Mi big bang particular: el nacimiento de una madre, mi madre.

Hace 49 años que nació mi mundo, mi diosa, el centro de mi universo. Tan sólo 49 años que Ella abrió los ojos a este mundo bicolor y lo llenó de primaveras. 

Este año no estoy cerca de ella pero sí en ella, como siempre ha sido. Nuestro cordón umbilical es a prueba de kilómetros, cabreos y malentendidos. 

Este año no tengo regalo.

Este año me siento más mayor que hace años. 

Este año, mi cuerpo cambia y se acerca al tuyo.

Este año escucho a Maria Callas y me estremezco porque ya la entiendo. Os entiendo a las dos. A la Callas y a ti

Este año me estoy convirtiendo en una mujer. La biología ha dado paso a la cultura y esta última se ha dejado abrir por la evidencia de mis carnes.

Este año las palabras se quedan atrapadas en mi garganta y no toman cuerpo, o al menos no el que deseaba.

Este año marco límites, los delimito-al principio con torpeza y ya por fin con fluidez- y me quedo con menos de lo que contaba pero sabiendo que lo que hay es lo que realmente deseo.

Este año me peleo con mi necesidad de saberme amada por toda la humanidad y acepto que tu amor es lo que me da alas y que sin él, también sabría volar.

 

Hace 49 años la mujer de los silencios tejidos a ganchillo se convirtió en madre. Hace 49 años nuestro linaje siguió su curso para llegar a mí. Ama ¿este curso seguirá? ¿de mi cuerpo nacerá otra mujer? Como matrioskas del trigo nos vamos abriendo a la vida. Siempre recogemos el legado, siempre está palpitando para ser vivido.

Nunca pensé en que tu cumpleaños fuera el punto de salida de mi mundo. Tu origen es el mío. Hoy tengo mucho que agradecer. No es un día más. Es el aniversario de mi Big Bang particular. 

Repensándote, me repienso yo. Es una actividad en espiral en el que ,como hija, siento que tengo una única dirección: llegar a tu útero, al lugar que ocupó, y quedarme dormida en su centro. Echo de menos mi primer hogar, tu cuerpo. En estos tiempos en los que me siento larva mutante, añoro el calor y la ligereza del líquido amniótico. 

Tu cuerpo, mi templo de origen, tiene ya 49 años. Lleva 49 años latiendo al compás. Él albergó mi templo, mi cuerpo. Del tuyo conservo los pilares y el altar, el fuego lo aprendí a prender en el Hogar de la Gran Madre, la abuela. 

Ahora mismo escuchó música medieval Sequentia. La escucho para pensarte, pensarnos. Evocar nuestros orígenes, la Castilla medieval, que tanto te conmueve, la Tierra de nuestros cuerpos. Nos imagino en un convento y me siento segura. Recuerdo, en un paseo, como las dos nos confesamos el sueño de vivir en clausura. Reímos. Nunca lo habíamos dicho por pudor. Ahora, estudiando a las mujeres del Medioevo, te comprendo, nos comprendo. Quizás en otro tiempo otros cuerpos, también nuestros, vivieron este destino. 

Es tu cumpleaños y la abuela se acerca a mis pestañas, para dibujarme imágenes que pueda ver con los sentidos de la fantasía. Cada año que tu cumples, son 200 km que me vas acercando a la abuela. De un tiempo a esta parte, en este año de Medusa en crisálida, siento las raíces de la abuela abrazándome y preñándome de sentido. Hay tanto de ella en mí que me asombra no haberme dado cuenta antes. Quizás…quizás… sólo ahora tengo la capacidad para verlo. 

Siento que la abuela, la tía y tú estabais esperando mi despertar. Como una flor tardía que se sueña árbol y que tras la desesperada espera, ve en sus pistilos la potencia de su naturaleza. Este año en el que soy mujer, siento vuestros cuerpos como benditos espejos que me muestran el hacer de las mujeres de mi Casa. Yo, sigo siendo, diferente. Como lo eres tú. Como lo son ellas. La pequeña Sara tiene este vínculo con nosotras, las flores, más claro. Ella, también, es diferente.

Ama, hay algo que te quiero decir pero no sé bien qué es. Se me enquista en la garganta y los ojos se me desbordan en lágrimas difíciles, desacompasadas. Estoy triste ama. No vayas a llamarme y preguntarme qué es, porque te escribo que no lo sé. Supongo que estoy perdida, que me hago grande y que tú, tú te haces también mayor. No sé si son los kilómetros, el calor del mediterráneo, la música medieval o los astros. Sólo siento algo que quiere salir de mí y llegar a ti y que teme y que se esconde y que comprende más de lo que yo quiero comprender. Están siendo meses extraños. Período larvario, el cambio acontece y mi cuerpo tiembla.

Hace 49 años una hermosa niña abría mi camino al mundo con un suave gemido. A la mujer que es hoy, todo mi amor, mi reconocimiento y mis lunas.

 

 

Día 18:  entre dos aguas. Caminando hacia la oscuridad 

 

 

 

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