Las mujeres-pájaro en la convulsión mundial

Cambia lo superficial

cambia también lo profundo

 

Así canta Mercedes Sosa en Todo Cambia, canción bella donde las haya. Estos tiempos son tiempos de cambio. En realidad nunca el mundo estuvo quieto, ni la mar, ni la tierra, ni el viento, ni la luna. Todas en movimiento y quietud cíclica. Hubo una sensación en Occidente de que todo estaba quieto, parado en el número de la bonanza. Atascada la ruleta de la suerte la sociedad de la razón y la no-muerte se creyó bendecida por su dios barbudo. Sus sacrificios de tiempo, espacio y libertad parecían dar sus frutos. El viejito dios con memoria de adolescente rencoroso tintó de oro las casas y dotó de poderes encantadores a medio-hombres haciendo de ellos su representante aquí en la Tierra, sometiendo y reprimiendo a los que no sentían bendición alguna en ese falso oro. Pero esta Historia es otra historia… aunque de esta Historia viene lo que yo aquí, quiero compartir…

Cantaban Celtas Cortos allá por 1996 

En estos días inciertos en  que vivir es un arte

Parece que el mundo se puebla de artistas. No nos engañemos mis amadas, muchas de nosotras venimos de familias de mujeres (y hombres) artistas. En mi familia nunca se sintió la llegada de la crisis porque yo crecí en una crisis continua. El único movimiento que reconozco como real en el péndulo es el de incertidumbre ante lo material, jamás en lo emocional. Os contaré Historia, os contaré un pedacito de mi Historia..

Soy hija de una pareja de hombre y mujer que a sus 20 y 19 años, en una tarde de amor y frenesí, concibieron a estos huesos. Mis chiquillos se amaban y aman con locura. Su mayor riqueza, como siempre me dicen, soy yo. Por lo demás ningún otro tesoro. Nosotros tres somos los rubíes y maravedíes del reino. Estudios limitados, títulos escasos pero cultura infinita, hambre de saber, capacidad de contagiar esperanza, magia infinita para multiplicar panes y peces y un amor incondicional a la libertad. Ella y él siempre me dijeron que sabían que no podían dejarme ningún bien en herencia y por ello, su esfuerzo en que yo fuera mi propia herencia. Ella y él, navegando en las aguas de la incertidumbre aún hoy con mirada turbia y vacío en el vientre

y yo…

mirando al horizonte con ojos de luz y claridad. A ellos, ahora, les cuesta ver la amplitud de este vasto mar, porque agota navegar entre tempestad y tempestad, sin apenas poder descansar y saborear la miel de la boca de la señora abundancia. Mis alas, gigantes, cubiertas de ligeras plumas acarician su frente y les recuerdan que somos aves de mar abierto que nuestro hogar son las olas de 3 metros, las galernas y la plenitud del horizonte crepuscular. 

Somos una familia de albatros, nos debemos a la inmensidad y por ello nuestro amor a la libertad es tan profundo, porque está grabado en nuestros picos, perfila nuestras grandes alas… 

por este amor yo me dedico a acompañar a las mujeres a volar bien alto. Como hicieron y hacen mis amados, como así ella y él me enseñaron, yo me debo a mí, al amor a la vida más intensa y salvaje y esto… esto no me hace rica ni me permite un viaje estable y cómodo. No soy una heroína, ni una santa más soy una beata, una beata de la vida pues acepto que yo no nací para cuantiosas nóminas ni viajes a Estocolmo en primera clase. Esto quizás sea para otro tipo de ave, otro tipo de animalilla. Algunos días lloro, muchos temo y otros tanto maldigo pero siento, según voy escribiendo, que soy de una especie diferente. Quizás sea de la misma que tú o tú. Sólo siento que no puedo mantener la pátina de apatía ante el deseo anestesiado, así me sentía en mis trabajos-nómina. Al principio me engañaba creyendo que trabajaría por un supremo bien y después observaba que trabajaba por unos denarios, para saciar lo básico y aquello nuevo-básico que iba creando según subía la cuantía. Llegaba un momento en que enfermaba y no podía continuar… debe ser que los albatros en tierra firme nos comenzamos a enfermar… 

la cuestión es que cada una de nosotras y nosotros somos un ave, tenemos alas y no lo sabemos y si los sabemos las tratamos de ocultar, atar e incluso amputar. Para que una pueda darse cuenta de que es ave tiene que ver a otra mujer-pájaro y contemplar su vuelo galante, así aprendí yo. Es imprescindible el amor y compromiso para que una no se sienta rota, perdida en la falsa certidumbre, por ello, en estos días inciertos una ha de hacer recuento de sus riquezas (materiales, inmateriales, sutiles y profundas), coger aire, buscar compañeras de vuelo y compartir con sus hermanas-pájaro. Si no es en manada-bandada, vamos a ir muriendo una a una, uno a uno. En mi familia sabemos esto muy bien, si hubo posibilidades fue porque éramos (somos) ricos en amor. Aprender a dar aún no teniendo, aprender a recibir aún viéndose colmada (así decía mi amado Taisen Deshimaru) Si teniendo cada una lo suyo estamos así, rotas desde dentro hacia afuera y la revés ¿cómo sería si cada una compartiera? No hablo de un compartir teórico o marxista, hablo de algo que va más allá y que es propio a nuestra naturaleza. Si yo te veo sufrir a ti, yo sufro y si no sufro es porque estoy enferma. No nos equivoquemos aquella mujer y aquel hombre que ve a una, un semejante agonizar y no se conmueve, está gravemente enferma, enfermo. Seguramente acudiremos a la razón para evitar sentir angustia por este asquersoso virus que nos invadió la mirada y nos congeló el útero-corazón. De esto haremos estudios  y ofreceremos títulos universitarios, elevando a académico la decrepitud de nuestro cuerpo-alma. 

Yo sé lo que es el miedo. Sé lo que es no tener lo que deseo o creo que necesito. Conozco el sabor a bilis del “no puedo” “no me alcanza” y la vergüenza por estar “disminuida”. Me es intensamente familiar el conteo de monedas y los ojitos clavados en la muñequita linda sin poder acunarla en casa… a cambio, a cambio ¿sabéis que tuve? Libertad. Tuve toneladas de confianza en mi deseo que me pedía únicamente que lo escuchara para hacer lo que se ha de hacer y para parar cuando toca parar. Confié en mí por ella y él, y también por una fuerza que llamo ELLA, que siempre me ha mecido aún en las más negras y eternas tempestades. 

aún temo… pero me niego, me niego, me niego a dejarme inocular ese bicho mortífero. Cuando no tengo, doy y cuando tengo, aprendo a pedir. No tengo euros ahorrados, sin embargo soy millonaria. No de un modo naïf, sino de un modo real. Soy la herencia de una pareja de albatros ¿qué más puedo tener yo que amor por lo infinito y por la libertad salvaje? 

Merces Sosa canta 

no es lo mismo que vivir honrar la vida

Honremos la vida. Hagámoslo ahora. Yo quito las pajas y las plagas de tus nobles alas. Haz tú lo mismo en las mías. Ambas vamos a morir, hagamos de la vida la herencia de otras mujeres (hombres)- pájaro…

 


 

 

A mi familia de nobles pájaros, a mis antepasadas aves libertarias y a las y los que están por llegar. 

A mi ave lucero por acurrucarse en mi regazo a la muerte del alba

Día 22: profundamente pre menstrual

 

 

 

 

 

 

 

Posted in: