Guns N’ Roses

He salido a correr. Salgo a correr despavorida en busca de mi cuerpo. Dicen que ya tengo uno. Si pregunto son capaces de describírmelo incluso con adjetivos bonitos, cariñosos e incluso sugerentes. Aún con esto yo no lo encuentro. Por eso salgo a correr, como las sedientas, como las locas, como las perdidas en busca de un señuelo que me lleve a él, a mí. Aprieto los dientes, tenso mis nudillos, me corto la cara con el viento y me reviento hasta sentirlo. Me llevo al límite para hacerme ver que es cierto lo que dicen. Una punzada en el estómago me avisa de que voy a vomitar, sonrío dolorida. Tengo entrañas… parece que no mentían cuando me avisaban de que era un cuerpo blando, lleno de tripas y humores. Llego a casa, vuelvo a mi encierro, fantaseo con ducharme y salir a comprar un pack de 6 cervezas pequeñas, de quinto (sólo disponibles en mi tierra de acogida). Me doy permiso para beberlas poco a poco, tímidamente, ni que sea una que es poquito, me digo. Después de salir de la ducha, roja como una langosta amorfa me echo atrás. Hace mucho frío para salir a por birra, me digo. Además estarán calientes cuando las traiga y tendré que esperar a mañana. Y mañana no querré beber (pocas veces quiero hacerlo). Entonces me acuerdo que hay una Alhambra- fresquita- en la nevera. Me visto, la abro y me siento en la silla del estudio. Y me pongo a llorar.

Lloro porque hace muchos meses que no sé nada de mí. No tengo noticias de la tía esa que tanto me gustaba. He esperado a verla en cada fase ovulatoria -que es cuando aparece- desde abril de 2014 y nada. En mayo, creo, la vi por última vez… no recuerdo, puede que esté exagerando pero no es aposta, de hacerlo -exagerar- será porque la echo tanto de menos que me parece una eternidad. Añoro a la tipa esa del espejo que me ponía a mil. No sé si suena egocéntrico hasta los topes (me da igual), pero lo que más me gustaba de mí en esa fase era seducirme. Nunca he necesitado a nadie más que a mí para ponerme a tono, pero ya no está, he desaparecido. Recuerdo deshacerme de mi larga cabellera para ir en mi busca. Cuando por entonces me miraba en el espejo ya no me veía, y sentí que era el momento. Ahora sé que no es el pelo. Ahora sé que no tengo ni zorra idea de qué ha pasado conmigo, con ella. Me digo que es por el frío pero bien sé que en pleno agosto no daba con ella. Me digo que es porque he estado enferma y además estoy en pleno proceso terapéutico. Esto me convence algo más pero aún así el vacío que me crece en el pecho no deja de comerme bocado a bocado. Necesito verla, verme. Reconozco haberme maltratado y odiado como la mujer de mi siglo que soy, pero siempre, siempre he tenido ese espacio para desearme. Pienso en la monogamia acordada con mi pareja y no veo yo que esto me haya alejado de mí. Tampoco me siento desplazada por él ni por nadie, me cuentan que ligo bastante y con tremenda facilidad y terrible desconocimiento. Pero es que no está en que le mole a los demás, es que quiero volver a gustarme a mí, sin desearme me cuesta infinito mantenerme respirando en esto que alguien muy inteligente decidió llamar vida.

(Se acaba de acabar la Alhambra y el disco de Lana del Rey. Voy a por … ¿cava abierto desde nochevieja? y a darle al play otra vez)

Ahora mismo me descubro pensando en un momento, en uno pequeño pero muy grande e íntimo de mi memoria y comienzo a sospechar que la monogamia elegida (me repito con esto pero es que no puedo poliamar) puede estar recortando (no mucho, pero algo) el espacio de mi Poderosa Afrodita (que es como yo llamo a mi fase ovulatoria) Y no es tanto el follar con alguien  lo que activa mi deseo hacia mí, sino (como más de una vez he declarado) el tonteo. Coquetear. Jugar. Soy una animal erótico poco sexual que sin sensualidad no puede respirar. Intuyo que haber estado encerrada en mi cuerpo dolorido y en mi mente (que también es cuerpo) maltratada ha procurado un espacio para perderme de la voluptosidad que tan bien me alimentaba cada 14 días. Ahora me miro al espejo- acabo de ir al baño a hacerlo- y no sé quién mira. Veo a un híbrido, a un pelo-chico (cómo detesto sentir que mi pelo corto señala que en realidad soy más normativa de lo que imagino, deseo y dibujo) con ojeras, gafotas, más pálido que Casper y lo peor, de mirada lánguida, impersonal. No hay deseo en ninguna parte. Nunca me ha gustado mi cuerpo, hasta hace más bien poco no lo he conseguido (seguimos el proceso de hacernos uno) pero mi cara, mi cara sí. Había algo ahí que me daba seguridad, me hacía sentir única. Una chispita en mis gestos, en mis miradas que me hacían sentir dentro de este cuerpo pero ahora…ahora no hay nada. Ni rabia, ni dolor. Nada más que la aterradora N A D A. Y me quiero perder para encontrarme de nuevo pero por primera vez en mi vida siento que no daré conmigo nunca más, que alguien ha muerto, que ella-yo ha muerto y que nadie es capaz de oler al cadáver salvo yo que vivo dentro de él.

Busco en el reflejo de la ventana del estudio una pupila amiga, un rostro duro me mira y suspira cargado de culpa. No hay nadie que pueda traerla de vuelta. Y ahora ¿qué hago? En serio, no es broma ¿Cómo voy a seguir viviendo? Y no hablo de sobreviviendo que eso sé hacerlo, sino habitando este cuerpo con placer, con gusto, con sueños de futuro. Estoy perdida en mí sin mí. Suena a título de canción pero yo no sé seguir la estrofa. Me echo terriblemente de menos. A veces trato de encontrarme en el rimmel y en el rojo bermellón de mis enormes labios. A veces siento estar cerca de un oasis, un destello atraviesa mi pecho y me imagino de vuelta, dilato la pupila y me pierdo de nuevo. Sólo era un fantasma, me digo, me cuento. A veces creo que he muerto y que nadie se ha dado cuenta, que como las señoras solteras sin hijos mueren mudas sin más eco que el maullido de sus 23 gatos, yo muero sin más eco que un recuerdo de quién imaginé ser. Mi cuerpo es éste, me dicen. Con sus dos piernas y sus marcadas caderas, me dicen. Pero no es verdad, aquí no está. Hace tiempo que nos perdimos y no hay quien pueda irlo a encontrar. No vivo. No mío. No.

N O.

Pic  Designspiration

Día 14: ovulatoria

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Conocerte es vivirte. Vivirte es amarte. Amarte es ser libre.

 

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