La sabiduría que reside en tus bragas

Tienes un cuerpo,

bueno, en realidad ERES un cuerpo. Sí, es una obviedad pero, ¿sabes que las obviedades son lo que antes ignoramos? Sí, leerás mucho en el blog, y darás muchas vueltas buscando, leyendo, pero al final no te quedará otra.

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Toca bajar al cuerpo.

Ya, suena fácil, hasta bucólico, pero sabemos que es harto difícil. Nos gusta resolverlo todo con la cabeza, que nos den la receta, guardarla (confiando que, en la carpeta de archivos, actuará sobre nosotras a través de sus superpoderes o algo así) y seguir adelante dándonos caña, olvidando que somos huesos, sangre, músculos y humores varios.

No eres ni más, ni menos, que un precioso cúmulo de bacterias,

interaccionando sin parar con el entorno. Vale, no estoy siendo nada romántica pero a veces necesitamos que venga alguien y nos relativice las cosas, que nos las ponga en perspectiva. Gracias (bueno más bien desgraciadamente) a nuestra cultura judeocristiana creemos que la mente no pertenece al cuerpo y que el cuerpo es algo ‘ a superar’. Cultivar el cuerpo, algo típico del pasado y presente siglo, nos parece un asunto de gimnasios y batidos verdes detox. Nos escindimos entre cerebro y ‘lo que hay bajo este’. Además vestidas de mujeres queremos que nuestro cerebro demuestre que somos igual de valiosas y nuestro cuerpo, o lo mutilamos para que encaje (si menstrúo que nadie lo note) o lo maquillamos para que parezca otro (esos panties levantaculos aprieta-barrigas). Sea como sea, el cuerpo, es una máquina que nos sirve.

¡Error!

¿Sabías que concebir el cuerpo como máquina es producto de la imaginería de la Revolución Industrial? Sí, amiga mía, primero el cuerpo femenino como obra del demonio, después el cuerpo como máquina al servicio de nuestra mente, pero en ambos conceptos (heredados) el cuerpo se separa de las capacidades mentales. Las cuales, desde tiempos bíblicos (sí, es nuestro origen cultural), se identifican con el espíritu, con lo verdadero, con lo real (no hay nada más real que sangrar 4 días al mes peeero…).

Extra, extra: No vives en tu cerebro.

Aunque te hayas convencido de que sí, en realidad vives en todo tu cuerpo. Este precioso cúmulo de bacterias que esta leyendo esto, es toda tú. Y tú, te necesitas, toca pasar más tiempo contigo. Aunque esto suponga darse cuenta de que una se tiene muy abandonada. Pero esto es como lo de volver al gimnasio, puede que hace un mes que no vayas y te digas: ‘mañana voy seguro’. Y puede que la vergüenza te esté dejando en casa y se acumulen los meses. Pero, la mejor manera de solucionarlo es yendo una vez por todas. Pues igual pasa con tu cuerpo (contigo). Cuanto antes vuelvas a ti, mejor. (Tranquila, nadie te echará la bronca).

Chachi, Erika: ¿Cómo bajo al cuerpo?

Una de las maneras impepinables de habitar el cuerpo es …¡conocer las fases de tu ciclo menstrual!. Cada fase trae consigo una serie de cambios que, sí o sí, te hacen volver al ‘gran tú’ que es tu cuerpo. Muchas de nosotras nos damos cuenta de que somos cuerpo a través de nuestras bragas. Sí, no me pongas esa cara. Cuando ovulas, por ejemplo, tus bragas estarán húmedas debido al moco cervical. Y cuando menstrúas, tremendamente obvio: rojo-sangre. Que no sangre, porque el endometrio (que es lo que tu útero expulsa durante la menstruación) no es sangre pese a que sea rojo como ésta debido a la hemoglobina.

Hay múltiples maneras de aterrizar en ti a través de tus fases hormonales pero hoy te propongo que prestes atención a los cambios de tu moco cervical, esto se conoce como método Billings . Es un método de planificación natural pero te propongo hacerlo con el fin de conocerte y de habitarte de ‘cabeza para abajo’ (Parece que sólo buceamos en nuestras bragas cuando se trata de prevenir/buscar un embarazo y esto ¡no puede ser! Nuestro cuerpo es algo más que una factoría bebés.)

Tus bragas serán una fuente de sabiduría.

Sé que nadie te ha dicho esto antes. Sé que te han dicho que uses salva-slips y que te cambies a menudo y que te limpies bien-bien. Pero, amiga, en esto de hacerse cuerpo los fluidos de una son básicos y son síntoma de salud. De hecho a través de estos puedes prevenir enfermedades y acudir a la doctora antes de que ocurra algo más grave. Sé que es un proceso de desaprendizaje y que puede que te dé ‘cosilla’ observar algo que has aprendido a tapar y obviar. Es un proceso y va poco a poco, práctica, curiosidad y sentido del humor son tus mejores aliados. Piensa en lo cómico que son los salva-slips, su fin es salvar a tus braguitas/bragazas de ti, ¿en serio? ¿Acaso tus fluidos son radioactivos? Volver a tu cuerpo solo te dará beneficios, palabra.

Así que tienes una vía directa entre tus pantalones. Algo tan sencillo como observar tu flujo, sentir cómo cambian tus paredes vaginales y tu cérvix (al recolectarlo con tus dedos limpios), atravesar los fantasmas que una tiene entre sus muslos, explorar tus límites y olerte (sí, amiga, puedes probar y comprobar que no hueles mal y que tanta ‘higiene compulsiva’ puede hacerte más mal que bien. Por ejemplo, por el olor, puedes saber si tienes alguna invasión bacteriana y actuar cuanto antes. Verás que olerse te va a ayudar un montón) están en la palma de tu mano.

Aterrizar en tu cuerpo es más sencillo de lo que nos pintan, aunque es cierto que cuando una vuelve a él se da cuenta de que tiene más límites de los que imaginaba. En la cabeza se vive cómoda, imaginando cómo es el cuerpo, pero una vez una baja a mirarse se da cuenta de que es diferente de lo que le han contado y de lo que se ha contado a sí misma. Viajar al cuerpo de una es una tremenda aventura que en, algún momento, una ha de emprender.

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