• aside

Pido perdón

Os he engañado. Todo este tiempo, os he estado engañando. Cada vez que he escrito un email o una entrada he fingido. Lo siento. Porque todo este tiempo he mirado y remirado mis escritos para mostrar algo que no soy: perfecta. Desde pequeña he tenido una obsesión: ser perfecta. ¿Para qué? Para que me quisieran y también para que no se rieran de mí (no más de lo que lo hacían). Como siempre he encontrado en la escritura el espacio para ser 100% yo, me volví una picajosa de las faltas de ortografía y de las erratas varias. Bueno, todo el mundo lo es o le enseñan a serlo. Por ello cada cosa que he escrito la he revisado para que no se me cuelen palabras mal escritas. Y cuando se me cuelan (oh sí, las diosas juegan conmigo y me enseñan a ser humilde) hay algo que arde en mi pecho. Literal.

Por (des) gracia para mí, este enero cuando ya estaba en revisión/corrección del libro surgieron varios incidentes que me generaron niveles de angustia y estrés brutales. Las vivencias de entonces me nublaron por completo y el proceso de parir a la criatura fue duro, complejo y muy diferente a lo planeado en mi bonita cabezota (similar a un parto humanoide). Cuando me pusieron al pequeño en mis manos, después de la impresión final, entre en pánico. En él había erratas. Quería morirme. De hecho quería prender fuego a los 1000 ejemplares y a mí con ellos. Me pase literalmente 23 minutos aullando de dolor. Ni Alex, ni mi padre, ni mi madre podían calmarme. Me lancé a mi muro personal de FB y escribí que en mi libro había erratas. En seguida mis contactos me hablaron de que esto era lo común y lo humano. De hecho uno de ellos, Ismael Llopis mi queridísimo amigofotógrafo, me habló de que en las ediciones musulmanas siempre aparecen erratas cometidas a propósito porque sólo Alá es perfecto. Me calmé. Pero seguí sin poder abrir el libro hasta hoy.

Porque ¿sabéis qué? Cada vez que abro mi libro me doy cuenta de que soy humana y eso me mata. Detesto sentir que yo también me equivoco y que también soy falible. Y que lo soy, no sólo de boquilla para caer bien, sino que lo soy en la realidad, en mi día a día. Cuando hice la entrevista a Virginia Rodrigo hablamos mucho de la mujer perfecta. Pero no cómo concepto sino de nosotras como aspirantes mediocres de diosa. Reconozco con toda la vergüenza del mundo que yo opino de mí misma que yo, YO, jamás (de los jamases) puedo equivocarme. Vosotras sí, podéis.De hecho no hay problema en que así ocurra. Peor yo no. Y ¿por qué no? porque soy una ególatra de cuidado que cree que está por encima del pelo. Por eso mismo. Así que cuando abro mi precioso libro (porque es bonito hasta decir basta) me recorre una ira descomunal. Es ira manchada de vergüenza y aderezada de narcisismo del cutre. Pero es lo que hay. Y yo, quiero que deje de ser así.

Autoeditar tu propio libro es un trabajo demasiado gigante. Es titánico. Aprendes muchas cosas (qué comentario más típico, ¿eh?) pero de lo que más aprendes, o al menos yo, es de mí y de mis miserias. Llevaba meses queriendo escribir sobre esto pero no me salía. Especialmente porque la idea era pediros perdón por no haber sido perfecta y haber tenido erratas pequeñas y menos pequeñas. Pero la verdad es que no me convencía. Y no me convencía porque en realidad por lo que os quiero pedir perdón es por haberme dibujado en mi mente mejor que vosotras. Por haber pretendido desde el primer día asombraros con mis grandes capacidades y mi atención minuciosa a cada detalle, ocultando mis errores más humanos, menos graciosos, más comunes. La cosa es que nunca os he conseguido engañar. Y me alegra. Sé que muchas habéis visto las cagadas y cagarrutas que he hecho y habéis comprendido a la primera que soy una mortal más con deseo rancio de inmortalidad. Sé que no necesitáis ni queréis que os deslumbre pero yo, hasta ahora, no he podido evitarlo. Quería mostraros esa parte de mí que me gustaría ser todo el tiempo pero que no soy. No siempre No todo el rato.

El libro me ha regalado toneladas de humildad. Estoy en el proceso de no avergonzarme de él, en todo caso, avergonzarme de mi deseo oculto de parecer la más mejor. La impoluta. La perfecta imperfecta. Os aviso que no me he curado aún de este síndrome de diva celestial pero deseo que sepáis que estoy en el proceso. Yo soy como vosotras, falible y me equivoco. Equivocarse no es malo dicen pero en mi fuero interno siempre he añadido “pero yo no lo hago” ¡Qué melona estaba siendo! Al creerme más que el resto, estaba equivocándome taaaaaaanto que mi mierda no me dejaba ver. Ahora veo. Ahora entiendo. Ahora, os pido perdón.

Ahora, estoy mejor. Más mejor.

Día 14: ovulatoria

Pic de Designspiration

Por cierto, si queréis disfrutar de este imperfecto y precioso libro que tanto me está enseñando, lo encontráis en el pack veraniego molón.