¿Sabes leer?

Y ahora es cuando me miras con esa cara.

Sé que sabes leer.

Pero,

¿sabes leer tu cuerpo? 

(Aquí ya cambias la cara.)

Nuestro cuerpo es un texto. Un texto escrito por otros. Un texto en el que solo leemos lo que nos han enseñado a leer. Un texto en el que nosotras no escribimos. Un texto inacabado que ni nos nombra ni nos habla en nuestra lengua.

Porque, ¿qué lengua habla tu cuerpo?

La alfabetización corporal (torpe intento de traducir body literacy), desde los años 70, ha sido clave en el autoconocimiento, autogestión y autocuidado del cuerpo (leído y escrito como) femenino. Y no solo en la clave ‘auto’ sino también -y por supuesto- desde y para el colectivo de cuerpos ‘femeninos’.

Gran parte de mi trabajo pedagógico se fundamenta en las bases del body literacy porque necesitamos con urgencia aprender a leer nuestro cuerpo para poder (d)escribir las fronteras que lo conforman. Los surcos que lo atraviesan. La Historia que los teje.

Necesitamos aprender a leer para meternos dentro. Si queremos habitar el cuerpo- texto que somos, es urgente leernos. Leernos desde el falo-alfabeto, desde eso que nos dijeron ser ‘la lengua oficial’, para poder ir aprendiendo nuestra lengua. La lengua de nuestro coño. Porque los cuerpos menstruantes tenemos dos pares de bocas y con ellas, dos pares de lenguas. La que encierran nuestros muslos es la prohibida. Es esa la que buscamos comprender para empezar a leernos para después escribirnos.

¿Por qué narices querría escribirme?

Porque tal y como estás escrita es tal y como te estás viviendo. Estás escrita desde lo ajeno, desde la otredad, con lo que te vives así, desde fuera, en la periferia. Como si tú no fueras contigo. Ves tu cuerpo como algo lejano a ti pese a ser lo único que tienes/eres. Crees que tu química es un factor más -un estúpido y falible factor más- y que puedes prescindir de todo lo que sean huesos, humores y carne más o menos prieta.

Si te escribieras- si nos escribíesemos todas- desde esa lengua silenciada (que no silenciosa), nos viviríamos desde lo propio, desde lo real, desde aquello que es cierto y nos representa. Porque no, el texto que escriben diciendo que somos nosotras, no nos representa. Pasamos toda una vida queriendo dar vida a un panegírico. En ese texto no cabemos. En ese texto nuestra experiencia está muerta. Muerta por irreal, estática y finita.

¿Qué tiene que ver el ciclo menstrual en esto?

Es una cartilla, como las del parvulario, en la que podemos aprender a leernos. Leemos señales, interpretamos signos y aprendemos a escribir desde esas vocales y consonantes en las que el cuerpo-texto se dibuja cada semana, cada día.

No se me ocurre nada tan a la mano como la lectoescritura para meternos dentro de nuestros huesos. Se trata de un proceso por el que ya hemos pasado cuando tuvimos que educarnos en el falo-logocentrismo (término acuñado por H.Cixous y J.Derrida). Ahora sabemos que podemos atravesarlo y aprender a leer y a escribirnos porque ya lo hemos hecho una vez. ¿En serio? Hasta la fecha todo apunta a que sí. Aunque vamos a necesitar bases teóricas, cartillas, compañeras y la mano-mirada atenta de una seño que huela a café y mandarinas.

Al final tendremos un cuaderno de campo, un diario, un diario de un cuerpo (de tu cuerpo) desde donde saltar a nuestras entrañas sin complejos porque, por fin, tendremos la palabras para decir justo eso que antes se nos escapaba de entre los dedos.

En todo esto es en lo que estoy trabajando desde hace meses. Lo llamo coñoescritura. Con Diario de un cuerpo demostré que era posible. Ahora, vamos a por tu cuerpo, a por cada uno de los cuerpo- textos que somos.
Me estoy partiendo el coco-cuerpo estas semanas (de ahí que te escriba menos que antes) pero merece cada minuto invertido. El mundo se construye a través de los relatos. En estos relatos- mundo faltamos nosotras. Nos toca escribirnos.Y para ello vamos a empezar a leernos.

Mientras nos ponemos a ello,

¿qué es lo que más te gustaría escribir en tu cuerpo-texto?

 

Hoy vamos a escribirnos juntas.

Tienes una plaza en Soy1Soy4: La Comunidad para escribir este verano tu Diario de un cuerpo, juntas, mano a mano.

Quedan 5 plazas y menos de 24h.

¡VENTE A LAS NUEVAS SESIONES DE COÑOESCRITURA!

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Conocerte es vivirte. Vivirte es amarte. Amarte es ser libre.

 

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