburg (Suecia) ofrece una visión precisa de lo que ocurre en ciertos países entre América y Europa. Y el libro de Chris Bobel New Blood. Third- wave feminism ad the politics of menstruation recoge también, trabajos y proyectos interesantes (eso sí, sólo de EEUU). La necesidad de ver qué se cuece en otras casas es algo que ha de trascender al negocio (no seamos puritanas y neguemos esto, por favor). Si queremos ofrecer algo más que lo que Miranda Gray* ofreció con su libro Luna Roja, hemos de ponernos serias y cuestionar, revisar, ahondar e investigar por propia cuenta y en red. Sí, es complicado. No tenemos tanta información ni está recogida en un único lugar, pero es nuestra responsabilidad, como pioneras, el darle un cuerpo a este conocimiento. Conocimiento que, bajo mi punto personal, ha de trascender la religión y el misticismo. Pues, a día de hoy, creyente de tal o cual cosa, aprende, sin mayor conflicto, el funcionamiento de su sistema circulatorio sin la necesidad de explicárselo a través de elementos mitológicos ¿Por qué no podemos conseguir esto mismo con el ciclo menstrual?. 

Ninguna persona cree que su vida va a salvarse si conoce el funcionamiento de sus pulmones pero ¿Por qué hay mujeres que piensan que conocer el funcionamiento de sus ovarios, les va a salvar? Aquí entra la relación simbólica entre cuerpo femenino y patriarcado. El cuerpo femenino ha sido y es invadido por el sistema y cultura patriarcal. Por esto es tan importante y tan poderoso (no utilizaré empoderante porque me han hecho aborrecer el término) conocer las implicaciones fisiológicas, mentales, anímicas y culturales de algo tan común y propio como es el flujo hormonal del ciclo menstrual. Pero ya está. No hay más (NI MENOS). O de haberlo ha de ser demostrado en varias ocasiones, bajo condiciones similares, y por personas diferentes obteniendo semejantes resultados. Aunemos intuición y razón y dejemos de temer a la Ciencia, que es una manera necesaria para aprehender (hacerlo nuestro) el mundo, tanto como la Poesía. No es moco de pavo recuperar y reconquistar el cuerpo propio (simbólico y real), es una epifanía el descubrir que tú no eres un saco de despojos inestable y dolorido, y es una experiencia extática poder cagarte en todo sin sentirte culpable. Pero de ahí a creer que tu vida se ha salvado o que se salvará, siento decirlo, pero cuanto menos es naïf. Y soy una amante de lo inocente pero hemos de abrir bien los ojazos y ver. El día a día, con su dolores, con sus recelos, con sus miedos, con sus alegrones, con sus placeres seguirá atravesándonos, menstruemos o no. Tendremos más control (a veces), más margen de actuación (otras tantas), menos culpa, más atrevimiento, menos vergüenza, más criterio pero el Cielo, no. Y ¿por qué no? porque somos tremendamente humanas, hijas de nuestra madre y de nuestra cultura y, sinceramente, no necesitamos ni el Paraíso ni hadas madrinas que nos conduzcan a él. Yo creo que necesitamos saber qué carajo necesitamos a título personal, íntimo y aprender, pedir prestado o alquilar las herramientas para conseguirlo. Esto no nos salvará pero ya va bien, pues la Vida trasciende las milongas que nos contaron y que compramos sobre el Cielo y el Infierno.  

* Miranda Gray hizo una importante labor así como Alexandra Pope pero creo necesario hacer revisiones culturales y actuales, así como ampliar el campo y las profesionales a estudio.

Si deseas conocer tu ciclo para comprenderte y dinamitar aquellas creencias que nos hacen daño y limitan, te propongo este camino. Pero recuerda: no hay salvación. No la necesitas.

Día  20: fase premenstrual (1os días)

Pic  Bones brigade on the Behance Network

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