Baja menstrual: ¿A favor o en contra?

España dice no a la baja menstrual

Baja de tres días remunerados a las personas menstruantes (mujeres cis, en concreto) con dolores menstruales diagnosticados clínicamente.

Hace meses me entrevistaron para SModa.

Este lunes me entrevistaron para la Sexta Noticias (no sé cuándo se emitirá en la TV):

¿ Qué pensáis, Las Feministas, de la propuesta de ley italiana sobre la baja menstrual?.

– ‘Las Feministas’ no existimos. Existimos personas feministas, por lo que tenemos cerebros diferentes con pensamientos diferentes. No somos masa. Somos cuerpos. Yo puedo explicarte mi enfoque (jamás el de mis compañeras, es imposible)

– ¿A favor o en contra?

– Ni a favor, ni en contra. Más allá.

Y es que es algo tremendamente complejo para explicarlo a través del pensamiento binario de opuestos (pensamiento patriarcal). Este pensamiento, este hacer pensar, tendemos a usarlo incluso nosotras, las que buscamos otra manera de habitar el mundo y hacernos mundo. Como decía Marguerite Porete: ‘ni a favor ni en contra, más allá’. Por eso voy a explicar mi otra manera de pensar este tema (Manera que no pude explicar en la entrevista como lo explico, por fin, ahora con calma, sin presión de tiempo ni de responder si me decanto por una u otra).

Lo haré como:

Uno) cuerpo menstruante; dos) pedagoga especialista en ciclo menstrual; tres) activista menstrual y feminista; cuatro) cuerpo vulnerable en este sistema occidental capitalista; cinco) autónoma en España; seis) mujer cis sin criaturas humanas a cargo; siete) treintañera caucásica de origen vasco; ocho) hija de clase obrera criada en la Margen Izquierda de Bilbao.

(Aunque no lo creas, situar nuestro cuerpo- que es lo único que somos- es fundamental para entender desde dónde hablamos y porqué estamos hablando)

Como en todo, en este pensamiento del sistema, hay dos bandos (siempre hay dos ideas contrarias que se oponen y no buscan jamás encontrarse):

  1. A favor de la baja
  2. En contra de la baja

No hay medios. No debe haberlos. En el medio peligramos porque hemos de pensar más allá. Más allá de las opiniones relámpago de Twitter. Más allá del calentón. Pensar nos pone contra las cuerdas. Opinar, en cambio, asegura nuestro estatus de cara a los demás.

Por puntos:

1.Se propone una baja para las mujeres* que tengan menstruaciones dolorosas previo diagnóstico médico.

* (No hablan de personas menstruantes, es muy inocente pensar que políticamente se va a separar sexo de género y menos cuando hablamos de algo tan relacionado a la mujertez como la menstruación.)

  • Pros: Cualquier persona con dolor crónico necesitaría estar de baja para el tratamiento de su dolencia.

Las mujeres con dolores menstruales sufren una enfermedad. La menstruación no ha de doler. Si duele, como todas las enfermedades, han de gozar de diferentes opciones de tratamiento para que la afectada pueda elegir entre aquellos que considere mejor se ajusten a su situación. Por fin se reconoce que, ante dolores insufribles en los que muchas mujeres acaban en el hospital o retorciéndose físicamente (o anímicamente, que esto es un nivel de angustia, ansiedad que roza la locura), tienen derecho (como cualquier trabajador) a estar de baja. Porque cuando nos incorporamos al trabajo nos incorporamos a SU mundo laboral, a los derechos de los trabajadores pero jamás a los de las trabajadoras. Entendimos que asimilarnos al cuerpo del amo era la mejor manera de salir de la rueda de orden y mando. Bien, nos colaron el gol. Tenemos necesidades diferentes, no tanto como género ni como sexo, sino como cuerpos que no son el dominante. Este es aquel que creó el sistema laboral, cultural académico, religioso… (y suma y sigue). Si un hombre acusara de dolor crónico que se manifestase equis días al mes, nadie cuestionaría su necesidad de baja laboral. Al tratarse de la menstruación (dolorosa, patológica) vemos cómo esta, en realidad, es un hecho más simbólico y político que fisiológico. Si te mueres de dolor por menstruación es mejor que no te quedes en casa. Si es por colon irritable, claro, ni vengas.

  • Contra: previo diagnóstico médico.

Como si desde la Clínica se hubiera trabajado por enseñar a las personas menstruantes que la menstruación no ha de doler. Cuando las mujeres vamos a consulta contando nuestros dolores, pueden pasar incluso 10 años hasta que, por fin, nos creen (sí, sí, nos han de creer primero, como si de un acto de fe se tratase porque nuestras experiencias no son válidas per se) y para cuando nos tratan, uno) llegan demasiado tarde; dos) no nos ofrecen soluciones que puedan adaptarse a nuestras decisiones sobre nuestro cuerpo. Tomar una pastilla con efectos secundarios que no queremos pasar como única vía no es elección. Especialmente cuando hay otras opciones científicamente demostradas y otras que, pese a que no genere dinero estudiar, están dando resultados que muchas mujeres ven como mejores en lo que a su calidad de vida se refiere (la calidad de vida de las mujeres es inferior a la de los hombres, de hecho el origen de la píldora anticonceptiva se sostiene en mantener esa calidad para unos en detrimento de las otras).

La Clínica no puede ni debe ocuparse de todo lo que concierne al cuerpo de las personas menstruantes. Han de formarse equipos multidisciplinares para  cooperar y acompañar a las mujeres/menstruantes como necesitan. Podemos llegar a la treintena sin tener ni idea de cómo funciona nuestro cuerpo. Hasta que no queremos quedarnos embarazadas no sabemos por qué necesitamos ovular. Sin educación menstrual estamos perdidas en las decisiones sobre nuestro cuerpo, así que tanto nosotras como el resto de agentes sociales hemos de conocer y dar validez a las experiencias menstruales para empezar a pensar la menstruación más allá del a favor o en contra.

Si sufro dolores como una perra y mi doctor me dice que es normal, según esta ley no tendré derecho a la baja. De nuevo, algo tan íntimo, tan propio, como el dolor, queda en manos de un cuerpo ajeno. Cuando alguien tiene gripe en la oficina nadie le pide que lo pruebe. Es curioso cómo nosotras sí hemos de probar que nuestro dolor es merecedor de cuidado.  Necesitaremos la prueba del pañuelo para ver si somos de fiar. Porque, como bien se sabe, la mujer es muy traicionera. Alguien dirá: sí, claro, ¿y si mienten? Y diré: no conozco a ninguna mujer que se atreva a decir la verdad sobre su menstruación. Pero no disimulando como que les duele, todo lo contrario. La inmensa mayoría se pasa la vida fingiendo (incluso para sí) que no les duele nada, aunque no se puedan ni mover. Así que, ahora, con la ley, no teman. Muchas lo verán como un fallo a su género y seguirán fingiendo. Por supuesto un equipo médico se ocupará de certificar que esa mujer no miente. Pese a que esa mujer ni siquiera sea creída cuando acude a su profesional de (mucha o poca) confianza que en menos de 7 minutos le tiene que diagnosticar algo de lo que todavía no sabe si es normal o no. (porque hasta la fecha no pocos profesionales de la Ginecología siguen creyendo que el dolor menstrual es normal y que la solución es inhibir la ovulación a través de hormonas sintéticas, cuando especialistas en química hormonal señalan la importancia de ovular para gozar de una buena salud integral -no solo reproductiva-)

2. “Hay necesidades más urgentes para ayudar a las mujeres” coinciden las asociaciones de afectadas y médicos

Considero que cuando una está sufriendo dolor no hay nada más urgente que salir de un entorno hostil. Hay cosas igual de urgentes. Eso sí. Está claro que se necesita urgentemente actualizar los conocimientos en relación al ciclo hormonal ovulatorio y generar equipos multidisciplianres así como formar a la población en autonocimiento y autocuidado del cuerpo menstruante (educación menstrual). Pero también se necesita saber que uno de los hábitos que genera hiperestrogenismo (condición que pude aumentar el riesgo de patologías como SPM, endometriosis, cáncer de ovarios y otras dolencias de gravedad) es el estrés sostenido del sistema productivo neoliberal. Los niveles de cortisol y adrenalina elevados (entre otras cosas) generan desajustes en el equilibro entre estradiol y progesterona (hormonas principales que generan y regulan nuestro ciclo menstrual y, con él, nuestra salud/bienestar) como, por ejemplo, el aumento de prostaglandinas, las cuales se ocupan de las contracciones uterinas que son responsables de soltar el endometrio y otros componentes que conforman la sangre menstrual. A más estrés, más adrenalina y corstisol, los cuales aumentan el estradiol y desnivelan la progesterona (e incluso la pueden llegar a inhibir resultando ciclos anaovulatorios, contraproducentes para la salud) y por tanto más prostaglandinas. A más prostaglandinas más contracciones uterinas y más calambres y cólicos menstruales.

Un estilo de vida con hábitos de descanso de calidad podría reducir la dismenorrea (dolor menstrual) y podría prevenir el desarrollo de enfermedades más graves (de hecho, en el caso del SPM, se ha demostrado que los factores psicosociales afectan a este y que reducirlos ayuda a gestionar el SPM). Bajar el ritmo en el trabajo (y en casa) ayuda a una mejor salud menstrual y por tanto integral, ya que el ciclo menstrual es responsable de cómo nos encontramos a nivel físico, mental y anímico. Por lo que, cuando decimos que hay cosas más urgentes, igual no sabemos el impacto que tiene en nuestra salud bajar el ritmo. Ahora bien, ¿tres días de baja laboral para una mujer va a servir para que descanse? NO. Porque tenemos doble jornada. Nos dan de baja en el trabajo pero que nadie se piense que nos dan de baja en casa. Si cuidar de nuestras criaturas y personas (y animales) a cargo no se concibe en nuestro sistema laboral, tampoco se va a concebir para el autocuidado. Ni hablar. Nosotras hemos sido educadas en el sacrificio (hablo como género, no me importa si en tu caso particular no es así. Nos guste o no, somos un colectivo o así nos ven y así nos acabamos viendo) con lo que si tenemos 3 días sin trabajo fuera de casa, trabajaremos dentro de ella.

3. “Pone en peligro la contratación de las mujeres” dicen los sindicatos

Cierto. Y pone de manifiesto la crueldad del sistema contra las mujeres (y menstruantes). Nos ofrecen por un lado acudir al trabajo con dolores sin diagnosticar y anestesiadas con pastillas que encubren las causas y no van al origen de la enfermedad o bien quedarnos en casa sin generar cierto capital con el que poder ser mínimamente independientes pese a seguir siendo infraremuneradas y precarias. De nuevo nuestro cuerpo (que es lo único que tenemos o que deberíamos poder tener) es el saco de los golpes. Nuestro cuerpo no es el culpable de que no nos contraten, es el sistema que ni nos ha creído cuando hemos aullado de dolor ni nos ha facilitado espacios ni tiempos acordes con nuestra realidad. Porque esta mal entendida igualdad no es más que la asimilación del cuerpo vulnerable al cuerpo dominante y esto jamás lo vamos a lograr, porque el cuerpo que manda ha creado la ley y la trampa.

Me pregunto:

En todo esto, ¿dónde quedamos nosotras? ¿Dónde nuestro cuerpo? ¿Dónde la posibilidad de elegir sin someternos? Me dicen que me aguante y tire o que me quede en casa y sea dependiente de un marido/padre/amigo (uno de los que sí contratan). Pero lo peor de todo es que me atrevo a decir que no, que esto es de locos, que la solución sigue siendo poner nuestro cuerpo, ya no como campo de batalla, sino como solar para nuevas empresas. Hasta las personas que dicen ser de izquierdas nos piden que no aceptemos quedarnos en casa, que sigamos yendo diligentemente a trabajar, porque de lo contrario volveríamos al nicho del que salimos. Como si esto fuera culpa de nuevo de nuestro cuerpo, de nuestra ‘condición’. En lugar de señalar el origen (sistema/cultura) seguimos creyendo que somos nosotras las que fallamos. Al final han conseguido que nos veamos con sus ojos: “Soy yo la que falla, no el sistema”. Nos creemos muy liberadas cuando decimos (sin reflexionar): -¡A favor! -!En contra! pero seguimos llevando el collar amarrado al cuello.

¿A favor o en contra?

Más allá.

Esto implica:

– Cultura de cuidados frente a cultura neoliberal.

Nadie (con dolor especialmente, pero sin él tampoco) debería anteponer su salud a la producción de capital. En el caso de las personas menstruantes con traje social de mujer (aquellas con otros trajes sufren de otras tantas agonías, pero solo puedo hablar desde el cuerpo que soy, compañeres). Pedir que vayamos a trabajar pese a los dolores perpetúa este sistema que nos prefiere máquinas a cuerpos.

– Educación menstrual

El conocimiento es poder y en temas de corporalidad y química-cultura menstrual no sabemos nada de nada. Es por eso que nos aferramos al ‘a favor’ o al ‘en contra’ sin observar matices ni señalar lo que realmente necesitamos (que será diferente según el cuerpo-origen de cada una). Necesitamos validar nuestras experiencias menstruales, generar conocimiento y comprender que la Clínica no puede ni debe explicarnos. Las experiencias corporales (de este cuerpo que somos) van más allá de la Farmacopornografía (que diría Preciado) y hemos de trabajar para que estén en nuestras manos. Somos analfabetas de nuestro cuerpo. Esto ha de cambiar ya. (Este domingo 27 de mayo se celebra el Día de la Higiene Menstrual #menstruationmatters y estará enfocado a la educación menstrual).

– Inversión en estudios multidisciplinares sobre el cuerpo menstruante y la experiencia menstrual

Necesitamos que se investigue con rigor y ferocidad. Que estas investigaciones se hagan desde un enfoque de género en el que nuestros cuerpos y necesidades sean ejes centrales y no accesorios (en el caso de la endometriosis, por ejemplo, prevalecen los tratamientos que protegen la fertilidad frente a los que tratan el dolor) Es fundamental que se trabaje conjuntamente desde las diferentes disciplinas en investigar y generar alternativas en las que las usuarias del sistema público de salud puedan tomar decisiones responsables sobre las diferentes opciones, en lugar de ser obligadas a seguir una única vía de tratamiento que no cura las causas (con graves efectos secundarios) o nada (seguir con dolores y que avance la enfermedad).

– Políticas menstruales

Sí. Así escrito. La menstruación ha sido un arma política utilizada desde tiempos remotos así que ahora es momento de que nosotras nos ocupemos de gestionarla desde los diferentes agentes políticos. Necesitamos discutir largo y tendido, desde nuestro cuerpo menstruante, sobre la experiencia menstrual particular y colectiva en esta cultura. Para ello necesitamos educación menstrual previa porque de otro modo seguiremos escribiendo y leyendo nuestro cuerpo desde lo que nos contaron, en lugar de hacerlo desde lo que realmente vivimos (y que trabajamos por aprender a nombrar).

– Medidas que permitan el cuidado urgente y la transición a una cultura de cuidados

Tanto la cultura de cuidados como la educación menstrual precisan de un tiempo que muchas personas menstruantes con dolores no tienen. Si esta ley ayuda a que estas personas puedan ser atendidas, diagnosticadas y cuidadas en una medida mayor a la actual: bienvenida sea. Es cruel debatir sobre esta ley y negarla, si puede suponer un alivio a personas que se ven incapacitadas determinados días cada mes. Durante el tiempo que trabajamos para que nuestros cuerpos no sufran más dolores por menstruar en esta sociedad capitalista patriarcal, son fundamentales medidas que faciliten vías de cuidado. Yo seré la más crítica con leyes que se emitan desde una estructura de estado capitalista pero sé que mi trabajo como teórica menstrual no puede dejar en bragas a las miles de menstruantes y mujeres que agonizan por los rincones. Así que si hay medidas que permiten el cuidado MIENTRAS seguimos trabajando en pro de una cultura de cuidados, las apoyaré. Eso sí, si solo se queda en parche, no conseguiremos nada (pese a que ahora mismo tenemos menos que nada).

La realidad

La realidad es que menstruar duele (y no debería).

La realidad es que no nos creen.

La realidad es que no nos diagnostican a tiempo.

La realidad es que nos tratan sin poder elegir de acuerdo a nuestras necesidades y lo hacen de manera desactualizada (y sometida, en no pocas ocasiones, a concesiones con la industria farmacéutica. No hay nada más goloso que una mujer que además sufre una enfermedad crónica).

La realidad es que tenemos que dejar nuestro cuerpo en casa para demostrar en el trabajo que somos algo más que ‘mujeres’.

La realidad es que no tenemos ni idea de cómo funcionamos ni de las necesidades reales que tenemos.

La realidad es que cobramos mucho menos haciendo mucho más.

La realidad es que somos precarias.

La realidad es que tenemos doble jornada laboral.

La realidad es que aprendimos a odiar nuestro cuerpo por no parecerse al cuerpo que inventó la maquinita.

La realidad es que estamos bien jodidas porque nos dan a elegir sin tener elección alguna.

 

A estas alturas de la película, con 7 años dedicados a estudiar la experiencia menstrual como hecho biopsicosocial solo sé que:

Estoy a favor de mi (nuestro) cuerpo y en contra de cualquier sistema que atente contra él.

No voy a dolerme para entrar en un sistema que me escribe y lee como cuerpo de segunda y que me mantiene precaria, enferma y dependiente. No lo merece y por supuesto, no lo merezco. Es aquí donde encontramos la grieta para hacer palanca. Ni a favor, ni en contra. Más allá.

 

NOTA: Hay mucha tela por cortar. Mucho por debatir y muchos cuerpos menstruantes por conocer cómo es vivir la experiencia menstrual más allá de lo que hemos aprendido en el sistema patriarcal. Lo fundamental es buscar maneras que posibiliten habitarnos sin amputarnos, ni vivir ajenas a nuestras necesidades y realidades (personales y colectivas). Todo encuentro para llegar a cuidarnos será prolífico. Si, en cambio, vamos a seguir alimentado el sistema con contrarios, no estoy interesada en perder lo poco que tengo (tiempo) en discursos que sostengan el pensamiento binario y el statu quo de un sistema que me quiere ocupada en creer que yo soy el problema. Y puede que lo sea, pero no para mí misma, sino para el propio sistema. Eso seguro.

Cada viernes escribo para que conozcas un poquito más tu cuerpo menstruante.

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