Mi padre: redefiniendo la feminidad

Desde el útero de mi madre he escuchado rock. Mi padre detestaba las canciones para niñxs y le decía a mi madre que esa música me volvería tonta o dura de oído. A cambio ponía Child in time de Deep Purple o bien yo me empeñaba en que sonara una y mil veces Modern Talking (más moderna que era yo con 5 años!). Nunca me gustaron las canciones del barquito chiquitito como tampoco el Ave María de Bisbal. Siempre sentí que en el rock habitaba un lenguaje que me nombraba desde mí en plena libertad. Siempre ha dispuesto una cadencia que habla de mi intimidad tal y como soy de verdad. A veces he querido creer que se trataba de una contaminación por parte del sistema patriarcal, que mi padre estaba orientando mi educación hacia el masculino. Hoy sé que esta idea es una estupidez, al menos para mí. Cuando era una niña soñaba con ser como Suzi Quatro. Mi padre me ofrecía figuras de mujer fuertes, amazonas que no temían y que aullaban sin complejos. Hoy recupero este sentimiento porque llevo una larga temporada cuestionándome la feminidad y los modelos que de ésta se suministran. Yo crecí admirando a Sigourney Weaver en Alien, creyendo que ser “mujer, mujer” significaba hacer lo que tu coño te dictaba más allá del miedo, atravesando largos y tenebrosos pasillos pero siempre con el deseo centelleante en la mirada. La cabeza siempre alta “no permitas, hija, que nadie nunca te pise ni te mande” Éste era el mantra de mi padre que aún continua tintineando en mi cabeza cuando alguien trata de recomendarme algo “por mi propio bien, desde el amor y el respeto”.

Mi padre fue una figura crucial en mi educación. Figura que hasta estos últimos meses no he comenzado a valorar desde el positivo. Ahora que declaro la guerra abierta a las creencias entorno a la esencia femenina y al amor incondicional de la mujer (y que sólo la mujer sabe dar) mi padre y su maestría me guiñan el ojo. Ya era tiempo de hacer cuentas con el César y darle a el lo que le es propio. Sí, la relación con la madre para una mujer (no sé lo que es ser hombre) es clave fundamental de nuestro ser, estar y nombrar el mundo pero la relación con el padre (de haberlo o la relación con un hombre adulto que nos ame y cuide en la niñez)  es otra llave maestra, en mi caso hacia la reconquista de mi mundo en el mundo de hombres. A través de mi padre supe que este mundo, aun duro, me pertenecía. Que si alguien quería dañarme yo sabía adelantarme o bien responder con toda la crudeza necesaria. Supe que no era frágil ni quebradiza. Aprendí que mis sueños tenían todo el derecho de verse hechos realidad. Todo consistía en luchar amando, siendo digna de mi misma en cada suspiro. En temer y sobrevenir al miedo, mirarlo a los ojos y resultar más fiera que él. Repetía siempre, golpe tras golpe, que sólo teníamos la dignidad y que eso lo era todo. Sí, mi padre ha sido siempre un hombre al estilo William Wallace en Braveheart o Ned Stark en Game of Thrones. Un hombre rodeado de sombras cuyo hálito de vida es el honor a unx mismx. 

Hoy recupero sus enseñanzas. Vuelvo a sus fuertes y cálidos brazos, no como la niña que fui sino como la mujer que soy. Honrando aquello que creí que estaba contaminado. Una vez, hace un tiempo, me dijo con dolor: “Hija, ¿es que yo no te enseñé nada bueno? ¿Por qué no hablas de nuestra historia? ¿Qué hice yo?” Le respondí que algún día, cuando hubiera resuelto mi nudo con mi ser mujer en esta sociedad, cuando fuese fuerte por mí misma, volvería a él, a nosotros. Y aquí estoy hoy volviendo a casa, a nuestras mañanas en la cama de interminables cuentos y tiburones bajo la cama. Mi padre, Andoni Irusta Álvarez, es un hombre al que el patriarcado lo quiso romper en mil pedazos. Un hombre que aun temblando no baja nunca la mirada. Es la llama que se enciende en mi cuerpo cuando estoy a punto de caer, aquella chispa que palpita y se inflama en mi pecho recordándome que este mundo, todo él, es mío por derecho. Un derecho que no es de la ley de los hombres sino que la trasciende y atraviesa. 

Mi aita (padre) es el que está sentado sobre el regazo de mi aitite (abuelo)

 

La videoconferencia de este mes y el boletín serán una revisión a la feminidad, una vuelta de tuerca a aquello que nos han vendido y que hemos comprado en torno a qué es ser una “verdadera mujer”. En el boletín haré una revisión profunda entorno a la relación con el padre. Estad atentas a vuestros buzones (podéis suscribiros a las conferencias y/ o boletines haciendo clic en el link)

 

 

Día 8: fase preovulatoria

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Conocerte es vivirte. Vivirte es amarte. Amarte es ser libre.

 

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