Por qué odiasamas a tus amigas a lo largo de tu ciclo menstrual

Las amigas, los amigos, cómo tejemos nuestras relaciones cambia a lo largo de nuestro ciclo.

Esto no es fácil de aceptar, primero, para nosotras y, después, para los que nos rodean.

Pero aceptarnos como somos es parte de esa creación casi mágica que es el vínculo con un desconocido.

¿Imposible o improbable?

Lo que más me cuesta en el mundo es dejarme ser al completo ante alguien. Pulo todas mis caras porque albergo el miedo de no merecer ser querida. El auto-odio que sembraron en mis tripas hace 34 años, se activa virulentamente cuando, en el aire, flota la promesa de una nueva amistad. Y es que, lo que más deseo y temo en el mundo, es tener una amiga, una persona con la que pueda ser todas las que soy (y viceversa).

Son muchas y muchas con rarezas

Todas somos raras. Ser rara es más sano que aspirar a la cruel normalidad. Ahora bien, todas tenemos pánico a que los demás vean cómo somos de tripas para dentro. Nos han enseñado a creer que como somos no es suficiente. Que lo mejor es guardar en un rincón esas aristas incómodas, esos filos cortantes. Nadie debe enterarse de qué nos gusta y qué nos daña verdaderamente. Hemos de ser como pensamos que la otra espera de nosotras. Aséptica y constante. Sin incoherencias. Sin titubeos. Perfecta y unívoca. Una grande y esplendorosa. Muchas y raras… ¡nunca!

Vulnerabilidad incómoda

Cada una de las que somos, todas las que nos hacen una con nombre y apellido, están unidas por los relatos de nuestra familia, de nuestro entorno. Las heridas las/nos atraviesan la misma piel aunque cada una lo sientan de diferente manera. En cada una de nuestras fases nuestras heridas se muestran desde diferentes ángulos. Y cada una de ellas reacciona de manera diferente ante el contacto con otras personas. Por eso, cuando estamos premenstruales y la herida supura desde las profundidades, el tacto desde la superficialidad, desde lo trivial nos provoca huir a las entrañas. Y si nuestra boca se desborda y nos dice, es posible que los demás huyan. Y es que a nadie nos enseñaron a acompañar la vulnerabilidad propia ni la ajena. Así que, cuando alguien se ‘sale de la raya,’ nos devuelven al redil con un solo gesto. Esto es un aviso, a la siguiente te quedas sola.

Temida soledad

Estar sola es diferente a estar contigo, en ti. Yo, que soy un animal solitario, siempre digo que mi mejor amiga anida en mis costillas. Ser como una es tiene un precio muy alto. Especialmente si vistes el traje de mujer, ya que dicho traje esta tejido bajo el patrón de las relaciones unidireccionales, en las que una da, una cuida, una se muerde la lengua y aparenta, y los demás toman. Y si una empieza a marcar sus límites, a manifestar sus deseos, a pedir bidireccionalidad…la cosa se va torciendo.

Nos necesitamos

a nosotras y a las otras. También a los otros. En especial a todos los cuerpos vulnerables, porque todas sabemos lo que supone ser la otredad en este mundo. Por mucho que prefiera estar conmigo para que nadie me hiera ni yo dañe a nadie (lo propio de las relaciones humanas) sé que necesito a la otra. Sin las relaciones no somos. Como animalotes humanos necesitamos el contacto con otros animales humanos. Y es que, hasta que no hay relación, no comprobamos cómo somos al completo.

Las relaciones pueden ser un verdadero reto, especialmente si practicamos el autocuidado y aspiramos a un cuidado colectivo. Reto enorme en estos tiempo de filtros molones y pies de foto chachiestupendis. Nos guste más o menos (confieso que a mí me gusta bien poco) necesitamos, tanto como comer o dormir, tener relaciones sanas (de cuidado mutuo) con otras humanas (con el resto de animales siempre es más sencillo, lo sé).

Pero, ¿cómo?

Yo aún lo estoy averiguando, pero hasta donde puedo contarte he aprendido que es necesario

Comprometerse con todas las que eres 👇🏽

Empecé a investigar sobre el ciclo porque estaba harta de odiarme. No podía seguir anulándome para ser como me imaginaba que debía ser. Investigué cómo era realmente, cuántas mutantes me componían y acordé respetar las necesidades de cada una. Especialmente las necesidades que surgían ante las relaciones sociales (mi punto débil) y marqué mis cuatro puntos cardinales:

1. Preovulatoria:

Al comienzo de mi PreO no quiero estar con nadie. Todo el mundo se me antoja lento, estúpido, poco o nada interesante… vamos, que el mundo me molesta. Prefiero hacer cosas sola. Es cuando me escapo al cine o me voy a tomar un vermut con la única compañía de Lola, mi perra.

Ahora bien, sé cuando estradiol está en lo alto y estoy a punto de ovular porque me muero por quedar con todo el mundo. De repente aparezco en el Whatsapp (app que detesto y de la que paso infinito) y aviso de que estoy lista para abrirme al mundo. A partir de aquí quiero salir a la calle, hablar por los codos con diestro y siniestro para acabar…

2. Ovulatoria:

…deseando caer bien a todo bicho viviente. Si en PreO no soporto a nadie en Ovulatoria quiero a todo el mundo y deseo, como cuando era una adolescente, ser aceptada de una vez por todas. Este deseo me acaba pasando factura ya que me expongo demasiado y olvido mi autocuidado por el cuidado de los demás. En este estado me he hecho bastante daño y he tejido relaciones con personas que luego han pasado muy y mucho de la bidireccionalidad propia de toda relación de cuidados.

3. Premenstrual:

Tras vivir con el corazón en la mano y la sonrisa en la cara, muto a Señora. La Señora es la parte de mí que me cuida rabiosamente marcando los límites sin agachar la cabeza. La Señora toma mi corazón y lo devuelve a su lugar, para coserme con hilo de seda y recordarme que: solo puedo abrirme con aquellas que me cuiden como yo cuido, como yo necesito. Pues si los cuidados no son mutuos, la cosa no funciona.

En esta fase me recuerdo los nombres de las amigas y amigos que me aman (amar es cuidar, al menos para mí). Recuerdo que son pocos. Recuerdo que son malditas joyas. Recuerdo que soy una afortunada. Y les escribo, y les llamo, porque todes elles están lejos (Bilbao, Madrid, Barcelona, México) y conspiro con elles para ir a refugiarme a sus brazos.

4. Menstrual:

Bichobola. Las series son mis mejores amigas. Ellas y el chocolate blanco vegano. Por supuesto, mis dos gatos y mi perra son mis fieles compañeros (en verdad ellos me encantan en todas las fases). Todos nos hacemos un ovillo y nos hacemos con el mando. En esta fase la gente no me interesa pero tampoco me molesta, ni me inquieta. Estoy a gusto conmigo a solas. Disfruto de eso que otros llaman soledad.

¿Cómo te relacionas tú a lo largo de tu ciclo?

¿Has prestado alguna vez atención a esto?

Es posible que, cuando estás a punto de menstruar (premenstrual) hayas notado que no quieres estar con gente o que las personas, sobre todo las más cercanas, no te entienden. Que no te apetece estar con desconocidos y que estás muy sensible a las palabras y gestos ajenos. Esta sensibilidad no es mala. Todo lo contrario. Nunca entenderé porqué la insensibildiad está mejor valorada, cuando es por esta que dejamos que el mundo siga yendo a la deriva.

Necesitamos un cabo que nos amarre cuando sople el frío viento. Necesitamos poder dejarnos caer en los brazos de otra y cerrar los ojos. Necesitamos pertenecer, no solo a algo, sino a alguien. Y no como objeto, no. Pertenencia como hogar, como lugar seguro donde poder ser rara, vulnerable, fea, blandita, mimosa, payasa, irónica, bicho, Pertenencia como posibilidad de equivocarse y no ser apartada por ello. Pertenencia como aprendizaje mutuo, como cuidado mutuo.

Durante todos estos años en los que he sufrido por amor (amor romántico en la amistad) he sacado en claro que:

Como soy está bien.

Me esfuerzo por cuidarme y cuidar, por escucharme y escuchar. No soy mala tipa. Mejoro con el tiempo. Si no gusto como soy, no voy a romperme para encajar.

No todas las relaciones han de acabar en relaciones íntimas.

Existen diferentes grados. No sé relacionarme a nivel de superficie y tampoco sé si me apetece hacerlo. Pero no puedo forzar a nadie a intimar conmigo si no quiere/está preparado.

Quien no me cuida, no me quiere.

Punto pelota. Odio con fuerza suprema los ‘te quiero’ gratuitos. No es lo que dices, es lo que haces.

Equivocarse es parte del juego.

Todos nos equivocamos. La clave está en cómo lo resolvemos.

Si no hay vulnerabilidad, si no hay autenticidad no me interesa.

Me hago mucho daño cuando juego a las máscaras. No soy animal de carnaval social.

Por supuesto, todo esto es bidireccional. Porque de nada sirve pedir a los demás lo que no estoy dispuesta a dar. Y cuando la otra también es una mutante cíclica, busco la manera de conjugar sus mutantes con las mías, especialmente si me pilla en la pasodetodoelplaneta PreO.

Ahora es tu turno.

Pon atención a tus mutantes y a cómo se relacionan con la humanidad. Vas a aprender mucho, pero sobre todo vas a aprender a cuidarte tal y como mereces. ¡ESPECIALMENTE EN NAVIDAD! Cuando las obligaciones en las relaciones nos dejan en la cuneta. Esta Navidad, el mejor regalo es cuidarte. Cuesta poco (dinero) y dura tooooodo el año.

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Dos viernes de cada mes me tendrás en tu buzón lista para acompañarte en la aventura de vivir siendo cíclica, sin morir (ni matar) en el intento ¿Te vienes?

Siempre ha sido y será graaaaatis

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