¿Cómo ser cíclica cuando transitas la depresión?

Y yo me lo pregunto justo ahora que camino (a veces), me arrastro (otras) y me quedo quieta en el suelo mirando cómo los gusanos hacen boquetes en la tierra. Me pregunto tantas cosas al cabo de un minuto que la cabeza la pierdo en un vuelo sideral y me quedo a solas con este cuerpo que pesa (a veces) tiembla (otras) y suspira sin tregua (todas).

Mis tripas o nada.

Desde 2010 trabajo en torno al cuerpo menstrual con base en mi propia experiencia. Nunca me he atrevido a escribir o investigar sin haber estado ahí. El estilo de contar y no vivir no es el mío. Se me antoja ajeno, inútil y confuso. Si no hay tripas (las mías), ¿cómo puedo hablar de las tripas de las demás? Si no he transitado por ello, ¿cómo generar una relfexión teórica que sirva, mime y remiende?

Por este motivo (entre otros) dejé mi trabajo de doula (hace tanto ya).

Por este motivo no escribo sobre la menopausia.

Por este motivo (justo éste) me dispongo a escribir sobre la experiencia menstrual en el tránsito por el estado depresivo. O eso voy a intentar.

Apenas identifico mis fases.

Esta es la verdad. O lo que a priori parece una verdad. Porque sospecho que no es cierto. Sólo es una nebulosa, como una medusa en mi mente, que me impide prestar atención al detalle porque estoy sobreexpuesta a tantos detalles que me he colapsado.

Por ahora sólo sé…

que me habito en calma en Premenstrual y que sufro en mi Preovulatoria. Cuando el estradiol llega me desespero. Alguien en mí, mi Pre-O, desea hacer cosas pero se encuentra con una tonelada viscosa a la que llamar cuerpo y una mirada vidriosa que se rompe con su reflejo en el espejo del baño. En mí se libra una batalla. Pre-O salta pero el techo está tan bajo que ha de reptar por las costillas para no darse en la cabeza. No tenemos cuerpo para hacer-explicar-estudiar-rebatir-escribir-beber birra. En cambio, ya mutando a Premenstrual (mi favorita después de una vida odiándola) me siento hecha a medida. No me presiono, respeto mi ritmo larvario y me dejo ser.

La progesterona nos sienta tan bien.

En Diario de un cuerpo (Catedral, 2016) explico:

¿Cómo nos calma la progesterona?

Calma a nuestro sistema nervioso convirtiéndose en un neuroesteroide llamado ALLO (allopregnanolona) que actúa como el neutrotransimisor sedante GABAA, el cual promueve la relajación y nos induce al sueño. Wikipedia amplía la descripción: La alopregnanolona tiene efectos similares a otros potenciadores del GABAA como las benzodiazepinas, incluyendo actividad ansiolítica, sedante y anticonvulsiva. Las benzodiezepinas, aunque tengan un nombre complicado de decir de carrerilla, son medicamentos que estoy segura conoces. El diazepam o el lorazepam pertenecen a esta familia de medicamentos psicotrópicos. Así que de manera orgánica, durante nuestra fase lútea (o fase premenstrual) nuestro cuerpo genera una química concreta para estar más calmadas e incluso… sedadas.

Lara Briden (genia de nuestras hormonas) explica 7 superpoderes de mi bien amada progesterona en este artículo (está en inglés).

Ahora me dedico a ovular.

Podría ser la respuesta para aquellxs que me preguntan sobre mi trabajo. Bien vale la respuesta, pues ahora que transito esta enfermedad, he decidido ocuparme de cuidar de mi ovulación para conseguir una progesterona de calidad que me permita contar con su calmante química y nivelar, también, los excesos de estradiol que me traen por la calle de la amargura (literal).

En un mundo hiperestrogenizado,

apostemos por la progesterona. Para ello es necesario apostar por cuidar la ovulación, pues sólo al ovular conseguimos generar progesterona (la genera el cuerpo lúteo, este es el folículo una vez ha madurado y expulsado el óvulo).

Estos días en los que acepto a vivirme desde esta nebulosa eterna, me he propuesto abandonar la lucha que tanto estrés, dolor y angustia me genera. Me he cerrado a lo que me daña. Estoy aprendiendo a habitarme desde la vulnerabilidad más tierna. Buscando la manera de proveerme de lo que necesito, cuidando mi entorno porque éste modula mi química (y a la inversa).

La depresión tiene mucho de química.

La depresión tiene mucho de poesía.

En esto se parece tanto a la experiencia menstrual…

Mientras busco una pista que me permita habitarme desde este nuevo estado, decido ovular para mí, para engendrarme yo solita, para darme a luz cada día como dice Hélène Cixous. Nada de ovular para ser la madre de otres. Nada de temer a mi ovulación para mi no-maternidad. Voy a ovular alto y brillante para nutrirme, porque en estos tiempos de lágrimas y fantasmas necesito la mejor madre a la que puedo aspirar. Y ésta, sin duda: soy yo.

 

TE INTERESA: Este mes en Soy1Soy4: la Comunidad trabajaremos con el monográfico Ovulación, por qué es la clave y cómo ovular fetén. Además ya está disponible el material didáctico sobre habitarse en la depresión siendo un animalote cíclico.

Cada viernes soplo nuestras alas rotas. Si te suscribes, alzamos el vuelo ¿Te vienes?

 

 

Posted in: