La puta vaca se va a estrellar

Gracias por ser humana.

Leo en uno de los cientos de emails que recibí en respuesta a un email que escribí hace 2 viernes pidiendo ayuda.

Hace mucho tiempo que no escribo aquí, directa, desde mis tripas. Y no lo hago porque no me da la vida, ni el tiempo, ni las ganas  de exponerme sin más filtro que un puto clic de ratón, ni los dolores aún por digerir. Desde este octubre estoy viviendo en una pesadilla de la que sólo sé la fecha de inicio y apenas si se huele la fecha final. No, en realidad nada se sabe de cuándo terminará ni si mejorará el sueño, cuando éste termine. Bueno, sueño no, la realidad o un gran pedazo de ésta.

Llevo muchos días herida, sangrando por el sofá de mi casa, buscando sonrisas entre los pliegues del sofá, donde sólo encuentro: migas, pelusas y pelos de gato. Ah, y un gusanito rancio. Me digo: ‘escribe’.  ‘No hago otra cosa’ me respondo. Y es que he conseguido vivir de mis palabras y ocurre que ahora, ya no me siento viva en ellas. Ellas me permiten pagar la comida pero ya no me alimentan. Y lloro. Lloro de rabia. Lloro de miedo. Lloro por no llorar. He aprendido a hacerme entender pero yo escribía para entenderme, para filtrar la mierda y hacerla digerible. Ahora hay tanta tanta tanta mierda que no hay ni tiempo ni capacidad para filtrarla. Por eso me centro en escribir lo que he de escribir. En explicar lo que he de explicar. En decir lo que he de decir. Y yo, por dentro, me revuelvo.

Me digo: ‘Erika, escribe sobre lo que les interesa de verdad’. Y entonces me siento a trabajar un tema y decido, dependiendo de la profundidad a dónde va:

Ya no tengo FB personal. Me harté de depender emocionalmente de personas que no sabían a qué olían mis pedos ni cómo sabían mis lágrimas. Creé un espacio virtual donde otros bichines sintientes pudiesen sentirse más suave y blandito (la Comunidad). Si no te gusta lo que te dan, dátelo tú y facilita espacios para darlo. Ésta es una de mis máximas. Desde julio del año pasado me he ido curando de mi extrema exposición. Sólo me abro ante aquellas personas que, presumo, van a querer acoger lo que llora-ríe-tiembla dentro de mí. De ahí el trabajo abisal de la Comunidad. De ahí el pirarme del FB. De ahí el abrirme, como un grifo con la goma gastada, en las newsletters semanales. Sí, lo reconozco: goteo; pero me automatizo para mantenerme pegada, si no hago esto, si no hago esto,

SI NO HAGO ESTO

estallaré en mi pedazos. las piezas se perderán. y no

NO

estarán debajo del sofá.

Gracias por ser humana, decía.

Y algo cruje tan dentro que duele. Quema. Satura. Vacía. Nunca me dibujé como humana. Un híbrido de libro con patas y corazón de esponja. Eso sí ¿Humana? Demasiado saturada de mierda, demasiado blanda-roca como para tener humanidad en mis branquias.

Pienso en el jovencito Frankenstein. Pienso en cómo, cuando todo nos salía al revés, clavaba mi pupila en Ibontxu y le decía: ‘Podría ser peor… podría llover.’ Y reíamos.

Reíamos.

Ya nunca digo ‘podría ser peor’. Porque sé que puede y sé que lo será. Ahora Murphy desbanca al científico loco. Todos hemos crecido. El jovencito Frankenstein, Ibon y yo. Los 3 sabemos que si algo va mal, no se ha de tentar a la suerte. Toca hablar por encima para no nombrar, porque si nombras, siembras la semilla y riegues o no: germinará.

3 días antes del que pensé iba a ser uno de los peores días de mi vida, 2 de mis grandes sueños de infancia-juventud se cumplieron. Uno de ellos eran un par de botas. El otro, ya lo conocerás.

En el horror pueden suceder los sueños más deseados. Es entonces cuando o pierden su brillo o éste se convierte en el único hilo que te ata a un pedazo de vida mierda free.

Mientras, sigo escribiendo porque

es mi trabajo.

es mi compromiso.

es lo que …

auf.

Escribo en mitad del torbellino para no salir volando pero creo que, en algún momento, iría bien salir volando y estamparme contra el cristal. A veces rezo por ser la vaca que sobrevuela el pueblo desde el centro del tornado. Tan pesada y tan ligera a la vez. Tan cagada de miedo por la muerte inminente como por el placer de volar por vez primera.

Pero no soy la vaca.

Aunque sí que hay tornado.

Soy la humana que no se sabe humana pese a ser ‘tan humana’.

Las humanas no nos dejamos arrastrar por los fenómenos meteorológicos.

Las humanas nos encerramos en casa y miramos por la ventana cómo la vaca-y la vida- pasa.

He vuelto a meterme en las tripas de la música.

Yo era la chica sentada en el pórtico de la iglesia del barrio, con el cordón umbilical unido a un discman barato-destartalado. Sin música, sin libros, sin libretas y sin bolis pentel color azul yo, Yo, YO habría muerto (o matado y después muerto). Ahora vuelvo a mi único útero materno. El único que no me ha levantado la piel para churruscarla después y comerla como panceta: el arte. No el arte de las exposiciones guayonas de artistas emergentes que nadie mira para no poner cara de limón. Hablo del arte que se te mete en el cuerpo desde que eres un pequeño mico encerrado en tu habitación (porque la vida fuera de ésta es un infierno). Sólo que, ahora como me dedico a las palabras, leer se me antoja un trabajo más. Por eso la música es mi único ancla.

Ella y el hombre con el que me casé. Hombre con pene-pito y cara de hombre, pelo de hombre, barba de hombre (adolescente) y corazón de unicornio cagapurpurina. Pero hombre al fin y al cabo. Y mastico mi teoría y se me desborda por la boca. Y decido que, cuando una está rota, lo más idiota que puede hacer es teorizar. Y es lo que siempre hago para no ahogarme en la práctica de la realidad. Pero miro cómo las grandes madres del feminismo son sólo reflejos, tan bonitos e inciertos como los brillitos de una lámpara de cristales. Me aislo. Me hago un ovillo en los brazos (no muy) peludos de Alex e Ibon. ‘Estás defectuosa’ me digo. Lo sé. Siempre. Ya está bien así. Cuando una es un pedazo de pulmón no ha de preguntarse de dónde carajo llega el oxígeno.’ Esto va de vivir’, me respondo.

Alex me ha regalado un tocadiscos Technics de ésos que apestan a discoteca a las 7 de la mañana. Ya no tengo discman. Se rompió.

No, las cosas no van bien.

Pero seguro que a ti tampoco. Eso me digo. ‘No eres la única desbordada’. Minimizo mi dolor por vergüenza y sobretodo, sospecho, para hacerlo digerible. Es como comer las putas coles de Bruselas. Las desmenuzo meticulosamente para poder tragármelas. Así hago con todo. Me digo: ‘Erika, no seas niñata’. Y trago. Y trago. Y trago.

Tengo miedo, porque estoy empezando a tener arcadas. Esto significa:

que voy a dejar de tragar.

que voy a vomitar.

que voy a empezar y no voy a parar.

que no podré escribir nunca más.

que desatenderé mi compromiso contigo.

que no comeré.

que no tendré para comprar comida.

Mi tía me dijo anteayer: ‘Hija, tú vives de lo que hay en tu cabeza.’

Y me vino el sabor amargo del vómito a la boca.

En mi cabeza, ahora, sólo hay rabia. Toneladas de mierda. Y yo:

escribo sobre la fase menstrual y diseño material y trabajo duro en el reluciente y majestuoso nuevo proyecto.

y me digo: ‘así lo hacen todas, todas trabajan aunque no puedan respirar ¿Por qué te crees más especial?’

Gracias por ser humana.

A ti, por ver más allá de lo que me atreví a pronunciar en aquel email. No sé si lo que hago es humano, a veces siento que es absurdamente animal. No puedo más. La goma se va a romper. La vaca se va a estrellar. Y es posible que yo siga explicando cómo funciona el ciclo menstrual.

pic

En un tiempo dudo que vuelva a abrir las compuertas de mis tripas. En las newsletters de los viernes lo hago con mayor frecuencia porque hay más intimidad. Si te apetece acoger las idas-venidas de la animal humana que dicen que soy, será un placer hacerlo con alguien como tú.

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