Soy una mujer, el dolor es mi origen y destino. O eso dice mi gine.

No soy de fechas. Me repatean las fechas. Sobretodo las fechas que hablan de nosotras y que parecen decir:” mirad mujeres si nos ocupábamos de vosotras”. Primero de todo, no necesito que papá estado se ocupe de mí. Más bien, y tal como andamos, le pido que me deje tranquila. Segundo si nos dais un par de días en el calendario evidencia que el resto de éste es de otros, así que no me da la gana hacer lo que esperan que haga. En plan “señora si va a hablar de violencia de género (que no les gusta llamarla machista) hágalo en la fecha que tenemos para ello”. De todos modos hoy es un buen día (como cualquier otro) para escribir sobre un tipo de violencia que vivimos las mujeres por ser cíclicas. En realidad son varios tipos de violencia (no, no creo en las violencias micromachines) que taller tras taller, mail tras mail y experiencia tras experiencia siento, veo, leo y tiemblo del horror al corroborar que no hay lugar de este planeta donde no suceda.

Hablo de la violencia obstétrica (mi amiga y colega Jesusa Ricoy- Olariaga os puede hablar largo y tendido de ésta) que es la violencia que sufrimos las mujeres en manos de nuestrxs ginecólogxs y comadronas. No hablaré de la violencia obstétrica de las mujeres embarazadas y mujeres madres, hablaré de la que todas padecemos cuando acudimos a algunxs de estos profesionales (no todxs. De nuevo hay grandes profesionales de la obstetricia y ginecología) con dolores menstruales.

Comienza el teatro (basado en decenas de hechos reales):

Consulta del ginecólogo

Enfermera: Andrea López

Andrea: Yo

Enfermera: Pase

(andre pasa a consulta)

Ginecólogo (desde ahora Gine): Buenas, Andrea. Tú me dirás

Andrea: Pues nada, que, que resulta, a ver. Que de un tiempo para acá me duele un montón la regla. Los días antes de que me baje grito un montón, no puedo dejar de llorar, tengo fuertes dolores de cabeza, el pecho…ufff duele y…

Gine: (sonriendo) Bueno, bueno. No sigas más. Es normal. Ya sé lo que me dices.

Andrea: Ya pero…

Gine: No, no. Ya sé. No digas más. Esto es común. 

Andrea: ¿Pero qué me pasa?

Gine: (riendo) Pues que eres mujer. Mira, hija, tienes dos opciones: una, te tomas la píldora y otra te quedas embarazada. Y por la edad (la mira de arriba a bajo) creo que es mejor la primera (le guiña un ojo)

Andrea: (sonrojada) Ya, pero, no entiendo. ¿Es normal? Pero antes no me dolía.

Gine: Bueno, bueno. Antes fue lunes y hoy es viernes. Mira te voy a recetar la píldora. Te va a ayudar a regular el ciclo, dejarás de tener dolores, si tienes novio podréis hacerlo sin condón (se ríe) y la regla dejará de dolerte. 

Andrea: ya… pero es que no creo que quiera. Mi prima la tomó y engordó mucho, le salieron granos y me contó que …que… que apenas tenía ganas de… de… sexo y no sé, es que me da cosa.

Gine: ¡Bh mujer! eso no es lo común. Si todo son beneficios. Mira si fuera por mí os dejaba a todas las mujeres sin menstruación porque en realidad no sirve para nada. Cuando quisiérais tener críos os la quitaba y ya. Sólo da problemas. 

Andrea: ¿Eso no es malo?

Gine: jajajajajajaja. Qué va. Si la regla no sirve para nada más que dar problemas y dolores. (Escribiendo en el ordenador) Bueno te imprimo la receta y ya puedes ir con ella a la farmacia. ¡Ah! ¡mira! si tengo aquí muestras de la píldora Laurylin. Esta va muy bien. Toma, así te ahorras un dinerito (guiño)

Andrea: Emmmm…. vale. Gracias.

Gine: Ya me contarás.

Andrea sale del ginecólogo.

¿Familiar? Sí, creo que sí. Una llega a la consulta con dolores menstruales y nadie, NADIE, opta por:

1. Esuchar activamente

2. Oscultar

3. Preguntar por hábitos y situaciones estresantes que hayan ocurrido en estos últimos meses

4. Considerar el dolor menstrual como un dolor anómalo

5. Validar las emociones de Andrea. “Sí Andrea, tienes razón en venir aquí pues no es normal que te duela. Algo ocurre y hemos de ver qué puede ser”

6. Hacer una batería de pruebas para ver cuál puede ser el origen y causa de estos dolores

El dolor menstrual, como casi cualquier dolor propio de las mujeres, se entiende como algo normal, habitual y que no necesita de dedicación ni investigación. El Génesis 3:16 ya lo dice:

Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces; con dolor parirás los hijos […]”

Sí amigas, como bien intuímos la religión sigue presente en nuestro cuerpo y en la mirada poco científica de nuestrxs profesionales de la salud (algunxs de ellxs). 

Ahora bien, alguien podría no ver la violencia que ha ocurrido en estos 10 minutos de consulta médica. Veamos los puntos más candentes:

1. No le ha escuchado. Andrea no ha podido expresar con claridad ni con el tiempo que necesitaba lo que le ocurría. en seguida lo ha dado por supuesto y no ha respetado su diferencia como mujer. Cada una somos diferentes y nuestros dolores no son homogéneos. 

2. La ha infantilziado. Esas risitas socarronas que nos echan tantas veces, esos guiñitos que nos hacen empequeñecer y nos ponen en ese lugar común a todas que es “la eterna niñita” generando inseguridad y provocando nuestro silencio para no rechistar y menos rebatir.

3. Ha ignorado por completo su dolor además de reírse (sin acritud, ¿eh?) de ella por no saber de sobra que ser mujer y sufrir va siempre junto. 

4. Le ha privado de su derecho a decidir sobre su cuerpo. Automáticamente él sabe lo que ella ha de hacer y no le da espacio a que lo medite. Ella tomará la píldora y punto.

5. Le ha prescrito un fármaco con un fuerte impacto sobre su salud sin informarle de los efectos secundarios. Le ha omitido información necesaria además de haber mentido afirmando que hechos como el aumento de peso, acné y falta de líbido no son efectos secundarios de la píldora, cuando científicamente se sabe que sí lo son y además son muy comunes.

6. Ha dado por hecho que sus relaciones son heterosexuales además de tratar este hecho con un tono de picardía que no le corresponde para nada a un profesional de la salud.

7. Su desconocimiento del ciclo menstrual ha validado la máxima cultural de que “la regla duele”, alimentando las sospechas de Andrea de que “ser mujer es una mierda”.

8. La sugerencia de ser madre para no padecer dolores menstruales roza la locura. Traer vida a este mundo como analgésico es una broma macabra. Además no es cierto que los dolores menstruales desaparezcan tras un parto.

9. Sus deseos de “dejar a las mujeres sin regla” evidencia ese poder que sabe que ostenta en esta sociedad en la que nosotras somos un objeto al que quitar y poner complementos.

10. Las pildoritas de muestra evidencian quién ha sido el que le ha dado “clases de ciclo menstrual”. Las farmaceúticas saben muuuucho del ciclo de las mujeres. Sí, sí.

Bien, seguro que sois capaces de ver más rasgos de violencia. El señor gine ha ejercido el poder que su posición laboral le da para imponer su ignorancia. Él decide sobre el útero y ovarios de nuestra amiga. Se supone que él es el que sabe con lo que Andrea, aún sintiendo que algo desagradable ha pasado, no es capaz de verbalizarlo y entiende que lo que pasa es que ella no sabe. Sí, ella es la tontita que no sabía nada de esto. Él sabe mucho más de su cuerpo que ella ¡dónde vamos a ir a parar! Ahora tomará la píldora, en concreto Laurilyn, y aunque sienta cambios extraños en su cue
rpo, creerá que son historias suyas. 

Esta historia tiene varios finales. Cada cual la continuará como quiera/ sepa/ pueda. No se trata de que la píldora no sea buena o que sea mala. La píldora sirve para lo que sirve y una ha de contar con toda la información. Lo que ha ocurrido aquí es que una llegó con dolores y de nuevo, nadie, NADIE, la escuchó. Y muchísimo menos apostó por buscar aquello que los causó. De nuevo, nosotras, a la cola, ninguneadas e infantilizadas. Justo, justo como todos los días del calendario. Todos salvo el 8 de marzo y el 25 de noviembre.

Día 15: fase ovulatoria

Pic Designspiration

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Conocerte es vivirte. Vivirte es amarte. Amarte es ser libre.

 

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