La fase preovulatoria: el chico que también eres

Fase preovulatoria

Suena raro.

Hasta que no comencé la aventura de investigar las fases del ciclo menstrual no tenía ni idea de esta fase y mucho menos de lo que comportaba. Todas las fases hormonales del ciclo menstrual comprenden cambios a nivel físico, emotivo y mental. Los cambios hormonales influyen directamente en el comportamiento y éste influye en la química hormonal. Los estrógenos en un nivel determinado provocan reacciones físicas determinadas que en un contexto/entorno específico generan cambios anímicos y mentales que, tienden a ser comunes a una comunidad/ grupo.

Releo la frase y siento que estoy escribiendo un prospecto. Un prospecto que molaría infinito haberse leído años antes de comenzar en esta aventura (a veces, mortal) de menstruar (en esta sociedad).  Pero que no deja de ser algo ilegible. La cosa es ésta: los bailes químicos de nuestras hormonas sexuales provocan una serie de alteraciones que dependiendo de la cultura aprehendida nos provoca un sentimiento, un pensamiento y un comportamiento más o menos común con otras personas menstruantes.

Vale. Tampoco está más claro ¿no?

Pues que cuando estás a punto de tener la regla te sientes tremendamente diferente a 3 días después de que ésta haya terminado y que alguien tiene que venir a decir bien claro que esto es una realidad y no una cosa de locas que sólo me pasa a mí.

Hola- soy Erika y vengo a decir que tienes toda la razón amiga. No estás loca. Es cierto-verídico que la encabronada que llora y aúlla 2 días antes de la regla no es la activa-pitagorina que galopa al viento 3 días después de ésta.

– Mejor así ¿verdad?- Entonces seguimos.

Fase preovulatoria.

Sigue sonando raro pero nos ubico: es la fase que viene inmediatamente después de la fase menstrual (después de la regla pero no ha de coincidir con el final del sangrado). En esta fase los estrógenos van subiendo hasta llegar a su cota más alta (un día de éstos os halaré también de la testosterona). En uno de nuestros ovarios, los folículos son excitados hasta que uno es el elegido para ser taaaaan excitado que acabe madurando y expulsando un lindo y brillante óvulo (esto ya da paso a la fase ovulatoria). Pero de nuevo, perdóname, que me pierdo en la clínica y esto no es lo que yo quería explicar. La fase preovulatoria, que yo la presento como la Indomable, es ése momento en el que  sentimos que nos vamos a desayunar el mundo. Explotamos, a veces con tanta intensidad que nos hacemos daño.

¡Oh, espera! Nos hacemos daño no porque explotemos. Nop. Nos hacemos daño porque nos damos de bruces con lo que este sistema espera de nosotras. Esta fase yo la explico como la fase masculina (detesto utilizar el binomio masculino- femenino pero nos sirve para entendernos, así que lo seguiré utilizando) porque es aquella en la que clamamos por tener un espacio propio, necesitamos la autonomía como el comer, nos suele apetecer hacer cosas solas y sesudas además de mover mucho el esqueleto. A muchas nos pasa que es un momento en el que nos importa una mierda parecer bordes, podemos calzarnos unos vaqueros rotos y unas deportivas y tirar millas. Es una fase en la que hacer lo que nos sale del coño es la máxima prioridad (bueno esto ocurre con cada una de las fases pero en ésta la necesidad es imperiosa). Todo esto se califica como “masculino” porque los hombres son aquellos que tienen el privilegio de autonomía, desarrollo intelectual, actividad intensa y vivir media vida dentro de los mismos vaqueros (hasta que la barriga cervecera los separe). En cambio de nosotras se espera que hagamos todas estas cosas pero siempre con dulzura, con elegancia, con la medida justa. Pero vamos, que no me voy a extender en lo que ya sabemos (cuerpos privilegiados frente a cuerpos diseñados por éstos).

Ocurre que en la preovulatoria una puede sentirse muy incómoda con sus ganas de ir a su rollo. Sobretodo si una tiene personas a su cuidado como pueden ser hijxs, enfermxs, personas mayores. Pero no es necesario tener a alguien a quién cuidar para sentirse fuera de lugar (el lugar de la mujer es el de estar disponible y justo la preovulatoria está de todo menos disponible para lxs demás) ya que una de las experiencias más mierder que me he encontrado en este momento, es el de ser percibida como una intratable/ bicho raro por los hombres del entorno (la premen tampoco les cae muy bien). Y es que cuando la Indomable aparece, muchos tíos se hacen caca encima (que sí, que sí) porque la que tienen delante es “un tío”. No está la chica amable y tolerante que siempre dice: jummm sí, vale. Lo que tú digas. Ni la que se queda horas y horas a escuchar la última aventurita del curro. Está la que se muere por pirarse al cine sola, quedar con sus colegas, correr por la calle desierta, encerrarse en la habitación y morir por éxtasis onanista. Aquella de los ojos brillantes que le suda el reflejo del espejo porque tiene tantas cosas apasionantes por hacer que no le alcanzan las horas del día. La misma que vuelve a ponerse la camiseta de Guns ‘N Roses (y no porque los hipsters lo hayan puesto de moda) mientras se desgañita cantando Welcome to the jungle. Ésa que si le respondes con dejadez o altanería te manda a pasear con tu madre-la-calva, sin una gota de vergüenza o culpa. Aquella corredora que te encuentras por las calles de tu ciudad que va a mil por hora, escuchando dubstep como una posesa, y una sonrisa desafiante en una cara roja a punto de explotar. La misma a la que vas a contarle un problema y te mira mordiéndose la lengua pensando en que no se le puede olvidar hacerse con la última publicación del último estudio feminista sobre la transexualidad en los pollos sexuados en la China Oriental.

A esto llaman ser un tío. Hay otras personas que califican estos comportamientos de egoístas (y los tíos son tíos en tanto que miran por ellos ¿no?) Eso sí, las mujeres pueden ser ciertas cosas pero egoístas, egoístas NUNCA). La cosa es que muchas mujeres se sienten altamente incómodas porque el deseo y comportamiento de esta fase no está aprobado por la cultura en lo que al género y sexo femenino se refiere. Con lo que se inhiben. Una mujer-adulta (esto son palabras mayores) ha de saber modularse. Si tienes ganas de ir a tu rollo ¡olvídate! porque esto es propio de las mujeres inmaduras. Si no quieres escuchar el último problema de tu amiga-la-que-siempre-siempre-tiene-problema-nuevo-que-estrenar, lo haces porque eso, ESO, es lo que las mujeres-adultas hacen. Y es que uno de los mayores miedos de una treintañera es seguir siendo vista como una adolescente o peor, como un híbrido de niñata con aires de machorro. Pues diré que la etiqueta mujer y adulta no dejan de ser grilletes que frustran, inhiben y generan malestar físico/emotivo/mental sobre nuestro cuerpo. La fase preovulatoria está para ser vivida con toda intensidad. De hecho es la que tiene las cosas más claras en lo que a decisiones racionales se refiere. Pero claro, hacernos caso y actuar de este modo supone desafiar los roles de género y la representación de sexo que hemos aprehendido. Es que esto del género y del sexo son ficciones, representaciones que, a fuerza de repetirse y regularse, construyen la ficción que llamamos realidad. Los cambios hormonales del ciclo menstrual permiten la experiencia de atravesar los roles de género cada 5-9 días (apróx). Permiten crear ficciones más trepidantes, tiernas y disfrutonas. Lo que ocurre es que esta travesía pasa totalmente desapercibida porque la desconocemos y como resultado, no la traemos al pensamiento para poder repensarla y devolverla al cuerpo para ser vivida con la intensidad que se merece.

Habitar el propio cuerpo comprende la confrontación con lo aprehendido de manera visible y lo integrado de manera velada.

Así que si en la

Fase preovulatoria 
-Ahora mejor ¿verdad?-

nos da por desbocarnos, encerrarnos en la biblioteca, calzarnos de nuevo las Doc. Martens, comprar una entrada para ir a ese concierto sola-solita-sola, no vamos a poner freno. Una fase vivida al completo es signo de salud, es beneficioso para nuestro organismo y es garante de autonomía corporal y revolución colectiva-personal.

 Día 9: fase preovulatoria

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