No, en ovulatoria no tienes que ser feliz perdiz

En estos tiempos nos hemos puesto muy dogmáticas en esto de habitar un cuerpo menstruante. Nuestros cuerpos no encajan en las enciclopedias de toda la vida pero pareciera que, ahora, queremos crear nuevas enciclopedias en las que casar como si de la previsión del tiempo se tratase (la cual tampoco consigue acertar… ¡Menos mal que aún quedan cosas incontrolables!)

Nanai

Hace ya unos cuantos años escribía  Tus Hormonas, Tus Arquetipos alertando de esta estandarización de las interpretaciones culturales que damos a los cambios bioquímicos de nuestro ciclo. Y es que no, no has de sentir lo mismo que tu vecina cuando estás a punto de menstruar ni cuándo estás ovulando. Cierto es que nuestros cuerpos se parecen, no tanto por una cuestión de química, sino más bien por ser hijas de un mismo sistema cultural, económico y político. La manera en la que hemos aprehendido (con hache intercalada, sí) a interpretar y categorizar nuestros cambios químicos y procesos fisiológicos es el verdadero hilo conector, mucho más que la cantidad en sangre de hormona FSH o cuánta testosterona corretea por nuestras venas.

Por cómo nos sentimos podemos intuir cambios en el ciclo

Esto sucede cuando tenemos ya experiencia en esto de registrar y conocer nuestro ciclo, el nuestro-nuestro, no el de los libros ni el de las webs. Por eso es tan peligroso hablar de manera categórica y universalizante. Necesitamos reconocer cómo cada una interpretamos y performamos cada uno de nuestros cambios bioquímicos, para poder saber si estos últimos ciclos ‘algo’ diferente se está cociendo.

Tú eres tu propia norma

¿Qué es lo normal en un ciclo? Existen parámetros orientativos que son necesarios conocer para ir creando nuestro propio mapa menstrual. Siempre va bien saber dónde ubicamos el Norte, El Sur, el Este y el Oeste. A saber: un ciclo de entre 22 y 35 días en los hay ovulación.

Wait, Erika ¿Cuándo ovulo? No te pierdas este post.

Una vez marcados tus puntos cardinales (spolier alert: la ovulación lo marca todo) es fundamental que tú delimites tu propio perímetro. Por eso tú has de ser tu propia norma porque tu cuerpo, tu bagaje, tu histórico familiar y cultural, tu situación laboral actual, la manera en la que te relacionas con la gente y con el mundo, cómo respiras y cómo cagas (yep) forman el TodoQueTúEres. Y este Todo tiene sus propias normas. Por eso necesitas conocerte al detalle y no buscar encajar en los cuerpos de plastilina que creamos para explicar el ciclo.

Aclarado todo esto…

Puedes PERFECTAMENTE no estar súperarchi feliz cuando ovulas. Que sí, que el subidonaco de estrógenos toguapoahí suele sentarnos de fenómenos. Que la testosterona se siente togustosa y comprendida en este mundo testosteronil. Que muchas nos ponemos hyper y que el cuerpo se nos desborda por la boca. Pero sucede que no siempre pasa. Sucede que a algunas no nos pasa. Sucede incluso que nos puede dar bajona y, a la vez, podemos estar perfectamente sanas.

Está en ti saber de ti

Con esta frase te devuelvo la pelota, porque no se puede intuir un desequilibrio hormonal por encontrarnos con menstruantes que no están levitando cuando van a ovular.

Si conoces ya tus ciclos y en ovulatoria lo petabas y ahora te sientes rara, diferente, como que algo… no, entonces INVESTIGA. Comprueba si ovulas registrando tu temperatura basal (este es el método más fiable, aunque se necesita aprender y disponer de tiempo) y/o solicita un estudio endocrino si crees que lo necesitas. Mejor que tú no te conoce nadie.

Ahora bien, si nunca te has sentido on fire cuando ovulas puede ser por tantas variables como singularidades te conforman. A no pocas nos sucede que no nos sentimos muy cómodas en esa explosión sensual, que fantasmas de abusos se despiertan, que las normas de género nos repatean y nos podemos sentir muy confundidas y asqueadas con la manera en la que tenemos grabado a fuego la representación cultural de nuestras fases bioquímicas.

También puede ser que hayamos tenido una experiencia dolorosa con la última persona con la que hemos estado y pasar por este momentazo de furor uterino nos devuelva a esas manos, a ese cuerpo, a esos labios, a esos besos… ARGGGGGGH!

¡Pero el estradiol es la hormona feliz!

Sí, es la hormona que estimula el estado de ánimo y la libido, ya que aumenta los transmisores de serotonina y dopamina.

Cierto, ¿y?

¿A ti no te ha pasado eso de esperar a tu cumpleaños para estar súper feliz porque ese día, dicen, es tu día y al llegar la fecha pasas un día mierder? Expectativas, amiga, lo peor que hay para las que tenemos el corazón a un milímetro de la piel.

Todas pasamos por ciclos vitales que son oscuros como la negra pez y ovulamos. No pocas esperamos al pico de estradiol como agua de mayo para estar un poco más ligeritas. Y aunque no lo creamos, aligeramos, pero no de la manera en la que nos decían las expertas (ejem).

Bidireccional, SIEMPRE

Cierto también es que podemos estar pasando por momentos tan duros que nuestra bioquímica se ve afectada y se inhibe nuestra ovulación y también podemos pasar por momentos angustiantes porque, precisamente, nuestra ovulación no se ha producido. Y, ya sabes que sin ovulación no existe progesterona y sin ella no hay calma ni danza hormonal y por tanto no hay fase lútea ni ciclo menstrual tal y como lo conocemos.

No existe nada de fuera que nos nos afecte ni nada de dentro que no marque lo que está fuera. En realidad, fuera y dentro son categorías bastante torpes (por limitadas) de nuestra cultura binaria occidental (no me voy a poner a filosofar pero es importante reconocer que existen otras maneras de enfocar el mundo y los hechos que lo conforman). Así que si tu mundo está cambiando, tu ciclo está cambiando con él y porque tu ciclo cambia, también cambia tu mundo.

Para saber qué te puede estar pasando, necesitas conocerte. Por mucho que leas, has de meter las manos en tu masa y, desde ahí, dibujar el mapa. Solo tú puedes ser la cartógrafa de tu cuerpazo, en Soy1Soy4 estamos para eso y más, pero de nuevo está en ti saber de ti. Y sí, claro, ni lo vuelvas a dudar: puedes estar gris ceniza en la ovulatoria y feliz perdiz en la premenstrual.

 

Importante recordar:

Cómo vivimos la ovulación (o cualquiera de las otras fases del ciclo menstrual) tiene más que ver con la interpretación y categorización cultural de una determinada química (por ejemplo: valorar de manera positiva la testosterona y el estradiol da como resultado que las fases que tengan mayores porcentajes de estas hormonas sean categorizadas como óptimas o mejores) y con cómo nos enseñaron a performar el género, que con la cantidad en sangre de todas las hormonas que entran en juego (recuerda: menstruar es cultural). De ahí que las mujeres cis, tengamos determinadas problemáticas en torno al ciclo menstrual y que, hombres trans, personas no binarias o personas agénero tengan sus propias problemáticas y casuísticas. Así mismo esta experiencia cambia al ser o no un cuerpo racializado, pobre o rico, del Norte o del Sur (entre tantas otras). Y es que todes ovulamos (a veces no) pero cómo se encarna esta experiencia está íntimamente atravesada por los trajes sociales con los que nos envuelven al nacer (y que muchas pasamos media vida quitándonos con mayor o menor éxito).

Como comento en el manifiesto Yo Menstrúo, necesitamos todos los cuerpos y todas las voces para poder ovular-menstruar más allá del patriarcado. Todes tenemos estrategias de autocuidado y de supervivencia que necesitamos compartir para, no solo resistir, sino para vivir aaaaancho y largo. Yep, como siempre digo: NOS NECESITAMOS.

 

Si quieres habitarte más allá de los viejos y nuevos dogmas y no tienes miedo a la potencia de tu vulnerabilidad (y de todas tus mutantes) ¡Vente con nosotras!

Dos viernes de cada mes, material del bueno en tu buzón.

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