Tengo que decirlo

Me siento en mi escritorio de psicóloga. Títulos en la pared, manual psiquiátrico sobre la mesa. Entra mi paciente. Mujer fuerte, de mirada salvaje, con trastorno de personalidad. ¿Con trastorno de qué? De personalidad. Nos observamos desafiantes. Quién soy yo para etiquetarla a usted, quién es usted para dejarse etiquetar por mí. 

He conocido a muchas mujeres en mi vida, empezando por mí misma. Y cada vez se me da mejor diferenciar a una bruja de una humana. Bruja como mujer empoderada (no saquemos los términos de contexto como hicieron nuestros -míos ya cada vez menos- líderes religiosos). Y también sé reconocer a una loba entre las brujas. Las brujas somos mujeres revolucionarias, sabias, fuertes, sin tapujos, con conocimientos que a veces asustan… con poder femenino, en resumen. Pero joder, las lobas son brujas que ya se cansaron de tanta charla y han pasado a la acción. A la acción de lo salvaje. A plantar cara a este tonto mundo, mundo tonto. Si veis a una mujer enseñando los dientes, ésa es una loba. Y mi loba estaba apunto de morderlo todo.

“¿Qué haces en mi consulta?”, le pregunto. “Aquí sólo vas a probarte trastornos como si fuesen vestidos de fiesta. Y tú y yo sabemos que prefieres ir desnuda”. 

Las brujas aún vestimos ropajes, a veces incluso cubrimos nuestro rostro con ellos. En parte seguimos estando dentro del rebaño, aunque seamos las ovejas negras. Aunque sepamos más que el amo. Las lobas ya no quieren abrigo porque éstos no para los golpes, y no hay nada que caliente más a un cuerpo que un golpe.

“Si entendieses lo que duele no estar en ningún sitio…” me responde. 

No podemos confundir la bravura con la ausencia de debilidad. Las lobas y las brujas sufren, lloran, temen, rezan, aman… Una mujer salvaje tiene aún más sentimientos y más emociones que cualquier otra mujer que jamás se haya atrevido a ser libre. Ellas también desean estar en algún lugar.

Taché el diagnóstico. Y descolgué mis títulos. Cerré el manual psiquiátrico y abracé su cuerpo. Pensé que ella debía correr libre, y que yo en aquella sala sólo la estaría domesticando. 

Esto es por todas las cachorritas que una vez etiquetaron. Ya seáis brujas, lobas, o humanas, que el único diagnóstico que os den sea el de la libertad a decidir por vosotras mismas quiénes sois.

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Artículo del mes en Soy1Soy4: la Comunidad. Escrito por Eva Fraile Rodríguez, psicóloga. La encuentras en evamariafr(arroba)hotmail(punto)es.

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