La educación no ocurre comprando cursos.

y tampoco es gratis.

La educación es como un diosa antigua, en la práctica nadie la recuerda. En el día a día se ve superpuesta por el único Dios verdadero: el capital. Pero cuando todo se quiebra, cuando parece que no haya solución inmediata que medie, se la invoca. No sólo políticos en sus trajes casual-almidonados, sino la señora Manoli de la frutería y Javi el repartidor de SEUR se aferran a ella como la única solución. Todo lo soluciona ‘la educación’. Pero después, cuando la diosa aparece, nadie quiere hacer ‘el sacrificio’. Porque la educación nos interpela, nos demanda, porque sin nosotrxs, no ocurre. 

La educación, ¿qué es? (tranquilidad, que no  voy a soltar el rollo de pedagoga, pero ya va bien que las pedagogas hablemos de este tema (por cierto, quién mejor que una pedagoga para hablar de educación)) Hay muchas definiciones como en todo, pero yo siempre agarraré de la mano aquella que un profesor de la universidad me dijo una vez:

Educar es acompañar a una persona a conquistar su autonomía.

(Sí, podría ser crítica con esta definición pero es la que más se ajusta a lo que hoy quiero contar).

Acompañar a una persona.

La educación sucede en la relación.

Sí, puede ser sentando el culo en el sofá de tu casa (e-learning), sentando el culo en un aula (presencial) o caminando por un huerto urbano (experiencial). Pero en todas hay relación. Y es una relación en dos y tres direcciones: conmigo misma y con la persona que te acompaña (la primera) y con el grupo de iguales (la segunda).

En esa relación suceden ‘cosas’ previstas y propuestas por la que acompaña (aka educadorx) y ‘cosas’ imprevistas propias de la interacción. Todas ellas son susceptibles de llevarnos hacia donde la persona que es acompañada (aka educandx) desea llegar y donde la educadorx ha previsto que puede acompañar.

Suceden ‘cosas previstas y propuestas’ por la educadorx.

Sí, no hay nada al azar. Hay metodología, material, objetivos, contenido, etc. (que piensa, diseña y elabora la pedagogx -sí, somos seres útiles por si alguien había pensado lo contrario) En esa relación hay un deseo sobre la mesa puesto por el educandx y una responsabilidad de éstx por alcanzarlo. Por el otro lado, quién acompaña, tiene su deseo y responsabilidad de proveer de experiencias para que esa persona alcance su objetivo. Objetivo que responsablemente sabe que puede acompañar a alcanzar.

Acompañar no es volcar mi conocimiento de mi cerebro al tuyo.

De hecho, el conocimiento no se queda quieto en el cerebro, pero asumiendo esta idea gráfica, no es posible. Adoctrinar o instruir no es educar. Son procesos diferentes con mayor o menor ética (que ahí hoy no vamos a entrar). La cosa es que acompañar implica dar la mano por caminos que he dispuesto para que alcances lo que estás buscando. En muchos momentos vas a tener que confiar en mí, en todos los momentos tendrás que confiar en ti, así como yo he de confiar en tu capacidad y proceso. La confianza es fundamental para que la educación ocurra.

Una imagen que lo resuma podría ser:

Yo ya he estado en ese lugar y voy a acompañarte a llegar a él, atendiendo a tu paso, a tu pie, a tu bagaje, porque sin duda, llegarás por lugares diferentes al mío, pero la primera parte del trecho te voy a acompañar. Después serás capaz de seguir tu rumbo porque te encontrarás con otras personas haciendo el camino como tú. De hecho, yo, también tengo mi propio camino, porque estar ahora acompañándote no significa que tu compañía no me esté educando a mí también, ni que no necesite que otras personas me acompañen.

Conquistar su autonomía

La autonomía es un invento masculino patriarcal cimentado en la dependencia del cuidado que proveen, por cuestiones de género, no por designación biopsicodivina, las mujeres (Almudena Hernando tiene mucho que contarte sobre esto). Sin relaciones de dependencia cubiertas por las otras no sería posible sostener la autonomía. Así que conquistar la autonomía no deja de ser una utopía que no reconoce el valor y la potencia de la relación. De hecho la relación es lo que permite conquistar la autonomía (contrarios, eh?) PERO salvaguardando esta tremenda crítica, en la educación lo que se persigue es que la persona acabe caminando por sí misma o pudiendo elegir sus compañerxs de viaje. Pongamos que autonomía es capacidad de hacer elecciones y llevarlas a cabo (que hacerlo o no ya depende de cuestiones económicas y otros aspectos nada desdeñables, tomar decisiones ‘libres’ siempre ha costado dinero). Siendo así, la educación no provee únciamente información sino que acompañada en el proceso de generar conocimiento. La educación acompaña en la reflexión, educar también es enseñar a pensar de manera crítica, esto es buscar la voz que te diga, para dejar de ser dicha.

¡Oh, la educación es una diosa milagrosa!

Como pedagoga se me ve el plumero en esto de amar profundamente la educación. Pero como en todas las relaciones, la realidad es otra. No tanto por cuestiones de amor romántico, sino por mercantilización del proceso educativo. Nadie a día de hoy (algunxs profesionales sí lo hacen y algunxs tampoco quieren, es verdad) reflexiona sobre el proceso educativo. Nadie apenas genera conocimiento crítico en torno a éste. Como máquinas, la gente ejecuta porque no hay recursos. Cierto, no hay recursos para la diosa antigua porque la educación tiene lados tremendamente ‘oscuros’:

  1. No es cortoplacista. Requiere toneladas de compromiso por todas las partes y no ocurre en 1 semana ni en 1 mes. Es un proceso y en esta sociedad todxs sabemos lo que odiamos los procesos.
  2. No es efectista: Si mueves esto no hace eso. Ocurren cosas previstas e imprevistas. Es una relación que toma tiempo y que nunca lleva al lugar que hemos imaginado al comienzo. En muchos casos se va más allá pero en otros no.
  3. La educación genera personas críticas. Y acabarán siendo críticas no sólo con su proceso educativo (esto es un éxito, es como quitarle los ruedines a la bici) sino críticas también con el sistema. Y no, el sistema no quiere halcones de alas grandes, quiere ovejitas be-be.
  4. No es gratis.

La educación no es gratis.

De hecho ‘gratis’ es un eufemismo para decir que alguien, que no eres tú, está pagándolo. Es doloroso ver cómo en esferas no políticas también se da la idea de que educar no debería costar dinero (a una de las partes, porque siempre hay una que asume los costos). Esto es, que la relación educativa ha de ser como los cuidados, algo que unx entregada haga por amor. Porque sabemos que cuidar, tener sexo y acompañar en el proceso educativo ha de ser hecho por amor. No soy ni seré la primera pedagoga a la que le espetan que no ha de cobrar por su trabajo. Debe ser porque la figura del pedagogo (era hombre) era la del esclavo en la antigua Roma que acompañaba a los niños y jóvenes de su amo en su proceso de aprendizaje. Será que como heredera de una práctica de esclavos debo hacer lo mismo. En este hecho se cruza la cuestión de género (en todas se cruza pero aquí quiero destacarla). Acompañar a mujeres/personas menstruantes a conquistar su autonomía con respecto al ciclo menstrual y el uso/gozo/disfrute de su propio cuerpo debería ser un proceso en el que yo corriera con todos los costos (esto es gratis).

Invocamos a la educación como la diosa antigua que debemos recuperar pero la queremos libre de mácula. La queremos anarquista y autótrofa (sobretodo autótrofa). Como diosa que es, queremos que prescinda de los alimentos. Y pedimos en su nombre que sus sacerdotisas hagan lo mismo. Eso sí, a los sacerdotes no. Porque ellos crearon en el templo llamado Academia y la Academia (diosa de barro frente a la diosa Educación, también he de decirlo) merece el vil metal. Y diré que quiénes demandan que las sacerdotisas no cobremos no han sido los hombres, sino que en su nombre, algunas mujeres nos exigen esto. Como los cuidados y como el sexo, educar desde un coño ha de ser sufragado por el coño que lo genera. Desde el amor a la humanidad y el amor a la profesión y el amor a la diosa educación. Amor incondicional que hace que nos alimentemos de los rayos de sol y libemos de las estrellas de la mañana…

Por supuesto no se trata de educar desde un coño, sino hacerlo desde éste y además haber sido éste el que genera el conocimiento. Porque una profesora de mates HA DE cobrar su salario mensual. Pero una pedagoga menstrual (hablaré de mí) no. Sólo si la Academia me arropa podré hacerlo. Si no, he de …. no sé…. todavía no me han resuelto este problema.

Queremos, además, que la educación sea independiente. Que no esté mancillada por los lobbies. Y la queremos de calidad. Y gratis. En mi caso, esto es yo sufrague todos los gastos que genera el proceso educativo (horas y mucho dinero en  -el tiempo cuesta dinero en este mundo- el proceso de recolección de información, procesamiento, generación de nuevo conocimiento, diseño del método, elaboración de contenido, creación de plataforma, programación, diseño gráfico, soporte técnico, alimento,, habitación de trabajo, electricidad, ordenador, internet,  papel de culo…) y no acepte jamás de los jamases subvenciones ni aportaciones ni del Gobierno regente ni de las grandes empresas (en mi caso serían farmacéuticas y la industria de la higiene femenina).

¡Es un pájaro! ¡Es un avión! ¡Es la pedagoga menstrual que vive del aire!

La educación no ocurre comprando cursos.

¡Mierda! ¿Qué hacemos ahora? De un tiempo a esta parte todo kiski hace dinero con la formación. En mi universidad, en la que éramos las últimas 13 pedagogas (Deusto, fui a Deusto) hubiésemos flipado ante la idea de vivir creando cursos. La formación nunca ha sido un bien de consumo como ahora. Y no hablo del bien de consumo de las máquinas expide títulos de la universidad. Hablo de vivir directamente de crear el material educativo sin pasar por una editorial de libros de texto o de software. Ocurre que (en este país especialmente) quién vende cursos formativos, no tiene ni idea de educación. Sí, porque el Dios todopoderoso que apartó a la diosa educación del camino, hace creer que todo el que sabe puede enseñar. Asunto que es falso por sí sólo y que asimila la educación (acompañar a conquistar la propia autonomía) a un Mc Donald’s. Si nunca nos pondríamos en manos de una auxiliar de clínica para que nos opere de apendicitis (porque ella sabe de medicina y total si sabe algo ya lo sabe todo), ¿por qué acabamos en manos de joviales emprendedorxs que lanzan cursos de tal o de cual sin tener ni idea del proceso educativo ni de lo valiosa y necesaria que es la relación entre quién acompaña y es acompañadx? Pues porque lo que se vende no tiene nada de educativo, tiene más de curapupas, que es lo que realmente andamos buscando: presuntos resultados inmediatos que me sirven para lo que quiero conseguir ahora. Y es que, aunque nadie se lo crea, hacer que la educación ocurra tiene mucho trabajo de artesana del gremio. Cada elemento que se utiliza o se declina es una decisión rumiada durante largo tiempo y basada en criterios. Va a ser que la formación (que no es per se educativa) no la puede hacer cualquiera. Como cualquiera no puede crear un motor, ni diseñar un puente.

Por otro lado comprar un curso (o embarcarte en una experiencia educativa, que es lo que yo diseño) no educa per se. Primero, porque como he señalado, puede que de base no tenga intención educativa sino intención puramente económica, con lo que no hay base para ser acompañada en el proceso de conquistar tu autonomía haciendo lo que te hubieses propuesto. Y segundo, y muy importante, que sin la acción de lx educandx no ocurre nada. No se trata de comprar y guardar. Como hijas de esta cultura esperamos que todo sea inmediato, y claro, la formación (ya no diré educación que son palabras mayores) ha de ser inmediata. Sin ti, no vas a aprender. Es de cajón de madera de pino pero no serás la única en creer que por comprar ‘algo educativo’ aprenderás o que por pagar la cuota del gimnasio adelgazarás. Nos han adiestrado así (que no educado). Así que comprometernos con el proceso educativo va a costar. Especialmente porque vamos en contra de lo que hemos aprendido sobre aprender.

¿Quieres decir que la educación es exclusiva de lxs profesionales de la educación?

Quiero decir que la educación sí corresponde a lxs profesionales de la educación porque, en serio, parece que no pintamos una mierda, y de verdad, pintamos y deberíamos pintar más. Por otro lado, alguien podría decirme (yo misma me lo digo) ¿y las madres? ¿No llevan la vida educando?. Históricamente depende y depende de las clases sociales. Ahora bien, sobre educación menstrual diré que muchas madres han podido llegar a instruir (que no educar) a sus hijas y muchas de ellas lo han hecho en contra de sus cuerpos, en pro del sistema. No hay malicia en este hecho, pero no hay acompañamiento a la conquista de la autonomía por ninguna parte, hay un ‘Eres mujer, esto es lo que hay, funciona así y punto’. Así que en este caso concreto la educación menstrual no ha sido materia de madre. Y se debe a que ellas mismas tuvieron que aprender así para sobrevivir en este mal pretendido mundo lineal. Es necesario que mujeres investiguen, generen conocimiento y acompañen desde este saber a otras mujeres para que podamos extender la cultura menstrual y que las madres y no-madres puedan educar.

¿Y los grupos de self-help?

En ellos siempre la educación ha sido la base. En la mayoría siempre hay alguna maestra, profesora o mujer relacionada con la educación, así que sí, en estos grupos, las profesionales de la educación tenemos mucho que decir y hacer. Porque de nuevo es necesario que haya alguien reflexionando sobre cómo se desarrolla el conocimiento, sobre qué bases, de qué manera., qué contenidos… Nunca haría elegir entre mi cerebro y mi mano derecha, lo mismo  me pasa entre pedagoga y educadora.

Es una locura explicar que mi trabajo consiste en crear experiencias educativas

(que no cursos, los cursos diseñados por pedagogxs/educadorxs serían formaciones y no tienen que ver con los cursos que se venden a tutiplén). Ahora, en este nuevo proyecto que me embarco: la primera comunidad educativa en el mundo sobre ciclo menstrual, siento realmente haber llegado al punto que llevaba años buscando. Y es que como he contado, crear el entorno adecuado necesita de tiempo, dinero y sobretodo, conciencia colectiva (formada previamente) para participar en ello. Hace 6 años era impensable, en este camino, que un grupo de mujeres trabajase desde su cuerpo a partir del conocimiento creado por una mujer menstruante. El proceso educativo entonces fue el de investigar y acompañar en pequeños grupos de manera puntual (talleres). Más adelante pude divulgar el nuevo conocimiento y trabajar con mayores grupos y en relación a uno (blog y sesiones on line). Pero todas las relaciones educativas tenían una fecha de caducidad. Eran las relaciones (por entonces imposible de sostener en el tiempo ya que soy un animal finito ¡fallo! lo sé) que no el conocimiento (el cuál diseñé para que durara por muchos años) lo que terminaba.

El secreto de la educación está en la relación

ya que sin ésta, guardamos lo aprendido en un cajón y lo dejamos enterrar por la abrumadora rutina. El cambio deseado no se sostiene sino se retroalimenta del vínculo.(Salvo un grupo minúsculo de entrenadas autodidactas muy pocas personas pueden prescindir de la relación educativa e incluso las personas autodidactas acaban necesitando crear una relación educativa con unx educadora).

Ahora que hay un buen número de mujeres y personas menstruantes activas en su proceso de conocimiento (más de 10 mil)  y con una práctica iniciada, es el momento de acabar con la fecha de caducidad en la relación educativa. Por fin, he podido crear aquello que pedagógicamente sé que es lo mejor. Una comunidad educativa para compartir, aprender y crear. Donde acompañarlas no expire y donde ellas puedan encontrar compañeras para acompañar y ser acompañadas. Esto es educación ¡Yeiiii!.

Confieso tener en mi pecho una bomba de relojería. En cualquier momento va a explotar. Sé que no es rentable hacer lo que estoy haciendo (mierda de emprendedora) pero es lo único en lo que invertiría mi vida y capital (adiós poqui-ahorros, me los he gastado todos).

Educar es sagrado. Sí, coño, lo es. Y es un acto sagrado de humanxs. Esto es que será impredecible y sucio y molesto en no pocas ocasiones. Pero también será mágico y tierno y luminoso como un domingo soleado en la cama. La educación es esa diosa antigua a la que una ferviente atea como yo le rinde pleitesía y le paga con el trabajo-ilusión de toda una vida (cruzo los dedos para no dar con mis huesos en el rincón de las ilusas rotas).

NOTA marzo '17: La Comunidad Soy1Soy4 tiene ya 18 meses. En este tiempo, el 85% de las que se apuntaron el primer día siguen hoy con nosotras. Juntas no sumamos. Juntas multiplicamos.

?? SOLO HOY: Quedan 14 plazas en Soy1Soy4:la Comunidad. +info

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